Sobre Islam y Filosofía, su relación, como en cualquier otra materia, y ahora más que nunca, se recurre al desconocimiento y el prejuicio. Siempre se parte de la idea de que los sabios musulmanes se limitaron a transmitir la filosofía griega, sordos y ciegos a lo que tenían entre manos. Sin embargo, la civilización musulmana facilitó la lógica y la implantación de un método científico y experimental desconocido en la Europa medieval. La llegada de los textos árabes a ésta última permite delimitar dos épocas bien distintas, un antes y un después de este proceso. La difusión del pensamiento de Avicena y Averroes impulsaron un cambio significativo en la dirección de la filosofía occidental. La ardua tarea de los copistas cristianos permitió su difusión. De este modo, en Europa empezaron a sentarse las bases de la filosofía moderna y una nueva visión científica del universo. ¿De dónde surgió la filosofía árabe? Sencillamente de la necesidad de la interpretación del libro sagrado, cuyas enseñanzas e imágenes había que comprender. ¿Qué camino recorrió? En realidad el mismo que se venía haciendo en el Imperio Romano con los textos cristianos y judíos: recurriendo a la filosofía griega. Y ahí, de nuevo, topamos con Platón primero, y con Aristóteles después, que es el que para occidente había perdido todo atractivo, y que con los musulmanes recuperaría. La filosofía árabe, intentó explicar el Corán desde fuera del pensamiento islámico, es decir, sin la religión, desde otros caminos y medios. De ahí surgiría el conflicto entre la verdad revelada y la científica, pero sin ruptura, pues la filosofía árabe se decantaba por la primera, sin apartarse definitivamente de la segunda. Una errónea interpretación de la obra del filosofo cordobés, permitió a los europeos quebrar el frágil equilibrio entre fe y razón.
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