Que me perdonen los católicos, o que me condenen, si digo que el recibimiento al Papa ha sido un acto trasnochado, por no decir rancio, más propio de un siglo XIX que del que nos toca. Ese ir y venir de políticos del régimen, el turnismo dinástico de la corrupción, con el despliegue de guardias reales a caballo, tambores y trompetas, parecen retrotraernos a aquellos daguerrotipos de los Alfonsos, XII y XIII, aunque, todo sea dicho, sin tanto espadón ni guerra en Marruecos. (Aprovecho para señalar que la catedral de la Almudena es fea, tanto como una tarta de merengue sobre un almohadón de bizcocho, por muy bueno que esté). Por fortuna, el pontífice, con ese andar de campesino que vuelve de la huerta o de ordeñar a las vacas, ha roto de algún modo el protocolo, y dado la imagen de San Pedro perdido por las calles de Roma, como si no supiese que en cualquier esquina puede retarle Simón El Mago, u otro volatinero de los que hoy se estilan a dar un salto mortal en nombre de Cristo. A este país, por un capricho del destino, una grieta en el espacio tiempo, tenía que acudir el papa Alejandro Borgia, que es el que corresponde a estas éticas que nos gobiernan, a figurar entre todos los figurones, repartir anillos y bendiciones, prometerles el cielo a cambio de un impuesto. Y que en vez de entrevistarse con la Isabel, aquella tan católica, como sucedió en el XV, lo hiciese con los que hoy reciben a su sucesor. Habría menos hipocresía y mejores negocios, para ellos, siempre para ellos.
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sábado, 6 de junio de 2026
viernes, 5 de junio de 2026
Purk, hombre de piedra
miércoles, 3 de junio de 2026
Experto en franquismo
Yo tenía un amigo que me decía siempre que el PSOE era experto en franquismo. Apreciación que, en mi opinión, bien pudiera tener dos acepciones. La primera es que de franquismo los sociatas sabían mucho. La segunda es que copiaban el modelo.
Ahora que vivimos tiempos en los que la conjuración judeomasónica está de nuevo presente, rememoro la apreciación de mi antaño conocido, y sospecho que se refería a la segunda, puesto que los masones son los liberales, y los judíos, pues eso.
Rubén Darío, Buda y el baile del torovenado
Tuve la suerte de trincar en un saldo un libro de Rubén Darío, que no es de poesía, (que no trago salvo el romancero), sino prosa, una reunión de artículos periodísticos, de aquellos de viajes que distraían a los lectores de prensa. En este volumen se reúnen varios de uno a España tras el desastre del 98, destinados a un público americano, argentino para más señas, preocupado por la deriva de la madre patria. España contemporánea, se llama. Es compendio de estampas singulares y atrevidas, acertadas, formadas con un lenguaje sugerente. Es un periplo a otro planeta, aunque conocido, no exento de ideas y juicios que ahora resultan tópicos, tal vez no entonces. Hay un ramillete de interesantes protagonistas de nuestra cultura, a los que dedica líneas y retrata con gruesos trazos. A Rubén lo conocí en el colegio por La marcha triunfal, pero no le cogí el paso. Sin embargo, de su bohemia en París y Madrid, le pillé la compostura y danza que produce el ajenjo, o era un torovenado que traía de su tierra. Darío tenía algo de Buda, en la postura y las formas. En las reuniones parecía dormir, pero escuchaba, al menos la última frase del orador, y remataba con un cumplido. Temo que Gómez Carrillo no lo mirase con cariño, sino como competidor. Ambos envejecen mal, pero a Darío le salva la poesía.
lunes, 1 de junio de 2026
El que con la porra escribía renglones torcidos
Empujones como el de la profe de Valencia sólo los había visto en los pasillos, escaleras o aulas, unas veces por accidente y otras por venganza, o hacer la gracia, que también los hay. De piedra me ha dejado el gorila de la porra. ¿Practica el rugby o es que salen así de cafres de la academia? En fin. Confío en que mis discípulos, aquellos que se decidieron por la seguridad de todos, no pierdan los papeles con tanta facilidad y recuerden mi paciencia cuando sostenía la pizarra con una tiza.
domingo, 31 de mayo de 2026
El imparable auto
De mi bisabuelo, por parte de madre, se cuenta en la familia que, tentado por los avances de la mecánica, mucho antes de la guerra, se compró un auto y lo llevó desde la fábrica hasta su casa, y no dejó de recorrer las eras, para solaz y distraimiento de la chiquillería, hasta que se le acabó la gasolina, porque ignoraba el modo de pararlo. Tiempo tuvo después de aprenderlo; y terminó de chofer.
Umbral, María Luisa Seco y un Vito Quiles en la Feria del Libro de Madrid del 79
martes, 26 de mayo de 2026
El coche de la familia Monster
Es en eso de la interpretación de los sueños cuando uno debe echar mano de Artemidoro de Daldis u otro de los antiguos que se ocupaban de eso, porque hay, hay algunos, que no se entiende qué pretenden contarnos del futuro, o si es aviso, o meramente sin sentido para tenernos distraídos el resto del día. Así, anoche soñé que mi mujer compraba un coche, que quería uno más grande, y fuimos al concesionario por él, y nos lo dieron por piezas para montarlo, como si fuese el armario de un IKEA. Así que lo armamos entre toda la familia, y el coche resultó ser uno de muertos, para dos, y con un remolque para otro. Todo él de madera de caoba, bien pulida y barnizada. Es bonito, dijo mi padre, que por allí andaba. Mi preocupación era dónde aparcarlo. Y me he despertado azorado y todavía temo que me lo traigan los de Amazon a la puerta y nos tomen por la familia Monster.
sábado, 23 de mayo de 2026
La de Madalorian y Grogu
La de Madalorian y Grogu me ha gustado porque, además de saberme a poco, me ha recordado a aquellas producciones italianas de gladiadores y monstruos de la Odisea, con esa fantasía de tebeo que era el cine barato de los niños, y dio alas a los de mi quinta a volar alto, a Galaxias muy, muy lejanas. En esta, el prota ha dejado a un lado el asunto del credo y se ha mostrado más pistolero, cazarrecompensas, un Boba Fett redimido, por lo que nos ha descolocado un poco, pero sin defraudarnos. Por otra parte, con ella me he enterado de que el juego de mesa de Chewy en el Milennium Falcon no era sino un versión de consolación de otro a lo grande que gestionaban los Scorsese, esa familia de mafiosos que antaño fue brazo armado del Imperio Galáctico y ahora se esconde de la Nueva República en turbios tejemanejes. Luego están los sobrinos de Jabba el Hutt, (que me ha sido imposible separar de los Javis, tal vez por el bombardeo de la tele en estas fechas), malos y rastreros como babosas, ha sido una pena no verlos en los intestinos de Grogu, que en ningún momento ha perdido el hambre. Me ha faltado, eso sí, la colega que arreglaba todas las naves, Peli Motto, uno de los personajes más divertidos de toda la saga.