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sábado, 4 de abril de 2026

Películas de Semana Santa

No acabo de comprender el afán en estas fechas por flagelarnos desde la pequeña pantalla con filmes del pasado siglo, de asunto bíblico. Son películas vistas hasta la saciedad. Teatrales, pintorescas, donde abunda el cartón piedra. Y propagandistas, todo ese cuento de la tierra prometida y profetas visionarios. Alguno dirá que es un complemento al ambiente religioso que reina, cosa que dudo. Creo que se trata de rellenar la programación insulsa que caracteriza a las diferentes cadenas, porque sus figuras han huido a otras latitudes, están de vacaciones. Incluso los más capillitas cambian a retransmisiones en directo, de la cofradía de turno, mientras Moisés proclama sus mandamientos a multitudes imaginarias. (Esta queja también se hace desde el desierto).


viernes, 3 de abril de 2026

Por el rabo, la lagartija escapa

Se asoman las lagartijas al sol, con desvergüenza, en los lugares más arriesgados, donde pueden ser vistas y provocar el deseo de atraparlas; Alargan el cuello y permanecen estáticas, sobre una piedra o al muñón de lo que fue un ladrillo, aunque atentas al menor disturbio de la paz que con soberbia roban a la luz, prestas a la huida, si surge un intruso que altere su comunión con el astro. Se asan en silencio y con placer, sin duda, compitiendo con la tierra, que aspira a ser desierto o sueña, toda ella, con volver a ser bola de fuego.

Ya no tengo edad para cazar lagartijas, y el hacerlo en otro tiempo, por la experiencia, me convenció de que no era conveniente, sino mejor verlas escapar en veloces, pero cortas carreras de zigzag. La lagartija es blanda, como el pescado, pese a su color pardo o verdoso, que induce a creer que es de bronce; y de plata si la volteas. Para aquellos que son bisoños cazadores, regala su cola, y escapa con el resto, que es su vida. Se agita unos minutos, retorciéndose como la víbora que atrapa a alguna presa, en su caso tu atención, hasta quedar inerte como la camiseta de aquella, igual que un calcetín sin compañero ni pie.

Los niños son crueles con las lagartijas. En general con cualquier bicho viviente. Sin maldad, movidos por una curiosidad morbosa, indagan en los misterios de la naturaleza con el sacrificio de criaturas inocentes. Otras veces es la torpeza la que impide manejar con delicadeza lo que es frágil.

Prefiero, en la madurez, acecharlas en la distancia y confiar con satisfacción que se den un festín de cucarachas. 


lunes, 30 de marzo de 2026

Aburridos juegos de niñas

Ya fuese por curiosidad o aburrimiento, probar cosas nuevas o ganarse una amiga, lo cierto es que en ocasiones participábamos en los juegos de las niñas. Aunque había algunos mixtos como el pillar o el escondite, para el resto de las actividades de esparcimiento había una línea imaginaria que separaba dos mundos muy distintos. De cuando en cuando, como queda dicho, esa frontera se traspasaba, y nos veíamos saltando a la comba con algo de torpeza, sobre todo cuando cobraba velocidad, o eran dos las cuerdas que había que salvar mientras giraban al unísono, en plan video juego, con riesgo de llevarte un azote o perder unos pelos del cogote. También estaba la goma, que las niñas, formando un campo con ellas, iban subiendo desde los talones hasta la cintura, y había que salvar con hábiles giros de patada lateral con ida y vuelta, hasta volverse solo apto para las más altas o zancudas. También pintaban unos cuadrados en el suelo, hasta formar una cruz, con una tiza blanca o varias de colores, en la que depositaban un pedazo de teja, ladrillo o una piedra, blanca o negra; y a pata coja la dirigían de punta a punta, saltando de casilla en casilla, abriendo las piernas en el crucero, con riesgo de espatarrarse, para volver a juntarlas en el siguiente, que hacía de remate. Muchos de estos juegos iban acompañados de canciones, que por desgracia no recuerdo, de argumentos muy evocadores, e incluso trágicos. Pero lo más divertido era ir a molestar a las mayores, que zanjaban pronto la distracción con un sopapo o algún tirón de pelos. Algunas tipejas de aquellas eran auténticas matonas. El caso es que, en pocos años, dejaron de parecer grandes.

domingo, 29 de marzo de 2026

El nombre de un hermano muerto

Nacieron dos hermanos gemelos y el segundo no era esperado, porque antaño no se hacían ecografías, que hablamos de los años inmediatos al fin de la guerra. Tenían pensado el nombre los padres en homenaje al abuelo o la abuela, y así, como fue chico le pusieron Torcuato, que fue muy celebrado por tíos, tías, primos y primas más o menos lejanos. El problema vino con el otro, que venía asido al tobillo del hermano, y no tenían nombre que ponerle. Total, que le pusieron el de Roque, por ser el día del santo del mismo. Pero he aquí que, cosas del destino, en pocos días murió Torcuato. Como no era cuestión de darle un disgusto al abuelo y el resto de la familia, callaron los progenitores, y dieron el cambiazo. A Roque le pusieron el nombre del hermano y a Torcuato el del anterior. De este modo se enterró a Torcuato como si fuese Roque, y a Roque lo convirtieron en Torcuato. La solución quizás fue la correcta, porque de antiguo se tenía por más viejo al que salía después del útero, por haber llegado allí primero. Por lo que de este modo se arregló el disloque, sin que Torcuato supiese que una vez fue Roque.


Una bestia llamada Santiago Segura

Hay una campaña de demonización de Segura en marcha. El jevi de El día de la Bestia se va confundiendo con el maligno. No es nuevo, viene de antiguo. Hay bromas que no se perdonan. Ahora la condena crece como el fuego de la hoguera. El demonio está en todas partes y la izquierda perdió el sentido del humor hace mucho tiempo, justo cuando creyó que estaba en el parlamento para salvarnos. Nos quemaremos contigo, Santi. Haznos sitio en el infierno.

sábado, 28 de marzo de 2026

El Guernica según Picasso

El de Picasso, Guernica, es un cuadro muy grande aparcado en el Reina Sofía. Lo trajeron los de la UCD desde el de New York, que debía andar parco de espacio, gracias a la labor del ministro Íñigo Cavero, que tenía cara de Porky. Se instaló en el Casón del Retiro, tras un cristal blindado y bajo los frescos de Lucas Jordán, muy retirado de los ojos del público. En la actualidad donde queda dicho, en una sala muy estrecha y alargada, acompañado de las caricaturas de Franco y la obra de pintores de cuando la República, alguno de ellos falangista y de La Barraca. Ahora llevan unos años los vascos dando la lata, para que se lo cedan como otra competencia cualquiera e instalarlo en el Guggenheim. Picasso paró poco por vascongadas, y el cuadro era de encargo. Sospecho que uno que tenía de una corrida lo dio por Guernica, y después siguió a lo suyo. Yo, por pedir, que lo enrollen de nuevo y lo envíen a Málaga, para adornar la plaza de toros. Como cartelón, promete.


martes, 24 de marzo de 2026

El premio Dedal y las mujeres de negro

El premio Dedal es el nombre que los de la revista satírica La Codorniz dieron al premio Nadal, porque siempre lo ganaba alguna fémina, lo cual no era del todo cierto. Aunque sí numerosas en los 50, y que también lo inauguro Laforet en el 44. En la inmediata y dura posguerra proliferaron las escritoras. Umbral las definió, tirando de Josefina Aldecoa, como mujeres de negro: "las mujeres de negro, negro en el alma, negro de guerra y posguerra rompieron a hacer literatura en España, lo que no habían hecho nunca, salvo las conocidas excepciones. La guerra, en algún sentido, las había liberado".

domingo, 22 de marzo de 2026

Sinclair Lewis y los lagartos de V

La serie de V que amenizó las tardes a toda una generación de adolescentes en los 80, con sus lagartos comiendo ratas y partos sobrecogedores, (y la invasión de Córdoba), se inspiraba en una novela de Sinclair Lewis, un premiado escritor norteamericano de los años 30 que tuvo la oportunidad de hacerse con el Nobel. La obra en cuestión se titula "Eso no puede pasar aquí" y trata de la llegada al poder de un senador xenófobo y populista. La historia en cuestión planteaba la posibilidad de que en EEUU sucediese lo que aconteció en Italia y Alemania antes de la II Guerra Mundial. Que yo sepa esta novela no se publicó en España, aunque sí otras del mismo autor. Se puede descargar de la red, supongo que una traducción mejicana. Está de rabiosa actualidad. Confío en que pronto la tengamos en papel.


El Barón y los de la unificación comunista

Debió de ser en mayo de 1982, durante la feria de Córdoba, en los jardines de agricultura, que era donde se celebraba ésta, a espaldas del monumento al pintor Julio Romero, cuando dio un concierto el grupo Barón Rojo, heavy a la española. No sé cómo pudieron meter el escenario entre los árboles que allí se alzan, ni cómo delimitaron aquello para evitar que nadie se colase. Es lo de menos. El asunto está en que no falté a la cita, aunque estuve a punto de perdérmelo. Un inesperado casi lo lleva todo al traste. El nudo se hizo y deshizo del siguiente modo. Íbamos un grupo de seguidores del Barón por la calle Gondomar y a la altura de san Nicolás se habían apostado tras una una mesa los de Unificación Comunista de España, u otros de esta guisa. Movidos por la curiosidad nos pusimos a manosear sus panfletos y en estas que uno de aquellos con mucha labia casi me convence para comprar su revista. Como yo, ni entonces ni ahora, sé decir que no a las ofertas de fancinerosos advertí que me iba a quedar sin concierto. Confesé al fenicio que si compraba la publicación me faltaba para la entrada, pero el otro me insistía con que a Barón podría escucharlo en otra ocasión y la revolución no podía esperar. Y yo dudaba. Por fortuna, mi amigo Fermín, que era un repetidor con experiencia, vino en mi ayuda y le dijo al otro que ya volveríamos más tarde. Gracias a su intervención, no falté a la fiesta. De la que por cierto salí sordo, por lo cerca que nos pusimos de los bafles. Lo más curioso de la noche es que los fachillas de la clase se subieron a aquellos, y desde allí dieron más caña que todos los que nos reuníamos en la improvisada platea. Desde aquel concierto no puedo disociar a los melenudos de los de Fuerza Nueva. Cosas de la vida, siempre tan contradictoria.

sábado, 21 de marzo de 2026

El Torrente menos gracioso

La última de Torrente me ha dejado un sabor agridulce. Aunque he de reconocer que me he reído mucho con la escena gore del pequeño Nico, el resto me ha sabido a chistes repetitivos. Probablemente sea la película más seria de la saga. La de Santiago hace recapacitar sobre el modo en que una democracia se va precipitando al abismo. Ya en la presentación, esos dibujos animados que retrotraen al un, dos, tres, y esa cancioncilla que animó las primeras elecciones, producen una sensación de nostalgia nada esperanzadora, que invita a reflexionar sobre lo mucho que costó conseguir la libertad y lo pronto que todo aquel esfuerzo se ha trivializado. Es posible que, al desaparecer progresivamente sus protagonistas, el proceso democrático haya perdido su importancia para las nuevas generaciones. El tiempo se encarga de convertirlo todo en polvo. (Es verdad que los políticos también ayudan, cuando no hay interés en evitarlo). Mucha gente se retrotrae al fallido golpe de Estado que estuvo a punto de abortar los cambios, y habla sin fundamento de maniobras y conspiraciones, que todo fue un teatro. Yo prefiero recordar el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha, para no olvidar que hay hechos que deben ser considerados incontestables cuando la libertad estaba, o está, en juego.