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viernes, 16 de octubre de 2026
La muerte no es para tanto
jueves, 15 de octubre de 2026
La ratio y otros actores
Tras una vida en la enseñanza no dejo de darle vuelta a lo de la ratio, el número de alumnos/as en las aulas. No he tenido nunca grupos muy numerosos, pero incluso con muy pocos, en ocasiones, las clases han sido un infierno. En mi etapa de estudiante, la de la EGB, (que ya queda lejos), ya fuese en colegio público o privado, (que pasé por ambos), las aulas llegaban a contener 45 o 43 alumnos; y digo alumnos porque no eran grupos mixtos. Siempre me he preguntado como mis precursores daban clase y mantenían el orden. La segunda preguntan es sencilla, a base de palos y porque no había mucho sitio para moverse. Las bancadas tenían un pasillo central o ninguno, todos en piña; era muy difícil removerse. En lo que se refiere a atender, atendíamos, porque maestros y profesores, tenían la ventaja de que, como no existían pantallas, las pizarras tenían su magia y además, que la mayoría de ellos eran grandes personajes, muy teatrales en sus formas e indumentarias. También muy humanos en sus arrebatos de cólera y episodios distendidos. Creo que ahí estaba el éxito de su programa, y sus representaciones fueron las mejores. Fueron mis grandes maestros y yo el peor de sus discípulos.
martes, 13 de octubre de 2026
Los mejores sabores están en el recuerdo
Mi abuelo se levantaba y encendía la catalítica, que era una estufa de butano que circulaba por toda la casa. Ponía dos rebanadas de pan sobre la rejilla protectora. Y cuando estaban tostadas, restregaba un ajo sobre cada una y las regaba de aceite. Eran de sabor amargo, pero para paladear todo el día. Esos desayunos ya sólo se comen en el recuerdo.
domingo, 11 de octubre de 2026
El sol de la infancia
Sentado en el escalón que daba al patio, miraba a los caracoles que mi tía Pepa ponía a mi lado, para entretenerme. Los tomaba prestados del arriate próximo, escondidos bajo los hierbajos y la tierra húmeda. Los acomodaba entre mis pies. Al sol se calentaba su concha y poco a poco se aventuraban a salir, desperezando sus cuernos. Eran como un moco con antenas, que iniciaban la mudanza de su casa lejos de la solana. Así me tiraba los minutos, cuando parecían horas, viéndolos descender por las contrahuellas, dejando un sendero de gelatina brillante hasta donde alcanzaba la sombra. De fondo chistaba la olla, haciendo bailar el pito, que era la válvula. En el momento apropiado, mi tía también la acomodaba sobre el escalón, ya libre de caracoles, y la olla respiraba como ballena. Yo confundía el sonido con el de la sirena de la fábrica. Y ya sabía que mi tío no tardaría en aparecer, para fabricar quimeras en el aire con el humo del cigarrillo.
viernes, 9 de octubre de 2026
Maricarmen, mártir y santa
Maricarmen se ha ganado el derecho a ser la patrona de los desahuciados, y por extensión, también de inquilinos e hipotecados. Hemos asistido en directo y al detalle a su pasión y muerte. Luego el vía crucis. Multitudes a la luz de pantallas LCD u OLED peregrinan en silencio hasta su casa; (más pronto que tarde hasta el hospital donde falleció o su tumba). Se evocan sus palabras y hechos, lo muy buena que era. Proliferan imágenes de la mártir, se improvisan altares, se depositan velas y jaculatorias, agradecimientos, cánticos. Lo que tenemos delante es una expresión y materialización de la religiosidad popular, que ya parecía algo imposible en los tiempos que corren de IA y robots que juegan al pingpong. Su poder e influjo es el mismo de los mártires cristianos, que movilizaban masas en el crepúsculo del Imperio Romano. Circunstancia que nos parecía leyenda digna de mofa a juicio de Voltarie. Pues ahí está de nuevo. Maricarmen va a hacer el gran milagro de la vivienda. Pronto veremos llaveros con la efigie de Maricarmen, o calendarios con su retrato colgados en la cocina, o tazas. Habrá quien incluso juegue el número de Maricarmen esta Navidad o a los ciegos. He visto una foto de Maricarmen con una cruz al cuello, si el Papa no corre le roban la santa. Los nuevos evangelistas, esos de la TV y el tiktok, ya se frotan las manos con el negocio que se avecina. De entrada, una biografía, con fotos y entrevistas, anécdotas, testimonios, su mensaje. Después camisetas, gorras, muñequeras. Romerías. Maricarmen nunca abandonará su piso del Retiro, porque estará maldito, y será adecuado para casa-museo. Veremos su estatua en la calle, por suscripción popular, rodeada de cirios y claveles. Decía Epicuro: “nada en exceso”, pero a Epicuro ya lo denostaron los cristianos hace muchos siglos y este país no ha dejado de ser, en el fondo, muy católico, pese a los disfraces. Hay trabajo para los antropólogos.
jueves, 8 de octubre de 2026
Berta Singerman recitó poemas de Lorca en el Madrid del 51
En diciembre de 1951, la celebrada actriz argentina de origen ruso, Berta Singerman, ofreció en el teatro Calderón de Madrid una serie de recitales poéticos. En el repertorio, poemas de los hermanos Machado y Federico García Lorca, entre otros.
El don Juan de Torrente
Don Juan es esa de Torrente Ballester, gallego y falangista en su juventud, por supervivencia, cuentan sus biógrafos más incondicionales y lavanderos, que lo condenan a la novela social y llevaron a la tele, para obtener su perdón. Torrente fascina por su misterio y colaboración del Demonio, siempre presente, como Cojuelo u otro, que sale de una botella o lámpara, en sus escritos. Torrente es un Fausto que hace tratos con el Maligno mediante el uso del magnetofón, que graba ruidos misteriosos y él gustaba de escuchar después. Don Juan es el Demonio, viene a decirnos. La novela engancha, porque resulta chocante y provocadora. Hay mucho sexo, pero sugerido, de pornografía teológica o pajas mentales, no apto para teólogos e inquisidores. Don Juan fue un experimento fallido, que no gustó ni al público ni a los censores. El Diablo que gustó fue el de El rey pasmado, y más la película que el libro, por los los grandes actores que allí gesticulaban, que no por la enjundia del relato original. Hoy, de la mano de mi tocayo visito estos días los infiernos más profundos, de horizontes yermos y sombríos, como hiciera Dante con Virgilio, pero sin adoctrinamiento. Quizás el paraíso sea en realidad un desierto a la luz del crepúsculo que nunca se acaba, pero apetece recorrer. Es posible que conocer los senderos más estériles no nos haga más humanos, sino más libres, apartados de la plaza del mercado, donde reinan los cambistas y vendedores de promesas de latón.
miércoles, 7 de octubre de 2026
No hubo circuncisión del Profeta, que se sepa
No existe prueba alguna de que Mahoma estuviese circuncidado. Ni tampoco que recurrir a esta práctica sea preceptivo, pues no se menciona en sura alguna del Corán. Sino, por tanto, costumbre más antigua y ajena al mensaje del Profeta.
El PSOE es dinástico
Casi 30 años ha gobernado España el PSOE, sin sumar aquellos en autonomías, diputaciones y ayuntamientos. En decir, 30 años dentro de la legalidad constitucional de esa denostada monarquía parlamentaria que lo acoge y de la que participa. Debería ser definido como partido dinástico más que progresista, pese a su discurso. Si el sistema cae, con él lo harán los partidos que lo sustentaron durante 50 años de reparto de poder. Un cambio de sistema no podría estar protagonizado por los mismos agentes del anterior, estos, si aspiran a perpetuarse en las nuevas instituciones, tendrían que reinventarse. Cosa que, como ya sabemos, no es impropio de los políticos, sino lo habitual. Pero el proceso estaría inmerso en importantes ajustes y cesiones de privilegios, en beneficio de los nuevos protagonistas. Por eso es más que imposible que se mate a la gallina de los huevos de oro, diga lo que diga Aznar, a menos que ya se cuente con suficiente capital en el extranjero para hacerlo con holgura o que surja una alternativa realmente revolucionaria que desmantele todo el tinglado.
martes, 6 de octubre de 2026
Sin sombrero y otras leyendas
- ¿Qué sabes de Margarita? Me dijo Maruja que estaría en clase y no la veo.
- No te molestes en buscarla. Está posando para don Julio, ese putrefacto andaluz amante de las gitanas, las naranjas y los galgos.
Federico se mordió la lengua. Al amigo se lo perdonaba todo. Con disimulo guardó un sobre rodeado de una cinta violeta en el bolsillo de la chaqueta. Era una carta con unos versos.
Inesperadamente, Salvador dio un brochazo bermellón al enorme lienzo tras el que se escondía, emborronando el bosquejo de una Venus de Milo qué había mutilado de orejas. Después se recreó en repartir la pintura como si machacase algo con un almirez. El pincel quedó desmochado. Lo miró con atención y se lo arrojó al modelo, un viejo desvencijado que se apoyaba en la diosa de yeso adoptando una pose clásica, de dios Marte sumido en pensamiento de la infinitud. Recibió la lanzada sin esperarla y le quedó señalada una fea herida de pintura en el rostro
- Señor Salvador, haga el favor de abandonar el aula – rugió el profesor, surgido de la nada ante el inexplicable asalto.
El anciano Ares, sin inmutarse, hizo un gesto obsceno irguiendo el dedo corazón.
El joven lo ignoró. Se desembarazó del guardapolvo mugriento con el que se cubría y lo colgó en el caballete.
- Vámonos – murmuró a Federico -. Con suerte no tengo que volver hasta septiembre.
Salieron. Sus pisadas resonaron por la galería que daba al patio y bajo las bóvedas de la escalinata de acceso. Al fondo se oían voces de protesta. Abandonaron la academia y asomaron a la animada calle de Alcalá al tiempo que se ajustaban los sombreros.
En la misma puerta tropezaron con Ruano, y este y Salvador se contemplaron como en un espejo. Pero Federico ya tiraba de su amigo.
- Adiós, César. Salude a sus Mata-Haris que meriendan bocadillos de chorizo – escupió.
- Usted, Federico, solo conoce marineros que meriendan nardos – respondió el aludido.
En poco más quedaron las imprecaciones y los unos se separaron del otro.
- Madrid me asfixia, Federico. Es una ciudad llena de moscas – dijo y señalaba a los vagabundos y pedigüeños, bohemios y sablistas, de la Puerta del Sol -. Es necesario acomodar en esta plaza el cadáver de san Narciso, para que purifique el aire.
No muy lejos acudía Maruja, bajo un sombrero adornado de algas secas. No se evitaron, sino que fueron a encontrase.
- ¿Dónde vas Marujita, mujer, mitad ángel, mitad marisco?
- Vengo. De una de las verbenas de las que abundan en Madrid, en esos barrios cochambrosos que huelen a tenerías y churros. Me he subido a una avioneta de cartón y no he parado de hacer dibujos de todo lo que he visto, cabezudos, marineros, guardias y algún bigote como el de Quevedo. ¿Y vosotros?
- Expulsado. Expulsado al fin de esa caverna platónica que es la de San Fernando. Y he raptado a Federico como Zeus Olímpico a Ganímedes, del canto maldito de las sirenas.
- Yo solo buscaba a Margarita – balbuceó Federico, parco frente a lo expansivo de su melenudo compañero.
- Pues ahí la tienes, libre al fin del cruel Pigmalión que la retrata – señaló la Mallo.
La joven aludida se aproximaba a ellos, con una expresión de alivio y pisada firme. Vestía un pantalón de cazador y un sobrerito con pluma de faisán.
Federico llevó su mano al bolsillo, para tentar la carta destinada a la amada, comprobando que no la había perdido. Y mientras jugaba con el lazo violeta que la rodeaba, contemplaba a Margarita con cara de bobo, sumido en la zozobra de todo enamorado ante su objeto de deseo.
- ¿Qué escándalo has organizado esta vez? No sé si regañarte o darte las gracias. Don Julio ha interrumpido la sesión, alertado por el bedel. ¡Qué voces! Resonaban por todo el pasillo. Me ha despedido con urgencia. Me temo que no terminarás la carrera – denunció la joven al pintor.
- Mi carrera empieza ahora – exclamó Salvador, gesticulando como muñeco articulado de madera y cuerda.
Caminaron como una piña hasta la boca de metro de Sol. Algunos fulanos señalaban a Margarita, por su indumentaria y gritaban “ajo”, con aire despectivo.
- Cuanto cateto y cernícalo hay en esta villa – protestó Salvador, fulminando con la mirada a los agresores.
- ¡Ajo! ¡Ajo! – multiplicaban las bocas que acusaban a la travestida y compañía.
Federico señaló la boca del metropolitano para evitar el linchamiento.
- Jamás huir – reclamó el pintor, y en un acto de rebeldía se quitó el sombrero e invitó a sus amigos a seguirle en la iniciativa. Ellas no se lo pensaron, desafiando a los viandantes.
Entonces comenzaron a lloverles piedras, por lo que decidieron seguir el consejo de Federico y refugiarse en las profundidades. Una vez a salvo en la oscuridad, en breve conciliábulo, discutieron si regresar a tomar la plaza o un metro. Salvador proponía volver al ruedo como el torero contestatario. Federico le disuadió porque no eran cojines lo que llovían, sino adoquines. Por una vez se impuso la razón y el joven contestatario claudicó.
Al reiniciar su periplo, esta vez por las estrechas galerías abovedadas, recorridas por negras y vidriadas líneas sobre blancos e higiénicos azulejos, Federico vio la oportunidad de entregar la carta a Margarita. Pero por más que buceó en el bolsillo, no halló el sobre. Un dolor se acumuló en su pecho. En el tumulto, con las carreras, debió haberse perdido.
En la plaza del Sol, un literato de los que ejercían la bohemia lo recogió del suelo, con la esperanza de encontrar billetes. Al descubrir que eran sólo unos versos, y después de leerlos con atención, corrió a venderlos como suyos, para una publicación donde aún le fiaban, para hacerse con unas ricas tostadas, su dieta de todos los días.
