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sábado, 25 de abril de 2026

El golpe de Homero

De Homero cuentan que era ciego y poeta, pero pocos hacen mención al día que tropezó y dejó la cara en un cipo funerario junto al atrio del gimnasio, donde los héroes se ejercitaban para la lucha. Perdió el sentido y así el metro, y por eso Ilíada y Odisea parecen obras de autor distinto, porque hubo un antes y un después de aquella castaña. Pero todo es espurio puesto que ahora se sabe que la que escribía era una hija suya, y lo inventaba todo, primero la Ilíada, después la Odisea y luego a su señor padre.


El Cristo musulmán

El musulmán es cristiano, de algún modo, porque, por ejemplo, para el judío Jesús era un embaucador y un agitador, pero el Corán lo hace profeta y no discute que su madre fuese virgen.


viernes, 24 de abril de 2026

La vida es sueño incluso despierto

Más que la vida, lo importante es la vida soñada, le oí yo decir una vez a Francisco Nieva, en una entrevista que le hicieron de esas para culturetas. Y después de escuchar, razonar y meditar ese aforismo, durante décadas, como la vaca que anda rumiando, tuve que darle la razón. Ahora saldrá algún listo con aquello de Calderón, el que no tiene nada que ver con el Atlético, ni cuando se llegaba a él cruzando el puente de Toledo, donde ponían los cacharritos de la feria del patrón, San Isidro. Pues sí, la vida es un sueño, un sueño que te vas creyendo poco a poco y terminas confundiendo con la realidad, que es otra perspectiva, pero nada más que eso. La vida es sueño, y la muerte una siesta muy larga.


miércoles, 22 de abril de 2026

No hay quien te libre del día del libro

Ningún libro se ha enterado de que mañana es su día. Pregunto a los que tengo por casa y ninguno contesta o se manifiesta al respecto. Ni si quiera la Biblia, la abra por donde la abra al azar. He pensado, en venganza por su silencio, organizarles una merendola en casa, con tarta y todo, para, con tal excusa, comérmela yo solito. A la larga todo libro se convierte en un ladrillo, algunos desde la primera página. Ahí se quedan a atrapar polvo, subidos a un estante y en compañía de las fotos de la comunión o la graduación. En la antigüedad, los libros tenían la gracia de la forma de un canuto, y te ahorraban el trabajo si querías hacerte un peta con alguna de sus páginas. Esto del día del libro es un invento para no librarte de comprar uno o regalar otros. Empieza a haber demasiados libros; sabemos por las cifras que muchos de los que se publican no se venden. Pero hay una tendencia, una insistencia, en dejar sin bosques el planeta. Algún poeta habrá que celebre los árboles de letra impresa, para sacarnos unos cuartos; yo empiezo a apostar por los que pierden las hojas en otoño y nos dan la alegría de nuevas en primavera, sin más ruido que el de los pájaros al cantar.


martes, 21 de abril de 2026

El Cristo de los judíos

Un soldado israelí la emprende con un Cristo de madera; una imagen como aquellas en blanco y negro de nuestra Guerra Civil, que protagonizaron los rojos, esa gente sin Dios ni patria. En otra época, tradicionalistas de todos los rincones se habrían lanzado a las calles exigiendo una reparación. El Estado no hubiese roto relaciones con Israel porque no lo reconocía, pero no evitaría denunciar la conjura judaica y hacer un acto de desagravio en la Plaza de Oriente, como mínimo. El caso es que hoy nadie levantará un dedo, por muy católico que sea, porque los intereses ideológicos son otros, que evitan lo religioso.


jueves, 16 de abril de 2026

El Sabina tie más gracia que el Almodóvar

En la polémica, o comedia, entre Sabina y Almodóvar, me pronuncio a favor del ubetense, por varias razones. Una sentimental, por ser el cantante del pueblo de mis padres y conocer sus andanzas de jabato. Otra, porque le gustan los libros, y los atesora, que, aunque me parece una vanidad, reconozco su encanto. Luego están sus canciones, que siempre gusto de escuchar y tarareo incluso en la ducha. Y por último, la más poderosa: que el manchego ha terminado cayéndome gordo, porque hace tiempo que perdió la gracia y su cine se ha vuelto un muermo.


miércoles, 15 de abril de 2026

Feria, libros y vanidades

Se acerca la feria y una avalancha de títulos. Las editoriales grandes y chicas preparan el tsunami con el que inundar los escaparates de las librerías y muros de las redes sociales. Se ha creado un mar de libros en el que la mayoría naufraga y con ellos los lectores, que no dan abasto. Por fastidiar pienso hacer una huelga de bolsillo y no comprar hasta que terminen en los montones de ocasión, que es donde reciben el precio que les corresponde, estén o no dedicados.


domingo, 12 de abril de 2026

Benjamín y las naves de Tarsis

Anda Benjamín cabreado porque en un pueblo de Málaga han descuartizado a petardazos un monigote con su estampa. Este hombre debe ignorar que en este país existen las fallas, en las que arden todos los políticos cada año, o peleles, cómo aquel de Sánchez que bailó a garrotazos. A este sujeto le alteran unos monigotes, pero no se inmuta cuando contempla desde su búnker como se vienen abajo edificios con familias dentro, porque sospecha que son terroristas. Lo terrible de este discurso es que el Rufián, con eso de unir a la izquierda, está empezando también a usarlo, y dice que el peligro no son los fachas sino los otros, es decir, el resto. Sospecho que el objetivo de todo gran dictador es el dominio del mundo, y que Benjamín habrá soñado con la conquista de Tarsis y hacer de Rota su embarcadero, ahora que los yanquis amenazan con irse. Cualquier día nos manda unos drones y recibe las bendiciones de su amigo Trampas.


sábado, 11 de abril de 2026

Libros y lectores

En esas de libros de ocasión pueden producirse situaciones de lo más singular. Tropezar con Gurruchaga, por ejemplo, y que te hable de Pirandello; pero no es el caso, ya que no estaba en la Galdós de Madrid. De la que me ocupo es esa en la que estuve la otra tarde, ayer, cambiando unos viejos libros de novela histórica por otros también viejos, pero más literarios. Repaso títulos y autores que ya nadie quiere.

Entra un cliente y saluda.

- ¿Qué tal? ¿Ha venido alguna joyita?

- Nada. Eso es el día. La coincidencia.

- Qué pena. Hay que ver la de cosas buenas que tenéis. El otro día mi novia se llevó de aquí cinco libros. Esa lee más que yo. Pues nada, me voy a la biblioteca de la universidad a echar la tarde – dice bien alto.

Un anciano armado de un andador con asiento y mochila, que había llenado de libros, se aproxima al mostrador.

- ¿No tendrá usted una bolsa? Que no puedo cerrarla – pide al dependiente. Y mientras éste gira sobre sus talones y se la busca, acude una madre y una hija con un taco de libros saltándose la vez.

- ¿Aquí compran libros?

El vendedor se vuelve a ellas hondeando una bolsa de basura con intención de encontrar su abertura.

- Damos una cantidad simbólica por aquellos que puedan tener algún interés.

- Pues aquí traigo estos que tenía la niña en su cuarto cogiendo polvo y ya no quería para nada.

Con la bolsa en una mano, el tasador va cogiendo con la otra el género, hace mohínes y confiesa.

- Ninguno interesa, salvo este de Sánchez Dragó – escupe por la boca, y es que el ladino sabía del aniversario de su óbito – Treinta céntimos es la costumbre.

- Buenos son -. Toman la calderilla y se largan. Dejan el taco.

El abuelo no quiere la bolsa.

- ¿No tiene algo más digno? – refunfuña.

Intento centrarme en la tarea que allí me había conducido, sigo el expurgo. Casi lo consigo. Pura ilusión. Me encontraba agazapado, repasando títulos de Toni Morrison, John Dos Pasos, Faulkner, (que ahora me ha dado por norteamericanos), y entró un señor muy angustiado, sin resuello y quejándose en voz alta del calor que hacía en la calle y el sofoco que sufría. Desde el umbral de la puerta empezó a anunciar su demanda, a grito pelado para sorpresa del dependiente y los allí repartidos, manoseando al paso pilas, estantes y anaqueles.

- Ha llamado mi mujer y ha estado hablando con usted – gritó, mientras avanzaba ligero cual correcaminos hasta abalanzarse sobre el mostrador.

- ¿Conmigo? – protestó con voz entrecortada el hortera –. Habrá sido con mi compañero.

- ¿Me va a dar otra bolsa? – insiste el anciano.

- Es igual. Venía por un libro viejo, que dice mi mujer que le han dicho que aquí son baratos.

- Pues sí. Este es el sitio más indicado. Dos euros el ejemplar sea cual sea su categoría. ¿Quiere alguno en particular?

Vuelve a hondear la bandera negra.

- Es igual, es para la niña. Un trabajo del colegio. Es para destrozarlo.

Yo tragué saliva. Por un momento temí por los que me quedaban por repasar. A ver cuál le va a dar, me dije, temiendo la desaparición de algún incunable.

- Bueno, no sé. ¿De alguna característica?

- Es lo mismo, es lo mismo. Si es para romperlo.

Advertí cierto titubeo por parte del vendedor, pero al final le dijo.

- Coja cualquiera de esos – espetó y debió señalarle algunos.

Tan rápido como tomó el primero de la pirámide, el sofocado pagó y salió por piernas. No tuve tiempo de conocer las señas del que se llevó al sacrificio.

Empujado por la curiosidad fui hasta el cancerbero.

- ¿Qué libro se ha llevado?

- No sé, no me he fijado – dice sin pensar, pero cuando abre por fin la bolsa, salta – el Dragó, se ha llevado el Dragó -. Y se golpea la frente.

El viejo, da una patada a la mochila y la vacía de libros.

- Ya está bien. Yo estaba antes. Un poco de respeto.

- No se ponga así, hombre. Tenga usted la bolsa.

La atrapa de un puñado, la hace una bola y se la lanza a la cara al dependiente.

- Y una mierda. Se va usted a la mierda.

Toma su andador y se marcha pasito a pasito hasta la puerta.

Curioseo el desastre, ante el desconcierto del vendedor, localizo un Mujica, El unicornio.

Pago y huyo.

miércoles, 8 de abril de 2026

Incluso el Apocalipsis resulta cómico

Se me olvido ayer que se acababa el mundo hoy y ni siquiera me desperté pensando en ello. Al amanecer mis preocupaciones seguían siendo otras, minúsculas en comparación, pero de las que se materializan a diario. Sin embargo, una vez que me hice consciente del órdago y reflexioné, pensé en lo fantástico de dejar atrás definitivamente todas aquellas complicaciones que en ocasiones quitan en sueño. Esta existencia cada vez resulta más cómica.