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martes, 3 de febrero de 2026

El mito de las Misiones Pedagógicas

Las celebradas y mitificadas Misiones Pedagógicas fueron iniciativa de los republicanos liberales, partidarios de la redención del pueblo por la educación y la cultura, y no gozaron en su momento de la simpatía ni del reconocimiento de los partidos obreros. Para los comunistas, por ejemplo, las misiones eran “caridad burguesa”. Por eso, una vez que se inició la guerra y el comunismo cobró protagonismo, la figura del “misionero” fue sustituida por el “miliciano” cultural, dando protagonismo al trabajador, invitándole a manifestar su idiosincrasia o expresión popular. Sin embargo, era imposible desarrollar una nueva cultura desde cero y la realidad impuso la necesidad de aceptar las iniciativas anteriores, recuperando a aquellos intelectuales reformistas de la clase privilegiada o burguesa que la habían representado. Por el contrario, los anarquistas rechazaron esa política, argumentado que los “sabios”, aquellos “trabajadores de la cultura”, como los definió el comunismo, no pasaban a convertirse automáticamente en partidarios de la revolución por su erudición, y criticaban con dureza que muchos hubiesen sido evacuados de Madrid sin tener en cuenta su condición política e ideológica. (Que cada cual deduzca el ambiente de armonía que reinaba en el bando republicano). Como remate a este cuento conviene señalar que misiones pedagógicas se siguieron llevando a cabo durante el franquismo, de manos de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS. Grupos de autobuses y camiones recorrían la geografía española llevando educación a las zonas más deprimidas, (hay videos del NODO). Incluso el régimen que dinamitó la República se apropió de esa herramienta, probablemente porque muchos de los falangistas originales habían participado en aquellas.



lunes, 2 de febrero de 2026

Lubén el de inglés

Lubén Fernández era un profesor singular, por su estampa. Impartía inglés en el instituto. Vivía en el Figueroa, a pocos metros de la puerta de aquél. Era fácil distinguirlo por su aspecto, más adecuado a los 60 que a los 80, que era cuando tuve ocasión de conocerlo. Vestía pantalón corto, sandalias y camisas floreadas; no importaba la estación. Usaba unas gafas como las de Lennon. Estaba muy delgado, (tal vez practicase yoga), tenía una barba muy poblada, negra y rizada. El pelo se lo recogía en una coleta. Se le veía por el barrio tirando de un carrito de la compra. No era extraño que se detuviese a intercambiar unas palabras con el alumnado que encontraba a su paso, siempre muy sonriente, gesticulando, es posible que consciente de que las miradas se posaban en él, por su imagen. Ningún otro profesor rivalizaba con su popularidad. En sus clases se debatía mucho, siempre en ingles, como era menester, mejor o peor, pero bastaba para entenderse, siempre sobre temas que nos interesaban. Por eso era muy celebrado. El año que nos conocimos fue como consecuencia del periódico del instituto. Un grupo de alumnos nos reunimos para llevar adelante tan ardua tarea, y él se sumó a la iniciativa, no para dirigirnos sino para participar. Le hicimos una caricatura y el tío se partía de risa. Las reuniones eran muy divertidas e intensas, siempre nos animaba a la huelga por alguna causa que consideraba fundamental, y se nos hacía la boca agua, ya nos imaginábamos unos perseguidos por el sistema. Los del periódico, (unas fotocopias grapadas), éramos dados a rascar y poner el dedo en la llaga, como buena mosca cojonera. Los pocos números que salieron a la luz siempre estuvieron rodeados de alguna polémica, de esas de adolescentes, alumnos contra profesores, por normas o exámenes, dimes y diretes. Un día se presentó la directora a la reunión, que era en los recreos, y le cantó las cuarenta a Lubén, haciéndolo responsable de nuestras opiniones. El hombre se defendió como pudo, el caso es que realmente pintaba poco en nuestras decisiones, pero para la directiva no era así. Poco tiempo después nos comunicó que dejaba el periódico, porque no quería enfrentarse a sus compañeros. Aquella decisión nos dejó muy descolocados, porque siempre lo tuvimos en un pedestal. Empezamos a mirarlo de otra manera y ya no le hablábamos como a un colega. Entonces, a algunos de nosotros, los dibujantes, nos ofreció participar en otro fanzine que él sacaba, que se llamaba Friendship, artículos en inglés con ilustraciones. No tenía nada que ver con el instituto. El caso es que empezamos a colaborar en el proyecto, pero aquello no tenía la misma vidilla que el nuestro, además nos pedía demasiados dibujos para sus artículos que, todo hay que decirlo, no nos interesaban, nos sonaban a cosas muy lejanas. Al final se convirtió en un engorro. Empezamos a hacerle dibujos de cualquier manera, o a evitarlo. El aura que para nosotros había tenido, se fue disipando lentamente. Con el fin del curso se perdió la relación y al siguiente definitivamente. Por razones que desconozco, el amigo Lubén tuvo problemas personales, y es posible que sufriera alguna depresión. Pocas noticias tuve ya de su devenir. Sin embargo, es difícil olvidar su figura, los primeros días de conocerlo, que tantas cosas parecía ir a enseñarnos, incluso a cambiar el mundo.

domingo, 1 de febrero de 2026

El demonio está en todas partes

Raro era el domingo que en la catequesis, (aquella que se celebraba antes de la misa en tiempos del tardofranquismo), el cura no se refiriera a la presencia del diablo, que, según él, estaba en todas partes. Su afirmación iba en la línea de aquello que te decía tu abuela con los ojos muy abiertos y una voz cavernosa cuando te salías del plato: "te está tentando el demonio". Y yo me giraba a ver si lo tenía a la espalda, apoyando su mano en mi hombro, y como no lo veía respondía que no y persistía en mi delito, que era prolongar unos minutos el juego en la calle. Pues este cura párroco al que me refería al principio, dedicaba su tiempo a buscar al maligno en cualquier rincón de la Iglesia, para señalárnoslo: en la rodilla que se rascaba el niño, en el lazo que una coqueta se había puesto en el pelo, en la bolsa de pipas o el pulgarcito que pensabas comprarte al salir, en la postura al sentarse o por la mirada distraída al infinito. En todas partes, para nuestro pesar, estaba Belcebú, como bien nos señalaba el ministro de la Iglesia con voz persuasiva, pero tronante en el momento oportuno mientras señalaba un cuadro donde ardían las almas de los pecadores. Y ese día te marchabas a casa pensando en demonios hasta bien entrada la tarde e incluso la noche.
Hace tiempo que el Demonio salió de nuestras vidas. Bien es cierto que en sus últimos estertores lo quisieron confundir con el comunismo, y así los de esta secta tenían cuernos y rabo. Pero por arte de birlibirloque, aprovechando que caían los popes, el príncipe de las tinieblas cambió el nombre por el de fascismo, y ahora, con esta denominación, vuelve a estar en todas partes.
En estas que la izquierda, dispara contra todo lo que se mueva. Por si las moscas. Hay un guion escrito y no hay que salirse de él. Hubo un tiempo en que al díscolo lo llamaban revisionista, pero al final se ha terminado imponiendo el comodín, aquí ya no valen medias tintas. Ándate con ojo que incluso en estas letras puede estar escondido.

viernes, 30 de enero de 2026

La política es conservadora

La política, en sus infinitas exposiciones, es irremediablemente conservadora. Incapaz de advertir los cambios, los reduce a la nomenclatura establecida, para intentar comprenderlos o anularlos. Pero la inteligencia es productiva. Las ideas no cesan porque las realidades cambian, y con ellas surgen nuevas perspectivas o desafíos, que aportarán nuevas soluciones a viejos problemas, y con sus respuestas propiciaran nuevos conflictos. El mundo cambia muy deprisa, el lenguaje está condenado a definirlo, porque sin este no existiría aquel. El Diablo estaba en todas partes, pero ya no es más que una pieza de arqueología.


lunes, 26 de enero de 2026

Imágenes imperecederas

Todavía me junto con gente más joven y descubro que sé mucho de cómics, pero de los de antaño, que ya son solo recuerdo para los de mi quinta y desconocidos para una gran mayoría que se suma a un arte que parece desdibujarse. Y así informo y documento a los neófitos, ignorantes de los grandes artistas del siglo pasado. De este modo acuden a mi cabeza nombres y títulos, personajes y aventuras, revistas y álbumes, igual que si acabase de leerlos ... y no es así, sino que de algunos hace treinta, cuarenta años, incluso más. He de advertir que algunas poderosas imágenes, enclaustradas en viñetas, permanecen en mi memoria, con una nitidez que sorprende, como si hubiesen sido grabadas al fuego sobre la retina de mis ojos. Y me llama la atención que tales ejercicios de memoria automática, permitan una lucidez inesperada, un retorno al pasado tan palpable, que la sensación sea de absoluto presente, igual que si las décadas no se hubiesen sucedido. Por lo que reivindico el poder de las imágenes como puertas que permiten el acceso definitivo a la consciencia, signos misteriosos e imperecederos de una realidad ignorada pero accesible.


domingo, 25 de enero de 2026

Uclés es Rosalía

Empiezo a sospechar que Uclés, joven de altas capacidades, en lugar de ser el Peter Pan de las letras, bien pudiera ser la Rosalía de Planeta. Acudió pasito a pasito, sin hacer mucho ruido, entrando como el agua por donde no se imaginaba una grieta, despertando la curiosidad y simpatía por su aspecto desaliñado, de bohemio pero limpio, vestido de pana y boina, con acordeón al hombro y acento del sur para hacer memoria. De su libro se sucedieron ediciones, y la lista de famosos que lo celebraban no cesaba de crecer. Luego salió de la chistera del Nadal, sin que nadie lo esperase, anunciando una novela a lo Zafón o Cortázar, donde no imperan las normas del espacio tiempo, quizás ni la hora de escribirlo. Y ahora, como buen adolescente, adopta una actitud pueril, hace un desplante público por redes y lo convierte en causa del pueblo, con miles de likes. Y es la suma lo que me hace sospechar, quiero decir despertar, que Peter Pan, o quien lo dirige, entiende de marketing, es decir de ventas, porque figurando de abanderado de los descamisados, que no conocieron ni la guerra ni la dictadura, recibe el respaldo incondicional de nuevos, futuros y posibles lectores, incluso de aquellos que no lean pero reciten el mantra. Y detrás de todo eso, temo, hay una máquina de hacer dinero, mucho dinero, por muchos años.




Un incordio el trabajar

Era Luis Aguilé el que cantaba lo de que es una lata el trabajar, y tenía toda la razón del mundo, porque cuando una actividad no se hace con gusto es un incordio. Los hay con suerte que trabajan en algo parecido a lo que les motiva, pero cuando es obligación tampoco. El trabajo ha de ser distracción en primer lugar y después una excusa para tener algo que comer ese día. Alguien con muy mala idea debió de inventar lo del hambre, porque si no fuese necesario satisfacerla nadie se levantaría para llenar la barriga. Claro que igual se inventaban otra necesidad, para tenernos ocupados en algo que le interesase a alguno de nuestros semejantes. Hay gente que disfruta inventando trabajos, pero para que los haga otro, es decir, que gozan viendo trabajar al vecino, como el que contempla a las hormigas. Frente a estos sujetos lo más conveniente es hacerse el sordo, el despistado, desmemoriado, dejar que te llamen autista y de este modo conseguir que jamás recurran a ti. Hay que aprender a sobrevivir y zafarse de estériles responsabilidades, incluso en el hogar, especialmente, si pretendes que lo sea.


sábado, 24 de enero de 2026

Al abrigo del instante eterno

Cierto regusto en los días del frío invierno tiene quedarse sentado al abrigo del brasero, o al de la lumbre, en su defecto junto al radiador de pared o bajo capas de sudaderas, observando la vida de otros frente al televisor o reposando la vista en un libro impreso. Es un reducto que tiene algo de cielo o infierno eterno, según se mire, de horas que no pasan o uno imagina que no lo hacen. En ocasiones pienso que soy piedra, relieve en un templo, estático y ajeno a los curiosos, como pez de mentirijillas en la pecera. Eso de vivir es preocuparse porque no eres feliz, y conseguirlo es tan sencillo como acomodarte junto al hogar y no ser más que otra figura en el cuadro.


Basílica de Vitrubio, en Fano

Hallazgo reciente, y he de referirme a él, porque si no lo hiciese sería traición al redescubrimiento de la arquitectura antigua, por ser Vitrubio el faro que iluminó a los arquitectos del Renacimiento y dio pistas respecto al arte que estos desarrollaron después. Han sido los cimientos de la basílica de Fano, ciudad italiana, donde el afamado arquitecto romano construyó su obra definitiva, en tiempos de Augusto, que tantos soñaron e imaginaron y él describió en uno de sus tratados sobre la arquitectura. Esta edificación perdida en las arenas del tiempo y el devenir de la historia, resucita ahora tras una excavación y concienzudo estudio de sus restos. Eso sí, pese a todo, la basílica se seguirá prestando a la reedificación imaginaria, porque, aunque ya tenemos su base, no así el resto, sino por escrito, lo que permitirá aún alternativas e interpretaciones, que darán alas a los creadores y Leonardos que, con las lecciones del arquitecto romano, erijan nuevas edificaciones donde reine el orden y el equilibrio, o el lugar del ser humano en el cosmos.


miércoles, 21 de enero de 2026

Vagabundo en la ventisca

Tengo tardes decimonónicas, por la adversidad del clima. Cubierto de gorra y tapado por grueso abrigo recorro solitario las calles, iluminadas por las alargadas y modernas farolas, que resultan pilares y arbotantes de una catedral imaginaria. El viento se lamenta y estrella en mi rostro alfileres de agua, y nubla mi vista. Las baldosas bailan al ritmo de mis pasos y escupen como basiliscos sobre mis pies. Los veloces vehículos se deslizan sobre el mar negro del asfalto y levantan olas de inmundicia con aliento a cadáver. Los árboles oscuros y desnudos agitan sus sarmentosas ramas como brazos de gigante, que pretende atraparme. Las estrellas juegan al escondite y la luna sonríe enigmática. Un gato pardo, como todos en el crepúsculo, irrumpe en la senda de mi camino. La muerte acecha, pero sueño que no me busca, que sólo es hora de espectros.