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domingo, 31 de mayo de 2026

Umbral, María Luisa Seco y un Vito Quiles en la Feria del Libro de Madrid del 79

En la feria del libro de mediados de los 70 había muchas casetas y hacía mucho calor, es el recuerdo que tengo de cuando en la infancia visitaba aquella, y tenía la oportunidad de conocer a todos los que volvían del exilio, unos señores muy mayores y muy pacíficos, que nos trataban a mi hermano y a mí como a nietos. Alguien tuvo la ocurrencia una vez de cambiar la feria de sitio y plantarla en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo, creo que en el 79. Allí tuve ocasión de ver en vivo a María Luisa Seco, que era la presentadora de los programas infantiles de la tele, como el de Luis Ricardo, el de cantidubi dubidubi, cantidubi dubidá, que era un remedo de Frankenstein pero a la española. Allí, en la feria, la Seco firmaba libros de cuentos de cosecha propia, y no había cola, porque creo que daba corte acercarse. La pobre murió unos pocos años después. En esa feria, cuando nos marchábamos, se nos metió un tipo por la ventanilla del coche, que venía vendiendo una revista alternativa, un fanzine cultural de entonces. Y estuvo intentando convencer a mi padre de que se lo comprase. Para conseguirlo recurrió a nuestra complicidad.
- ¡Qué rácano es vuestro padre! - dijo, lo que nos hizo mucha gracia, porque el tío era como Vito Quiles, o uno de esos, pero sin móvil.
El caso es que le estuvimos siguiendo la comedia hasta que perdió la espontaneidad, pero mi padre no picó y lo dejamos allí plantado, para que se emplease con otro. Y luego, una vez que se libró del sujeto, nos fue contando que el día anterior también le habían intentado vender otra revista en el aeropuerto, unos del Hare Krishna con cascabeles, pero que se defendió igual del asalto. De ese día del aeropuerto también nos dijo que había visto a Umbral, con una corbata muy larga de color rojo al cuello, que llevaba arrastrando por el suelo; y que mi padre, nos confesó, había estado tentado de pisar.

martes, 26 de mayo de 2026

El coche de la familia Monster

Es en eso de la interpretación de los sueños cuando uno debe echar mano de Artemidoro de Daldis u otro de los antiguos que se ocupaban de eso, porque hay, hay algunos, que no se entiende qué pretenden contarnos del futuro, o si es aviso, o meramente sin sentido para tenernos distraídos el resto del día. Así, anoche soñé que mi mujer compraba un coche, que quería uno más grande, y fuimos al concesionario por él, y nos lo dieron por piezas para montarlo, como si fuese el armario de un IKEA. Así que lo armamos entre toda la familia, y el coche resultó ser uno de muertos, para dos, y con un remolque para otro. Todo él de madera de caoba, bien pulida y barnizada. Es bonito, dijo mi padre, que por allí andaba. Mi preocupación era dónde aparcarlo. Y me he despertado azorado y todavía temo que me lo traigan los de Amazon a la puerta y nos tomen por la familia Monster.


sábado, 23 de mayo de 2026

La de Madalorian y Grogu

La de Madalorian y Grogu me ha gustado porque, además de saberme a poco, me ha recordado a aquellas producciones italianas de gladiadores y monstruos de la Odisea, con esa fantasía de tebeo que era el cine barato de los niños, y dio alas a los de mi quinta a volar alto, a Galaxias muy, muy lejanas. En esta, el prota ha dejado a un lado el asunto del credo y se ha mostrado más pistolero, cazarrecompensas, un Boba Fett redimido, por lo que nos ha descolocado un poco, pero sin defraudarnos. Por otra parte, con ella me he enterado de que el juego de mesa de Chewy en el Milennium Falcon no era sino un versión de consolación de otro a lo grande que gestionaban los Scorsese, esa familia de mafiosos que antaño fue brazo armado del Imperio Galáctico y ahora se esconde de la Nueva República en turbios tejemanejes. Luego están los sobrinos de Jabba el Hutt, (que me ha sido imposible separar de los Javis, tal vez por el bombardeo de la tele en estas fechas), malos y rastreros como babosas, ha sido una pena no verlos en los intestinos de Grogu, que en ningún momento ha perdido el hambre. Me ha faltado, eso sí, la colega que arreglaba todas las naves, Peli Motto, uno de los personajes más divertidos de toda la saga.


viernes, 22 de mayo de 2026

Le llamaban Bambi

A Zapatero, si haces memoria histórica, lo llamaban Bambi. Es posible que gozase de algún parecido con el ciervito huérfano, pero, personalmente, siempre le vi guardar más semejanza con mister Bean, (confiesa que tú también). La cara de Zapatero era, y es, una sonrisa eterna, una incansable mueca, un ejercicio de prestidigitador, que, como el mago de la chistera, te lo conseguía todo por arte de magia, sin pestañear, incluso una crisis galopante. Zapatero empezó con aquello de "fuerza y valor", que había sacado de la película Gladiator, y te lo soltaba en un mitin, o presumía de leer a Borges, ese ultraconservador argentino; y con esos guiños y otros aleteos de cejas, encandiló a muchos jóvenes, y jóvenas, que lo veían prometedor y casamentero.
Estallaron bombas y se le iluminaron los ojillos. ¡Guerra no, si ya tenemos una en casa! Y aprovechando lo que la luz deslumbra se puso a la tarea de ganarla de una puta vez, pero por muchos años, sin prisas; y empezó a borrar la firma de Paco para dejar la suya, como si fuese la del Zorro: zas, zas, con apariencia de travesura de los mellizos Zipi y Zape. Aunque después lo llamaron ZP, que sonaba a detergente de bicarbonato y no a superhéroe como se pretendía. Pero lo realmente bueno vino al final del recodo, cuando las caprichosas urnas, ese mal de las democracias, lo enviaron fuera, con sus idas y venidas, viajes a citas importantes y reuniones con élites políticas. Mediaciones, liberaciones y otros ejercicios espirituales ahora llamados de diplomacia y antaño mascaradas. De este modo su cara se convirtió en una tan indispensable como la del monigote del Burger King en cualquier cumpleaños. Hay que reconocer que su carrera ha sido muy Borgiana, En este país nunca hemos andado faltos de figuras, esta monarquía parlamentaria está dando una lista interminable.


jueves, 21 de mayo de 2026

Amador y otros alumnos imaginarios

Amador era el nombre, entre otros, que yo ponía al alumno del que no recordaba el suyo. Y así, captaba su atención, y la del resto de la clase, y él me corregía.
- Yo soy Alberto - protestaba muy serio y yo pedía disculpas, y así retomaba la clase mientras intentaba quedarme con la cara y el santo.
De este modo los Amadores o Eugenios, Alfonsos o Claudios, se multiplicaban por las aulas, e incluso fijaban para siempre el mote de alguno, o sobrenombre, porque siempre había quien, por gusto, se lo apropiaba. O se convertían en alumnos imaginarios, que convivían con nosotros, cuando empezaba la clase de historia y yo ponía la vista en una mesa vacía.
- Hoy no veo a Adolfo -. Y ellos asentían entre codazos.
Realmente no lo hice nunca por comicidad, sino porque para recordar los nombres de tantos, y tantas, no he sido nunca bueno, pese a los intentos, y he preferido improvisar siempre.
- Oye, muchacha.
- Eh, figura.
- Persona humana, escucha.
También los he llamado "criaturas inciertas", pero poco porque gustaba.
Y otras expresiones por el estilo.
Pero siempre he procurado deslizarme por el asunto del bautismo, como otro San Juan, mi santo comodín en junio.


sábado, 16 de mayo de 2026

El número tres de la casa de Vicente Aleixandre

En cierta ocasión mi padre se presentó en la casa de Vicente Aleixandre, esa famosa de Velintonia, por iniciativa de un compañero de trabajo que era seguidor del antiguo régimen, digo, por el evitar el mote con el que se le conocía, no sea que se me querellen los hijos o nietos, y éste, conocía al poeta. Era el camarada alto, estirado, de paso marcial, pelo ensortijado y bigotillo a modo del caudillo. Casualmente era de mi pueblo, Ciempozuelos, y en alguna ocasión mi hermano y yo hicimos cicatriz en el sofá del salón de su casa, con las hebillas de los zapatos, aquellos azules que se estilaban entonces, o no perdimos ocasión de visitar su cuarto de aseo y dejar unos premios, pues siempre se nos desataba el cuerpo en casa extraña, amén del hambre, y pedíamos de comer sin vergüenza.

Pero volvamos al episodio que nos trae. Debía ser la de aquellos una amistad de carácter familiar, por las confianzas. Bien es cierto que la puerta de la casa del poeta siempre estaba abierta a cualquiera, según nos cuentan sus amigos y literatos, algunos políticos y diversos fantasmas. Pero soy de la opinión que lo de mi padre fue carambola. Lo más probable, si se hubiese presentado solo, es que lo hubiesen confundido con un vendedor de enciclopedias; (y el intelectual ya tenía sobradas en su biblioteca como para darle un portazo en las narices sin miramiento). Mi padre ha tenido siempre una manía con los libros que lo delatan, basta con fijarse dónde pone los ojos.

Pero volvamos al asunto; el Miruri, (vaya, ya se me ha escapado), le dijo un día, así de sopetón: "Paco, vamos a ver a Vicente", sin especificar mucho más, y aterrizaron en la casa del mentado. Así de sopetón, ni anestesia, y se quedó mi padre sin habla cuando descubrió que el Vicente de dentro no era su amigo el pescadero, que tenía uno en el gremio, sino el Aleixandre de la del 27, y el premio Nobel, que le encasquetaron después.

Muchas veces he querido sonsacarle los temas y asuntos de los que trataron en tan inesperada e inaudita entrevista, pero siempre me ha dado esquinazo, con la excusa de que Vicente estaba muy viejo, apenas hablaba y muy bajito, y sólo parlamentó con su amigo de la salud, el tiempo y otras cuestiones domésticas sin mayor trascendencia. Pero conociendo a mi padre, siempre he sospechado que allí pasó algo gordo, inconfesable. La prueba está en que, en la terraza de casa, tras una selva de varas de pitiminí, hay un gastado azulejo de color azul con el número tres en blanco, al que nunca di explicación, pero del que sospecho la procedencia. Tal vez sólo casualidad, pero puestos a soñar…

viernes, 15 de mayo de 2026

Las puertas de Corto Maltés

He de confesar que cuando me sumerjo en Pratt, en aquellas de Corto Maltés, en las que el marino recorrió selvas americanas y africanas, viajo de inmediato al instante en que las leí por primera vez. Me detengo en algunas viñetas y tengo la fascinante sensación de que al alzar la vista voy a verme en los 80, como si no hubiesen corrido los años y no hubiese salido de la habitación en la que me encontraba leyendo en aquel instante. Me he preguntado miles de veces qué magia tendrán esos trazos gruesos, incómodos y espontáneos para teletransportarme en el tiempo. Es experiencia que alcanzo con aquella serie, pero no con otras del mismo autor y personaje. Existe una puerta misteriosa en esas composiciones, un pozo que me absorbe y me conduce, no sé a dónde ni por qué, arrastrado por una fuerza telúrica que parece vencer al paso del tiempo, incluso a la muerte. Existe un poder en algunas imágenes que transciende a razones, son trampolines a otros mundos eternos y placenteros. Cada cual tiene las suyas, dichoso es el que las encuentra.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Velasco y Quirós, recurso didáctico

Empezaba a trabajar de enseñante, en el 94 del pasado siglo, y tenía dos alumnos como dos faros ante la tormenta. Uno se apellidaba Velasco y el otro Quirós, en el instituto M. Sánchez López de Torredelcampo. Y en ocasiones, para disipar el tedio, daba grandes voces al aula entonando el romance aquel que decía: “Antes que Dios fuera Dios, y los peñascos peñascos, los Quirós son los Quirós, y los Velasco, Velasco”; que yo me había leído y aprendido del libro de Sánchez Dragó, Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España. Y de este modo captaba la atención del populacho, dirigiéndome a uno u otro, que callaba unos instantes y reía después, o repetía como estribillo. No he vuelto a saber, por diversas vicisitudes, de tales sujetos, porque mi carrera docente se desvió a otros lugares y entornos, y por desgracia no tuve más ocasión para salir con esta argucia por peteneras. Aunque nunca me faltaron después otros romances en atolladeros semejantes, porque de lecturas siempre he estado sobrado.


martes, 12 de mayo de 2026

Pájaro en una tormenta, novela trepidante

Es el de Isaac Montero, Pájaro en una tormenta, un libro que me tiene despistado, porque me pierdo en su argumento, y a cada línea me hallo en una encrucijada. Si no conoces el argot de la bofia te pierdes. Es novela negra, y que se desarrolla durante la Transición, para más señas, Rita. La mía es una edición de 2001, de aquellas que regalaba el diario El Mundo, la fachosfera, y he pillado en una de ocasión, que es donde compro. Yo de la novela policiaca siempre me decanté por Garcia Pavón, su Plinio, y luego me he aficionado a Vázquez Montalbán, poco a poco, hasta verlo en su punto. Son libros de escritores muertos, que son los menos mediáticos y de los que poco importa su dedicatoria. Ya digo que me tiene muy distraído, dentro de lo perdido, y le he cogido mucho gusto, porque al final vas atando cabos, aunque seducido por el frenesí del directo y la primera persona. No sé si estoy preparado para el final, me gustaría que no lo tuviese. Hay lecturas que se prefieren infinitas, porque los finales lo arruinan todo.

sábado, 9 de mayo de 2026

Franco era una reencarnación de Hernán Cortes

Hay que ver el parecido que a Cortés le están dando con Franco. Incluso hay quien habla de exhumar sus huesos de la tumba y repatriarlos a España, (que es de donde hace siglos salieron). Por cierto, que fue Indalecio Prieto, el líder socialista exiliado en aquellas tierras tras la guerra franquista, el que dio con ellos en la iglesia del Hospital de Jesús en Ciudad de México, escondidos del ardor revolucionario e independentista de los hijos de Cuauhtémoc, se llaman ellos. Entonces nadie condenó al socialista por destapar al genocida, las relaciones con Lázaro Cárdenas daban alas. Indalecio abogó por el entendimiento entre los pueblos y señaló a Cortés como español y mejicano, (que se escribe con x allá, como en cualquier bonoloto acá).