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domingo, 22 de marzo de 2026

Sinclair Lewis y los lagartos de V

La serie de V que amenizó las tardes a toda una generación de adolescentes en los 80, con sus lagartos comiendo ratas y partos sobrecogedores, (y la invasión de Córdoba), se inspiraba en una novela de Sinclair Lewis, un premiado escritor norteamericano de los años 30 que tuvo la oportunidad de hacerse con el Nobel. La obra en cuestión se titula "Eso no puede pasar aquí" y trata de la llegada al poder de un senador xenófobo y populista. La historia en cuestión planteaba la posibilidad de que en EEUU sucediese lo que aconteció en Italia y Alemania antes de la II Guerra Mundial. Que yo sepa esta novela no se publicó en España, aunque sí otras del mismo autor. Se puede descargar de la red, supongo que una traducción mejicana. Está de rabiosa actualidad. Confío en que pronto la tengamos en papel.


El Barón y los de la unificación comunista

Debió de ser en mayo de 1982, durante la feria de Córdoba, en los jardines de agricultura, que era donde se celebraba ésta, a espaldas del monumento al pintor Julio Romero, cuando dio un concierto el grupo Barón Rojo, heavy a la española. No sé cómo pudieron meter el escenario entre los árboles que allí se alzan, ni cómo delimitaron aquello para evitar que nadie se colase. Es lo de menos. El asunto está en que no falté a la cita, aunque estuve a punto de perdérmelo. Un inesperado casi lo lleva todo al traste. El nudo se hizo y deshizo del siguiente modo. Íbamos un grupo de seguidores del Barón por la calle Gondomar y a la altura de san Nicolás se habían apostado tras una una mesa los de Unificación Comunista de España, u otros de esta guisa. Movidos por la curiosidad nos pusimos a manosear sus panfletos y en estas que uno de aquellos con mucha labia casi me convence para comprar su revista. Como yo, ni entonces ni ahora, sé decir que no a las ofertas de fancinerosos advertí que me iba a quedar sin concierto. Confesé al fenicio que si compraba la publicación me faltaba para la entrada, pero el otro me insistía con que a Barón podría escucharlo en otra ocasión y la revolución no podía esperar. Y yo dudaba. Por fortuna, mi amigo Fermín, que era un repetidor con experiencia, vino en mi ayuda y le dijo al otro que ya volveríamos más tarde. Gracias a su intervención, no falté a la fiesta. De la que por cierto salí sordo, por lo cerca que nos pusimos de los bafles. Lo más curioso de la noche es que los fachillas de la clase se subieron a aquellos, y desde allí dieron más caña que todos los que nos reuníamos en la improvisada platea. Desde aquel concierto no puedo disociar a los melenudos de los de Fuerza Nueva. Cosas de la vida, siempre tan contradictoria.

sábado, 21 de marzo de 2026

El Torrente menos gracioso

La última de Torrente me ha dejado un sabor agridulce. Aunque he de reconocer que me he reído mucho con la escena gore del pequeño Nico, el resto me ha sabido a chistes repetitivos. Probablemente sea la película más seria de la saga. La de Santiago hace recapacitar sobre el modo en que una democracia se va precipitando al abismo. Ya en la presentación, esos dibujos animados que retrotraen al un, dos, tres, y esa cancioncilla que animó las primeras elecciones, producen una sensación de nostalgia nada esperanzadora, que invita a reflexionar sobre lo mucho que costó conseguir la libertad y lo pronto que todo aquel esfuerzo se ha trivializado. Es posible que, al desaparecer progresivamente sus protagonistas, el proceso democrático haya perdido su importancia para las nuevas generaciones. El tiempo se encarga de convertirlo todo en polvo. (Es verdad que los políticos también ayudan, cuando no hay interés en evitarlo). Mucha gente se retrotrae al fallido golpe de Estado que estuvo a punto de abortar los cambios, y habla sin fundamento de maniobras y conspiraciones, que todo fue un teatro. Yo prefiero recordar el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha, para no olvidar que hay hechos que deben ser considerados incontestables cuando la libertad estaba, o está, en juego.


viernes, 20 de marzo de 2026

La rosa de Manara

No puedo dejar de mencionar que la adaptación de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco, que ha hecho Milo Manara es, en mi opinión, extraordinaria. He conseguido con su lectura, - que he llevado a cabo en dos etapas, por hacerla el autor en dos entregas -, retrotraerme a la edad de 20 años, que es cuando debí leerla. Es decir, siendo muy joven.
Tuve ocasión, y creo que ya lo he contado más de una vez, de ver una adaptación del mismo libro por otro gran monstruo de la historieta, me refiero al maestro Alberto Breccia, en una exposición que se hizo en Córdoba de su obra, a finales de los 80. Sospecho que aquella versión no llegó a publicarse, o se utilizó para ilustrar alguna edición quien sabe si argentina o francesa. Como la muestra se llevó a cabo en los sótanos del alcázar de los reyes cristianos, sobre las paredes de los laberintos que allí conducen a unos baños u otras estancias, la impresión fue imperecedera, porque el escenario acompañaba perfectamente al ambiente misterioso y estremecedor que rodeaba a los asesinatos que se producían en orden apocalíptico en el interior del herético monasterio.
Pero ahora me he de referir a la perspectiva de Manara, que es correcta y fiel al original, con contadas licencias, y evocadora. No me canso de repasar sus imágenes, porque el texto es ya muy sabido, y disfrutar de un cómic como mucho tiempo no hacía.

martes, 17 de marzo de 2026

Odisea 2001 de Kirby

De 2001, esa odisea del Espacio, estaba la peli, pero también los de Marvel hicieron un cómic, que vi publicado por Bruguera en el 77 del siglo pasado, si no recuerdo mal. Era una colección que se inventaron los catalanes en la que te colaban las historietas de La guerra de las Galaxias dibujada por Chaykin junto a las del Motorista fantasma, Kazar y esa de la odisea que comento; y probablemente alguna más. Yo quedé prendado por el trazo grueso de Kirby cuando dio estilo gráfico al monolito de la movie. Desde entonces ha sido para mí un cómic de culto. Kirby siempre me ha parecido un estilo, una forma grotesca pero cuidada de repartir los negros sobre el papel, para producir imágenes impactantes, aunque algo frías. Hay algo de monigote en sus estampas, pero la ruptura es lo que siempre he valorado. Me quedo con sus interpretaciones del firmamento, de un infinito que parecía partirse en moléculas o átomos caprichosos. De ahí a Steranko, pero será otro día.

domingo, 15 de marzo de 2026

Moravia era una montaña rusa

Hay libros de segunda mano, en esas librerías de ocasión, impolutos, a dos euros, con todas las señales de que o no fueron leídos o sólo una vez, o estuvieron tratados con cariño y respeto por sus anteriores propietarios/lectores. Muchas veces me inclino, a la hora de juzgarlos, por la primera clase, porque son muchos los comprados y menos los leídos. De esta suerte, de un tiempo a esta parte disfruto de autores olvidados, pero de gran calidad literaria, apartados ya del circuito editorial, lejos del ruido mediático, la publicidad gratuita y el deseo de hacer del autor una vedette de las letras, que proporcione mucho dinero unos señores muy ricos que no leen. Así entre las última adquisiciones en el rastro de Remar, que no sólo ofrece muebles viejos y adornos ordinarios, sino también libros, me hice con uno de Moravia, Alberto, el italiano. De Moravia había leído dos inolvidables, el de Agostino y el de La romana; ahora he de referirme al de El conformista, que es una que pudiera calificarse de negra, por la novela que dicen de este color, que es tan entretenido como perturbador y escabroso, temas favoritos del autor que nos ocupa.
Misterioso, de espías, relaciones sexuales atípicas y otras inmundicias que remueven la conciencia y mueven a la reflexión, confusa. Y es que en muchas ocasiones lo bueno de la literatura es que te agite como en coctelera, y no sea excusa para señalar y tirar abajo imágenes de piedra, como monje del desierto a los pies de la de Serapis, sino hacer examen de conciencia para apartarte de la hipocresía y reírte de las nuevas generaciones de puritanos progres.

viernes, 13 de marzo de 2026

Es la primavera

Contemplo con satisfacción que amanece más temprano, y no lo digo por el título de la película, y que además Venus está visible al atardecer, señales inequívocas de que nos acercamos al equinoccio, el momento en el que los días empezarán a ser más largos y atractivos para disfrutar de la vida, que no deja de ser un deseo de luces, como la del mosquito que llega a su ocaso al resplandor de la bombilla. Es por eso que, despertado por el canto de los mirlos, ave que en la ciudad sustituye al gallo y no trae como el cuervo malos presagios, se vuelve uno más literario y evoca los libros leídos, los deseos por leer los pendientes y los que quedan por escribir, aunque mueran como el meteoro en su suicido contra las capas de la atmósfera, soñando con ser como el que aniquiló a los dinosaurios. Día y noche, vida y muerte, en el fondo las mismas palabras sujetas a los matices, sonidos con significados insignificantes, fumarolas de los racionales frente a la indiferencia del cosmos, tan ignorante a nuestras quimeras.


lunes, 9 de marzo de 2026

Un tío mío que hubiese cumplido años

Hubiese cumplido hoy 85 años un tío mío que fue misionero en Ecuador, pero decidió partir al infinito hace unas semanas. No es cuestión de contar de nuevo sus anécdotas de antaño como la del mono que trajo de sus aventuras en la selva. O la cabeza reducida del jíbaro, que resultaba algo asquerosilla, y debió dar rostro a un indígena muy serio. Llamativo fueron los gorros de ardillas, que sin dura estuvieron sobre el cogote de algún cacique. Su retorno fue como el de un pájaro que pierde las alas o lo encierran en una jaula. Quizás ahora sobrevuele los bosques montanos de la Cordillera Real oriental, recuperada la libertad para escapar muy lejos; espero y sueño que así sea.


jueves, 26 de febrero de 2026

El alegre bebedor que no era Rembrandt

Recuerdo tengo de una vez que hice un examen de Historia del Arte en la Universidad de Córdoba, donde estudié, sobre el Barroco, y cayó una pintura de Frans Hals, que yo tomé por otro de Rembrandt. No me negaréis que el estilo de ambos guarda cierta semejanza. De ahí vino mi equívoco. Lo cierto es que, pese a este preámbulo, he de reconocer que cuando vi la estampa descubrí mi ignorancia en lo que se refiere a obras y autores, y, como era mi costumbre, (antes escribir que dejar un papel en blanco), opté por hacer un retrato lo más pintoresco posible del personaje, de bigotes don juanescos, que, sonriente, levantaba en alto una copa de vino claro o tinto, (la fotocopia era mala), sentado en una silleta baja y balanceándose con peligro de caer de espaldas. Vestía al modo de los mosqueteros, con sombrero de ala ancha y pluma, botas de corsario y florete al cinto. De este modo, no le di nombre, pero describí su carácter y las circunstancias que pudieran haberlo conducido hasta allí, imaginando las mil aventuras, duelos de capa y espada, a pistolones, que pudieran haber envuelto su odisea. Creo que tal epopeya podía haber pasado por una de las aventuras del Capitán Alatriste, con la ventaja de que aún no habían sido escritas. De esta guisa creo que llené unos folios, pongamos cinco, con la letra muy grande, encadenada, influido por las clases de Paleografía y Diplomática. El esfuerzo, fue considerable, pero no conseguí el aprobado. Tuve ocasión de repetir el examen, ya con otro motivo, y más conocimientos, por lo que, aunque mejor mi nota, fue menos brillante, pues me limité a decir lo que en los libros explicaban los sabios. Es una pena no conservar aquel testimonio, de tales licencias y atrevimientos, que fueron muchos y jalonaron mi carrera, y aún practico cuando decido salirme del plato. En vano he buscado años después la imagen en cuestión y he llegado a la conclusión que igual fue sueño o engaño, o tampoco de Hals sino de otro, porque la de Arte para suspender era especialista.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Therians y otras plagas

Ahora se lleva lo de los therians, pero cuando yo era un jovencito con granos lo que molaba era hacer el robot en la discoteca. Hay que reconocer que George Lucas y su C3PO hicieron mucho daño entre los adolescentes de los 70. Bien es cierto que también había gente que hacía el Chewbacca, pero menos. También es verdad que el presentador de Aplauso, Nacho Dogan, aportó su granito de arena, haciendo el androide, o el mimo, que igual era eso. El caso, y es a lo que vamos, que con los travoltas se mezclaban los 3peos, y no cesaba la marcha. No es por vacilar ahora, pero yo hacía muy bien el robot, y ni te cuento cuando vino el robocop. Igual también llevaba entrenado algo por lo del Mazinger Z, todo hay que decirlo, por lo del fuego de pecho y puños fuera, que se decía, antes de echar a volar. Lo cierto es que pese a tanto meneo metálico, (y recuerdo ahora al del jardín botánico y su sintonía), quizás aquello de hacer el androide galáctico era menos alarmante que hacer el perro o el gato en las redes sociales. O igual no. Laissez-faire, es lo que prima ahora. Mientras hagan el perro pachón no parecen peligrosos, igual si les da por hacer el dóberman la cosa cambia. Por si las moscas conviene llevar en el bolsillo unos premios, o unas bolsas para excrementos si adoptamos a uno en lugar de a un mendigo.