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lunes, 9 de febrero de 2026

Las viejas sillas

Eran las sillas de casa de mi abuela, una a una, obras de arte. No había dos iguales sino ejecutadas por manos distintas. Tarea de artesanos no profesionales, pero de habilidosos. Feas en su ejecución, pero firmes para sostener y resultar cómodas. No había dos patas iguales, ni dos travesaños idénticos, incluso la red de cuerda que servía de asiento dibujaba de un mismo patrón diversas versiones al trenzarse. Lo normal es que cojeasen, y así permitían el balanceo. Unas más altas que otras, más o menos anchas. Siempre distintas. Acomodadas a los rincones del patio, junto a la cuadra, a un lado de la pila o bajo el pitiminí. Asientos del pasado, irrepetibles, como los ratos de sosiego que dieron a nuestras espaldas cuando nos reuníamos a vernos vivir y parecía para siempre.


domingo, 8 de febrero de 2026

Las sombras fuera de la caverna

Platón se equivocaba al afirmar que la realidad que vemos no es más que una burda copia de la original, que es bella pero alejada de la prisión que encierra nuestra alma. Y de este modo solo podemos ver vagas sombras de aquella. Me bastó ver la de un árbol seco proyectada en una pared para advertir su belleza. Mientras que el álamo mostraba sobre su corteza las heridas producidas por las inclemencias del tiempo, dibujaba sobre el muro una imagen perfecta de su silueta. Deduje entonces que es la sombra que depositamos en el mundo sensible la belleza a la que aspiramos, por su simplicidad y sugerencia.

sábado, 7 de febrero de 2026

Cuando hablan sube el pan

Es llamativo el número de boutades que los políticos sueltan durante, antes y después, de las elecciones. Ingeniosas salidas que distraen de los problemas reales que nos preocupan. Hoy la barra de pan estaba a 3 euros, porque la llaman de pueblo, y en mi desesperación he buscado esa oferta del super de tres en una bolsa, masa precocinada y congelada, con sus levaduras y almidones, azúcares y aditivos de siglas misteriosas, porque, me he consolado, sólo es pan. Después, no he querido pensar en lo que pondré entre medias, pero creo que cada rebanada bien untada de redes sociales me quita el hambre seguro, Marte puede esperar.


jueves, 5 de febrero de 2026

El negocio de la Guerra

 Decía el hermano Gerardo, profesor de Lengua y Literatura, allá por la primera mitad de los años 80, cuando yo cursaba 2º de Bachillerato en La Salle de Córdoba, - que estuve allí dos cursos -, decía, digo, que de lo que más se había escrito como argumento de novelas era de la Guerra Civil. Y hacía mención a muchos autores y a muchos otros que entonces ya formaban parte del olvido, mientras contábamos los minutos para salir al patio a mover las piernas y los carrillos. Es evidente que ya era un fenómeno editorial, una excusa como otra cualquiera para vender libros. El Peo, o el Gas Noble, como le llamábamos, no tuvo ocasión de pisar el nuevo siglo, pero estoy convencido de que señalaría en sus clases, si aún viviese, el fenómeno recurrente al que asistimos. Temblando estoy a la vista de que en una década hará un siglo de aquel conflicto, y aún existe un empeño por escribir la versión definitiva de tan aciago acontecimiento. Por lo que deduzco que se nos seguirá castigando con puntualizaciones y revisiones, revanchas y victorias, memorias y desmemorias, todo esto se traduce en dinero y política, mucho de ambas cosas; el caso es seguir entretenidos, y que la guerra tape y no destape los agujeros del medio siglo de democracia que llevamos a cuestas.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Córdoba de Baroja

Es recurrente en Baroja la mención o visita a Córdoba. La ciudad, también la provincia, se convierte en escenario del ir y venir de muchos de sus personajes. Unas veces están de paso y en otras ocasiones son vecinos. Demuestra lo bien que debía de conocerla, y pateado mucho. El escritor tiene calle, modesta, al otro lado de los jardines de la Victoria, próxima a la Delegación de Educación. Echo en falta una estatua suya, caminando, por la de la Feria, o cualquier otra que describe del casco antiguo, bien sea la Corredera, con su boina calada y gabán oscuro, serio, observando y escuchando conversaciones, poniendo atención en detalles nimios, recreando en su mente episodios de vida de una ciudad que lo ignora y reduce a la nada.


martes, 3 de febrero de 2026

El mito de las Misiones Pedagógicas

Las celebradas y mitificadas Misiones Pedagógicas fueron iniciativa de los republicanos liberales, partidarios de la redención del pueblo por la educación y la cultura, y no gozaron en su momento de la simpatía ni del reconocimiento de los partidos obreros. Para los comunistas, por ejemplo, las misiones eran “caridad burguesa”. Por eso, una vez que se inició la guerra y el comunismo cobró protagonismo, la figura del “misionero” fue sustituida por el “miliciano” cultural, dando protagonismo al trabajador, invitándole a manifestar su idiosincrasia o expresión popular. Sin embargo, era imposible desarrollar una nueva cultura desde cero y la realidad impuso la necesidad de aceptar las iniciativas anteriores, recuperando a aquellos intelectuales reformistas de la clase privilegiada o burguesa que la habían representado. Por el contrario, los anarquistas rechazaron esa política, argumentado que los “sabios”, aquellos “trabajadores de la cultura”, como los definió el comunismo, no pasaban a convertirse automáticamente en partidarios de la revolución por su erudición, y criticaban con dureza que muchos hubiesen sido evacuados de Madrid sin tener en cuenta su condición política e ideológica. (Que cada cual deduzca el ambiente de armonía que reinaba en el bando republicano). Como remate a este cuento conviene señalar que misiones pedagógicas se siguieron llevando a cabo durante el franquismo, de manos de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS. Grupos de autobuses y camiones recorrían la geografía española llevando educación a las zonas más deprimidas, (hay videos del NODO). Incluso el régimen que dinamitó la República se apropió de esa herramienta, probablemente porque muchos de los falangistas originales habían participado en aquellas.



lunes, 2 de febrero de 2026

Lubén el de inglés

Lubén Fernández era un profesor singular, por su estampa. Impartía inglés en el instituto. Vivía en el Figueroa, a pocos metros de la puerta de aquél. Era fácil distinguirlo por su aspecto, más adecuado a los 60 que a los 80, que era cuando tuve ocasión de conocerlo. Vestía pantalón corto, sandalias y camisas floreadas; no importaba la estación. Usaba unas gafas como las de Lennon. Estaba muy delgado, (tal vez practicase yoga), tenía una barba muy poblada, negra y rizada. El pelo se lo recogía en una coleta. Se le veía por el barrio tirando de un carrito de la compra. No era extraño que se detuviese a intercambiar unas palabras con el alumnado que encontraba a su paso, siempre muy sonriente, gesticulando, es posible que consciente de que las miradas se posaban en él, por su imagen. Ningún otro profesor rivalizaba con su popularidad. En sus clases se debatía mucho, siempre en ingles, como era menester, mejor o peor, pero bastaba para entenderse, siempre sobre temas que nos interesaban. Por eso era muy celebrado. El año que nos conocimos fue como consecuencia del periódico del instituto. Un grupo de alumnos nos reunimos para llevar adelante tan ardua tarea, y él se sumó a la iniciativa, no para dirigirnos sino para participar. Le hicimos una caricatura y el tío se partía de risa. Las reuniones eran muy divertidas e intensas, siempre nos animaba a la huelga por alguna causa que consideraba fundamental, y se nos hacía la boca agua, ya nos imaginábamos unos perseguidos por el sistema. Los del periódico, (unas fotocopias grapadas), éramos dados a rascar y poner el dedo en la llaga, como buena mosca cojonera. Los pocos números que salieron a la luz siempre estuvieron rodeados de alguna polémica, de esas de adolescentes, alumnos contra profesores, por normas o exámenes, dimes y diretes. Un día se presentó la directora a la reunión, que era en los recreos, y le cantó las cuarenta a Lubén, haciéndolo responsable de nuestras opiniones. El hombre se defendió como pudo, el caso es que realmente pintaba poco en nuestras decisiones, pero para la directiva no era así. Poco tiempo después nos comunicó que dejaba el periódico, porque no quería enfrentarse a sus compañeros. Aquella decisión nos dejó muy descolocados, porque siempre lo tuvimos en un pedestal. Empezamos a mirarlo de otra manera y ya no le hablábamos como a un colega. Entonces, a algunos de nosotros, los dibujantes, nos ofreció participar en otro fanzine que él sacaba, que se llamaba Friendship, artículos en inglés con ilustraciones. No tenía nada que ver con el instituto. El caso es que empezamos a colaborar en el proyecto, pero aquello no tenía la misma vidilla que el nuestro, además nos pedía demasiados dibujos para sus artículos que, todo hay que decirlo, no nos interesaban, nos sonaban a cosas muy lejanas. Al final se convirtió en un engorro. Empezamos a hacerle dibujos de cualquier manera, o a evitarlo. El aura que para nosotros había tenido, se fue disipando lentamente. Con el fin del curso se perdió la relación y al siguiente definitivamente. Por razones que desconozco, el amigo Lubén tuvo problemas personales, y es posible que sufriera alguna depresión. Pocas noticias tuve ya de su devenir. Sin embargo, es difícil olvidar su figura, los primeros días de conocerlo, que tantas cosas parecía ir a enseñarnos, incluso a cambiar el mundo.

domingo, 1 de febrero de 2026

El demonio está en todas partes

Raro era el domingo que en la catequesis, (aquella que se celebraba antes de la misa en tiempos del tardofranquismo), el cura no se refiriera a la presencia del diablo, que, según él, estaba en todas partes. Su afirmación iba en la línea de aquello que te decía tu abuela con los ojos muy abiertos y una voz cavernosa cuando te salías del plato: "te está tentando el demonio". Y yo me giraba a ver si lo tenía a la espalda, apoyando su mano en mi hombro, y como no lo veía respondía que no y persistía en mi delito, que era prolongar unos minutos el juego en la calle. Pues este cura párroco al que me refería al principio, dedicaba su tiempo a buscar al maligno en cualquier rincón de la Iglesia, para señalárnoslo: en la rodilla que se rascaba el niño, en el lazo que una coqueta se había puesto en el pelo, en la bolsa de pipas o el pulgarcito que pensabas comprarte al salir, en la postura al sentarse o por la mirada distraída al infinito. En todas partes, para nuestro pesar, estaba Belcebú, como bien nos señalaba el ministro de la Iglesia con voz persuasiva, pero tronante en el momento oportuno mientras señalaba un cuadro donde ardían las almas de los pecadores. Y ese día te marchabas a casa pensando en demonios hasta bien entrada la tarde e incluso la noche.
Hace tiempo que el Demonio salió de nuestras vidas. Bien es cierto que en sus últimos estertores lo quisieron confundir con el comunismo, y así los de esta secta tenían cuernos y rabo. Pero por arte de birlibirloque, aprovechando que caían los popes, el príncipe de las tinieblas cambió el nombre por el de fascismo, y ahora, con esta denominación, vuelve a estar en todas partes.
En estas que la izquierda, dispara contra todo lo que se mueva. Por si las moscas. Hay un guion escrito y no hay que salirse de él. Hubo un tiempo en que al díscolo lo llamaban revisionista, pero al final se ha terminado imponiendo el comodín, aquí ya no valen medias tintas. Ándate con ojo que incluso en estas letras puede estar escondido.

viernes, 30 de enero de 2026

La política es conservadora

La política, en sus infinitas exposiciones, es irremediablemente conservadora. Incapaz de advertir los cambios, los reduce a la nomenclatura establecida, para intentar comprenderlos o anularlos. Pero la inteligencia es productiva. Las ideas no cesan porque las realidades cambian, y con ellas surgen nuevas perspectivas o desafíos, que aportarán nuevas soluciones a viejos problemas, y con sus respuestas propiciaran nuevos conflictos. El mundo cambia muy deprisa, el lenguaje está condenado a definirlo, porque sin este no existiría aquel. El Diablo estaba en todas partes, pero ya no es más que una pieza de arqueología.


lunes, 26 de enero de 2026

Imágenes imperecederas

Todavía me junto con gente más joven y descubro que sé mucho de cómics, pero de los de antaño, que ya son solo recuerdo para los de mi quinta y desconocidos para una gran mayoría que se suma a un arte que parece desdibujarse. Y así informo y documento a los neófitos, ignorantes de los grandes artistas del siglo pasado. De este modo acuden a mi cabeza nombres y títulos, personajes y aventuras, revistas y álbumes, igual que si acabase de leerlos ... y no es así, sino que de algunos hace treinta, cuarenta años, incluso más. He de advertir que algunas poderosas imágenes, enclaustradas en viñetas, permanecen en mi memoria, con una nitidez que sorprende, como si hubiesen sido grabadas al fuego sobre la retina de mis ojos. Y me llama la atención que tales ejercicios de memoria automática, permitan una lucidez inesperada, un retorno al pasado tan palpable, que la sensación sea de absoluto presente, igual que si las décadas no se hubiesen sucedido. Por lo que reivindico el poder de las imágenes como puertas que permiten el acceso definitivo a la consciencia, signos misteriosos e imperecederos de una realidad ignorada pero accesible.