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lunes, 6 de julio de 2026

Ocultar lo visible

De las muchas y pintorescas situaciones vividas en mi paso por las aulas, recuerdo con vergüenza ajena aquella en la que me censuraron un mosaico. Andaba yo indagando sobre los orígenes del cristianismo y los influjos del paganismo en este, y topé con un mosaico romano de Chipre que me resultó harto significativo porque se refería al nacimiento de Dionisos, y me permitía establecer ciertos paralelismos entre ambas religiones. Como por la composición y temática, que me parecieron muy interesantes, quede fascinado, imprimí una copia en tamaño A-3 y decidí que la pared del departamento de Historia podía ser un buen lugar para exhibirlo, justo encima de la pantalla del ordenador. Jamás pude imaginar que tal expresión iconográfica pudiese levantar ampollas. El caso es que, un par de meses después, una mañana que entré a recoger unos papeles, encontré un cuadro justo en el mismo lugar en el que puse la reproducción del mosaico. De entrada no me molestó, pero me resultó chocante, porque en la pared aún había sitio para poner muchas estampas. Pero lo más surrealista estaba por descubrirse. Se me ocurrió levantar el cuadro y allí encontré a Dionisos. La fotocopia, que yo había pegado a conciencia sobre la pared, permanecía agazapada, oculta a la vista del común. Alguno de mis compañeros, o compañera, se había tomado el trabajo de taparla con la imagen enmarcada de un mapa medieval, que además era un puzzle. El resto de los años que permanecí allí, medité muchas veces por tal desenlace y en ocasiones, como para romper el hechizo de tal sinrazón, levantaba el cuadro y contemplaba con satisfacción el mosaico, porque hay verdades que no pueden ocultarse.




domingo, 5 de julio de 2026

Zorrilla era más diablo que el Tenorio

Zorrilla se quedó en el Tenorio, y ese es el recuerdo que de él tenemos. Sin embargo, su vida es una de aventuras, la de un hombre de acción. Daría para muchas novelas, de enredos y desafíos. Zorrilla, aunque vallisoletano, fue coronado como poeta en Granada, pero allí ya se han buscado otro, que es uno. De su anecdotario queda lo de que era sonámbulo y escribía sus obras cuando creía dormir. Sus exilios a Francia y Mexico, (Méjico para los españoles), amigo de Napoleón III, negrero en Cuba. Un matrimonio con una viuda rica, que le doblaba en años, y muchas, muchas amantes. Amadeo I le concedió la Gran Cruz de Carlos III y en Roma gastó con largueza el dinero de la República. Zorrilla se imaginaba un cuervo, como otro rey Arturo, o que acompañaba a Odín, y sufría epilepsia. Cosas del Romanticismo. Se lo llevó un tumor cerebral y se quedó sin saber del desastre del 98. Su teatro se queda corto, lo que interesa es la biografía.


Hacer camino, lo importante es que la burra ande

Eso del progresismo es como la zanahoria en el extremo de la caña, que sirve para que la burra ande y en realidad no llegue a ninguna parte. Se ha creado una curiosa mística, una devoción ciega por alcanzar el ansiado fruto. Poco importa que el que lleva las riendas llene sus alforjas y no se apee nunca, porque nos conduce en la dirección adecuada, no hay más que mirar al frente.


De cuando Unamuno mató a Don Quijote

De Joaquín Costa se sabe que dijo que había que echar doble llave al sepulcro del Cid, por aquello de olvidar de una vez las glorias del pasado, terminada y perdida la guerra con los yanquis por Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Había que mirar al futuro, era el Regeneracionismo. Pero más aguerrido fue un joven vasco llamado Miguel de Unamuno, entonces estudiante de griego, que gritó aquello de "¡Muera don Quijote!", en la misma tesitura y con propósito semejante al del aragonés. Después, en su madurez, le soltaron lo de "¡Muera la Inteligencia!", e igual le vino a la memoria su dicho y se hizo el longuis, porque la juventud se le había pasado u otra cosa cualquiera, que lo suyo era un ir y venir.



sábado, 4 de julio de 2026

Los apoyos fascistas de Abraham Lincoln

Pocos lo sabrán pero la famosa estatua sedente de Abraham Lincoln sita en el templo a su nombre, en Washington, apoya sus manos sobre sendos fasces, el símbolo romano de la autoridad de los cónsules, que vienen a significar "la unión hace la fuerza". Alguno ya los habrá identificado con Mussolini y el fascismo, por los tiempos que corren; en realidad son coincidencias que no tienen nada que ver. El símbolo del haz de varas, o el de la cruz gamada, hunde sus orígenes en la antigüedad. El asunto parte de la imagen popular de la I República francesa, que surgió de la revolución de 1789, que los pintores galos representaron como una mujer engalanada de atributos de la romana. A. Lincoln fue un firme defensor de la abolición de la esclavitud. Claro que también firme partidario de la libre empresa, y de la expulsión de los navajos. Los EEUU que conocemos son en gran parte creación suya. En España los fasces también figuran en el escudo de la Guardia Civil, y estuvieron presentes en la simbología de la I República. Cualquier día aparece un iluminado y ordena picar esos brazos. 


viernes, 3 de julio de 2026

Ifigenia en tiempos del caudillo

De esas de Estudio 1, el programa de la televisión franquista que ofrecía teatro clásico una vez a la semana, me detengo hoy en la de Ifigenia, versión de la de Eurípides, protagonizada entre otros por Mary Carrillo y Luis Prendes. Para comprender el drama hay que sumergirse en el mundo contradictorio de la antigua Grecia, la razón y la sinrazón en pugna, (por traer de los pelos a don Quijote). El drama del padre que se ve obligado por la superstición a sacrificar a su hija para satisfacer a los dioses y recibir de estos un beneficio, la victoria en la guerra, y de paso el reconocimiento de la sociedad. Es un asunto recurrente en muchas religiones del pasado, en la judía el sacrifico de Isaac o Moisés. La víctima suele salvarse por una manifestación divina, y luego cumple un plan fijado para restablecer el orden o culminar una venganza. En la obra que me ocupa el principal asunto es la lucha interna del que es líder y padre, Agamenón, que se encuentra en esa tesitura y ha de decidir si salvar a su hija o cumplir con el destino fijado por el oráculo. Un hombre religioso no hubiese dudado y habría cumplido con el rito, pero este griego sufre, porque confiesa no creer en los dioses, y no se resigna a que su hija perezca en el altar. Urde una mentira para engañar a todos, y a sí mismo, con el vano objetivo de evitar una muerte, a sabiendas de que esta es inevitable. Al final todo se destapa, se maquinan alternativas, pero nadie escapa al fin establecido por el hado. Los protagonistas quedan fijos como las figuras negras a las panzas de las cerámicas. Sin embargo, sabemos, que, en el caso de esta leyenda, que parece cerrada, se da paso a otra, donde la víctima retorna de una muerte aparente. Por lo que la angustia del padre, y de la madre, en la primera parte, resulta vana, pero en del desconocimiento de este desenlace el delito no se olvida y el odio que generó siembra semillas para venganzas y crímenes sin fin.

domingo, 28 de junio de 2026

El naufragio de las letras

 Es al inicio del verano, en el amanecer de las vacaciones, cuando acuden a la memoria, sin saber muy bien por qué, lecturas de otras canículas, poco significativas, que nos robaron algo de existencia, prestándonos la de otros. Por nostalgia consciente o evocación involuntaria, es difícil decantarse por una. Aparecen a nuestra orilla con el ir y venir de las olas, como los restos de un extraño naufragio, en el que se juntan saldos y tesoros. De este modo he recuperado, en ese revoltijo, piezas de incalculable valor que debí perder en el viaje de la vida, instantes olvidados y convertidos ya en estampas. Poco importa el nombre de sus autores, o el título que las hacía libro, son ahora breves fragmentos de pergaminos mutilados por el tiempo, trozos de papiros quebradizos, imposibles de atar a otros para recobrar su sentido. Ahora descienden suavemente como hojas secas de otoño, hermosas por sus colores desvaídos, que tartamudean brillos, ecos de primaveras pasadas, anécdotas insignificantes sobre el sereno lago de la nada.


jueves, 25 de junio de 2026

De cuando yo me cruzaba con Franco

 Yo estuve codo con codo con Franco, dos o tres veces. No lo digo por presumir, es que fue así. Los domingos por la tarde, después del día de recreo en Ciempozuelos, volvíamos a casa por la carretera de Andalucía. Y en más de una ocasión las lomas y cunetas que conducen a Madrid se llenaban de guardias civiles o guripas de reemplazo. Esta era la señal de que algún pájaro de importancia iba a hacer la misma ruta que llevábamos nosotros. Y solía ser el Caudillo que venía de caza, quizás de pesca, de alguna finca de esas que hay por el sur y sirven para matar ciervos o jabatos con escopeta de dos cañones. En un momento dado, los guardias nos echaban al lado de la derecha, y el carril de la izquierda quedaba vacío. Antes de un suspiro, nos adelantaban a toda velocidad unos coches de alta gama con los cristales tintados. En uno de ellos, nunca supe en cual, viajaba Franco. La comitiva solía cogernos a la altura del Cerro de los Ángeles. Aquel dictador era ya una momia, años 72-73, y no lo digo por insultar sino porque muchas veces he sospechado que lo que viajaba dentro de uno de aquellos vehículos no era aquél sino un pelele de paja, para hacernos creer que aún podía llevar el país, que todavía era el autócrata de después de la guerra. En aquel entonces se hicieron muy populares los ventrílocuos, porque el populacho sospechaba que al pelele lo manejaba alguien. Yo creo que lo sostenía la inercia del régimen.


martes, 23 de junio de 2026

De ilusión vivimos, si nos dejan

Mucho ruido y pocas nueces. Es la historia de siempre. ¿De verdad alguien se ha creído que los pícaros de la política pagarán por sus delitos? Quia. Es cuestión de unos años, tal vez meses. Vienen las demoras, apelaciones, recursos, reducciones, gracias, indultos... Parece mentira que después de lo llovido seamos tan cándidos. Teatro, mucho teatro. Ellos actúan, las representaciones las pagamos siempre los mismos.

domingo, 21 de junio de 2026

Los domingos de quiosco

De los domingos se echa en falta la visita a los quioscos de prensa, que hacíamos con mi padre. Estos eran lugares atiborrados de publicaciones variopintas, en una época en que todo estaba cambiando y muy deprisa. Esos establecimientos eran muy numerosos y se ubicaban en lugares estratégicos, no muy separados unos de otros. También encontrabas publicaciones en el interior de algunos bares, o camionetas aparcadas en una avenida. Se pasaba un rato muy bueno mirando los expositores con lo más reciente, y en la parte menos concurrida abundaban las portadas desvaídas por el sol, de cuando cantaba Marisol o del TBO. En los quioscos también se vendían golosinas y tabaco, creo recordar que podías echar la quiniela. En algunos incluso bollería. El punto final venía cuando se marchabas con un Mortadelo en las manos. Algunos listos se llevaban un Interviú con un ABC de gabardina.