No sé exactamente en cuantos tipos se dividirán los lectores, (y lectoras, que sí), ni los criterios que se a asuman para hacerlo, que pueden ser desde el lugar donde se lee hasta el género que más gusta. El modo puede ser un buen patrón, también, ya puestos, el soporte. He de confesar que he tocado todos los palos, ahora teclas. Pero, para centrarnos, como lector pertenezco al de los muertos, es decir, que leo los de los que ya fallecieron hace mucho tiempo, o menos. Es bien cierto que hoy se publican muchos libros, pero no menos que los antiguos son más numerosos e interesantes, porque en su mayor parte pasaron o pasan un purgatorio, o esperan pasarlo, que algunos llegan más tarde. Es dramático, a ratos, alcanzar a comprender y a asimilar que muchas obras jamás las leeré, por cuestión de tiempo, y paciencia, y dinero. Eso también permite advertir de la inutilidad de intentarlo siquiera. Vendrá un día en que dejaré un libro sin terminar porque la Parca querrá fastidiarme y lamentablemente no conoceré su final. Pero para entonces, lo de la lectura habrá adquirido su verdadera importancia, que es más bien poca. Todo es vanidad.
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martes, 25 de febrero de 2025
lunes, 24 de febrero de 2025
El Yo Claudio de antaño
Yo me acuerdo del Yo Claudio que era la serie de romanos que pasaban por la tele cuando a Franco lo habían enterrado provisionalmente en El Valle. Mi abuela siempre se quejaba de lo malos que eran, porque le resultaban escandalosas sus formas y costumbres. A mi me chocaba lo maquillados que iban, los pelucones, y lo poco que salían a la calle. El actor que hacía de claudio, Derek George Jacobi, parecía más viejo entonces que en otras pelís de romanos más modernas. Es algo que no me quita el sueño pero me hace meditar. El argumento se basaba en las novelas de Robert Graves, sobre Claudio el dios y su esposa Mesalina, pero luego los guionistas añadían y retocaban lo que les parecía, que es lo que suele pasar con las adaptaciones. A mí me gustaron mucho las novelas, pero creo que ahora, si volviese a leerlas, no tanto. Yo me quedé atrancado en su Diosa Blanca y los tomacos de los mitos, porque daba la sensación de que perdía el norte y divagaba más allá de lo que la ciencia permite. Hubo una parodia de la serie que, si no me equivoco, interpretó, entre otros, Pepe da Rosa, en la que eran envenenados todos después de una bacanal. Desde entonces, he de confesar que miro los higos con recelo antes de llevármelos a la boca, no sé si estarán emponzoñados. Por uno de esos se fue Augusto a la tumba. Es una vergüenza como tienen el sepulcro en Roma.
domingo, 23 de febrero de 2025
Un perro llamado Cristo
Le había puesto a su perro Cristo de nombre, porque se lo encontró abandonado y muy martirizado por gente sin corazón. Matías el de la trompeta fue legionario y con ella se ayudaba para pedir limosna. El hallazgo de Cristo le libró de la soledad. Cuando gritaba Cristo, al principio, los que se cruzaban con él en la calle lo atribuían a cosa de su locura. Pero al descubrir que llamaba al can, unos se lo tomaron a risa y otros por la tremenda. Fue una beatona la primera en llamarlo al orden. Pero Matías se revolvió indignado por el atrevimiento.
sábado, 22 de febrero de 2025
El urinario de los salesianos
A meaos olían y mucho los urinarios de los salesianos de Madrid, los que había en el patio, al fondo, lindando con la puerta por donde entraban los autobuses. Es una de las cosas que mejor y aún recuerdo de aquel colegio. Otras eran las horas de medios audiovisuales, la exposición anual de los misioneros o las visitas al salón de actos con motivo de alguna efeméride, esos partidos de gordos contra flacos, e incluso que allí hice la primera comunión disfrazado de marinero, con un silbato de los de verdad colgando del cuello, junto al crucifijo. Por cierto, que a la ceremonia acudió un compañero vestido de monje, el más original. Creo que siempre sospeche que aquellos servicios no los limpiaba nadie, porque invitaban a no asomarse, tal era la fetidez. Es posible que lo hiciesen con manguera, desde muy lejos. Tal vez era intencionado, para que nadie echase allí más tiempo que el que corresponde a una meada o un truño ligero. Así se evitaba el fumeteo o el riesgo de saltarse el sexto mandamiento. Pocas veces pisé yo aquel sitio, porque era insufrible, ya digo. Los Santos Padres de la Iglesia, u otros más tardíos, señalaban el tufo como uno de los más insufribles castigos del Infierno. Les daría la razón si no fuese porque nunca he pasado por allí, espero no hacerlo si el olor va a resultar como el de aquellos.
viernes, 21 de febrero de 2025
The Black Hole, el abismo negro
De cuando la Guerra de las Galaxias, que salieron muchas otras películas de ficción, estaba Alien que se decantaba por el miedo, o ET con la historia del extraterrestre bueno, pero a mí me gustó especialmente la del Abismo Negro, aquella de Disney, porque, aunque modesta en diseños y efectos especiales, se parecía más a lo que yo siempre he entendido como Ciencia Ficción: el hombre, (ahora también se dice "y la mujer"), frente al misterio del infinito, el desafío de lo desconocido y el progreso de la técnica. No era un film que estuviese a la altura de 2001, sino que se asemejaba más a aquella de Forbidden Planet, la del Robby el robot y Leslie Nilsen cuando era galán y no cómico, y terminaba provocando un viaje a la metafísica con tantos caminos abiertos a la reflexión, haciéndonos recordar a un capitán Nemo que había cambiado el submarino por el carguero espacial. A ello ayudaba una banda sonora fantástica, de John Barry, que aún tarareo, que recuerda a otras de Willians, pero con su propio sello. La peli presentaba a unos robots, que lejos de carecer de sentimientos, se cabreaban y todo, rivalizando como jóvenes adolescentes. El choque entre Maximilian, el robot malo, y Vincent, el bueno, era fantástico. Este último parece hoy día un personaje sacado de los videojuegos de Super Mario, y creo que entonces, oscurecido por la personalidad de R2-D2, no fue valorado lo suficiente. Maximilian me recordaba a un oscuro caballero andante, enlatado en su armadura, un enemigo de don Quijote, puestos a imaginar, armado de cuchillas que giraban como molinos. No es ésta crítica sino reunión de sensaciones. Entre los actores, gigantes como Ernest Borgnine, que no hacía de cristiano, o Anthony Perkins, sin el esqueleto de su madre. Qué voy a decir de Robert Foster sino que era el gran secundario de las series de tv. ¿Y de la bella Yvette Mimieux? Por supuesto que me hice con el cómic, el de la editorial Montena. Tal vez sea una película valorada por pocos, pero que interioricé como mía, como viático para formar parte de un club secreto, el de aquellos que se asoman con curiosidad a la oscuridad absoluta y se dejan arrastrar al abismo.
jueves, 20 de febrero de 2025
El rey moro de Molina
Abengalbón, rey moro de Molina, era moro amigo, muy amigo, de Rodrigo, Ruy, Díaz de Vivar, Mio Cid. Y lo recibía con cariño cuando este iba a Valencia a partir unas lanzas con otros caballeros y peones, y paraba en su casa. El cristiano aprovechaba para contarle sus cuitas y la traición de los de Carrión, mala gente donde la haya. El moro levantaba el mantel cuando en condumio cesaba, de carne de cabrito, dátiles y pasteles de miel, y de debajo de la mesa emergían unos músicos, y una bailarina muy rumbosa de pies desnudos, que amenizaban el resto de la velada; ella con danzas y canciones, para retirarse después al jergón con el caballero. Por una ventana abierta al caso asomaba la cabeza Babieca, para no perder punto del torneo, y un negro se encargaba de que no le faltase de comer y beber. Así trataba el bondadoso rey a sus amigos, que Alá lo tenga en su gloria.
miércoles, 19 de febrero de 2025
Safo
Safo, poeta de Lesbos, sufrió el exilio en Siracusa. Era en el sur de Italia donde proliferaban las sectas y comunidades religiosas, (siglos VII y VI a.C.), muchas de ellas creadas por jonios. Una vez que regresó a su patria, puso en marcha y dirigió un círculo para muchachas de la nobleza, con el objetivo del ejercicio de la religión, las artes y la amistad. La escuela se creó al abrigo del culto a las Musas, las Gracias y Afrodita y fue conocida con el sobrenombre de Casa de las servidoras de las Musas. Entre sus preceptos se encontraba por un lado la del rechazo a la guerra y, por otro, la expresión de la pasión amorosa y su comunión con el Cosmos o las fuerzas de la naturaleza. Es posible que existiese alguna relación entre la secta y el orfismo. En una de sus obras, la que narra la pasión por el bello Faón, parece invitar al suicidio por el amor no correspondido. También se asocia su escuela al amor entre mujeres, quizás solo amistad.
martes, 18 de febrero de 2025
El entierro de El Greco
Durante el franquismo El Greco estuvo de moda y se falsificaron muchos grecos, dentro y fuera de España. Para muchos El Greco era sinónimo de modernidad, se había anticipado al Cubismo y el Surrealismo. Eugenio d´ Ors, señalaba sus logros vanguardistas. Dibujantes como Sáenz de Tejada lo imitaban para representar las gestas de la Falange o el requetés, por tipos alargados y místicos. También en París los hubo que con admiración y malicia imitaron al pintor de Creta y colocaron sus pastiches en casas de millonarios norteamericanos, tras embolsarse puñados de dólares. Había que sobrevivir al exilio en la adversa posguerra. A mi padre le gustaba mucho El Greco y un día, en compañía de mi tío Antonio, me llevó a Toledo a ver El Entierro del Conde de Orgaz. Reconozco que me impresionó mucho el realismo de la cara del muerto y le dije a mi padre que cuanto más lo miraba, más me gustaba, porque tal juicio lo había leído en un tebeo, uno de esos de la familia Cebolleta del genial Vázquez. Ese tipo de salidas siempre sorprendían a mis mentores, que no conocían la fuente original, así me gané fama de letrado. En realidad lo que más me gustó de Toledo fueron las espadas, que se vendían en todas partes, pero mi padre no me compró ninguna. No obstante, regresé a Madrid convencido de que lo hacía desde una ciudad fantástica.
domingo, 16 de febrero de 2025
La biblioteca de pega y el busto de Betsabé
Una de las grandes decepciones que me dio la vida fue aquella en la que fuimos de vista a casa de unos amigos de mis padres, que hacía tiempo que no se veían. Calculo que yo tendría unos 14, edad compleja donde las haya. Esta familia tenía unos hijos que yo conocía de años atrás y suponía que su aspecto no habría variado, porque cuando uno es niño ignora que uno y el resto van cambiando, envejeciendo, vamos. La historia es que fuimos a comer a su casa, echar el día, porque además tenían piscina, por lo que sospecho que era verano. Reconocer a los padres no fue problema, pues los adultos cambian más despacio, pero los retoños ya no eran los mismos. El amigo estaba más alto, pero a la hermana le habían crecido unas tetas enormes, y yo no estaba preparado para tal sorpresa. Me quedé tan intimidado que ese día me recluí en el salón de la casa de esta familia, sin atreverme a salir. Y aunque venían a buscarme mis padres o sus amigos a ver qué hacía, no fueron capaces de hacerme mudar de parecer. No era cuestión de dar más explicaciones. Desde la ventana de la habitación, con la persiana bajada casi hasta abajo, miraba de cuando en cuando a mi amiga, que estaba en biquini, y me acobardaba más todavía. Envidiaba a mis hermanos, que se bañaban tan alegres, ajenos al drama que me carcomía. Para matar las horas, que pasaron muy despacio, empecé a escrutar la biblioteca, que era de campeonato, y, por los títulos, muy sugestiva. Enciclopedias y obras completas de autores célebres. Llamaban con descaro a la consulta. La sorpresa vino cuando al querer hacerme con alguno de aquellos volúmenes descubrí que no eran libros, sino bloques de adorno, que estaban huecos por dentro. Aquel hallazgo fue un choque inesperado. Yo no sabía que existiesen tales trampantojos, salvo en la pintura. Dedique el tiempo a tomarlos uno por uno, por si el primero fue cosa de la casualidad, que eran de grupos de cinco o seis, y no conseguí hallar más que una Biblia de verdad y alguno insulso de tema intrascendente. Ese día, pese al desengaño, ni acudí a comer cuando me llamaron, persistí en mi retiro voluntario, confundido y sin otra lectura que la del libro de Samuel, David y Betsabé, cuyo busto no he conseguido olvidar.
sábado, 15 de febrero de 2025
El Re-Reader de ocasión
Han abierto en Jaén, en esa Gran Vía del Desarrollo provincial, tardío, de los 70, Gran Eje le dicen, una librería de segunda mano para perdición de los obsesos del libro antiguo y de ocasión, que se renueva a diario por el intercambio, compra-venta de los susodichos. Re-Read la dicen. Entré con intención de ver y no llevarme nada, y acudí a la casa con cinco tochos para disgusto de la parienta, que me la tiene jurada por cuestión de espacio. Hice promesa de llevar varios de los propios para contrarrestar la invasión, pero no acabo de dar con alguno de los que quisiera desprenderme. De entre los adquiridos, un volumen de poesía del Conde de Villamediana, una burrada de 600 páginas. Era este conde personaje controvertido, sibarita, vicioso y provocador, un Wilde del XVII, y por tanto arrinconado frente a otros más ortodoxos.
"Si miro atrás mi error y desatino
no es poco galardón el escarmiento,
mas ¡cómo tiraniza el sentimiento
cuando el mismo entender saca de tino!"