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jueves, 6 de agosto de 2026

Lidiando con savonarolas

Un Sandro Botticelli ya anciano acudió a las hogueras que levantó Savonarola en Florencia para arrojar al fuego algunas de sus obras de juventud. El dominico hereje señalaba con dedo acusador lo que consideraba excesos del gobierno de Lorenzo el Magnífico, un retorno al paganismo que no era sino un disfraz del Demonio. Condicionado por el ambiente, Botticelli se deshizo de varias de sus pinturas más atrevidas, que fueron devorada por las llamas de la "hoguera de las vanidades", una lumbre encendida día y noche donde se arrojó todo aquello que pudiera ser pecaminoso según el criterio del monje: libros, esculturas, pinturas, instrumentos musicales, ropajes, cosméticos.... Botticelli, como otros artistas de su época, buscaron en la antigüedad inspiración para sus creaciones, y la hallaron en los libros de Filóstrato, donde el autor del siglo III hacía descripciones de cuadros que en el siglo XV ya no existían. A estas alturas no podemos ver los originales que describía Filóstrato, sólo leerlos, ni los que Botticelli y otros pintaron después recreando aquellos. Por desgracia, savonarolas sigue habiendo, con otros hábitos y otras excusas, con esa obsesión por salvarnos a todos en una misma mazmorra.

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