La leyenda morisca cuenta que cuando reinaba el rey godo Recaredo en Hispania, el profeta Mahoma se presentó en Córdoba a predicar su Corán; pero que enterado de que acudía san Isidoro a reprenderle huyó montado en un brioso corcel, que para otros fue alfombra mágica. Esta historia tiene tanta verosimilitud como la visita de San Pablo a la sinagoga de Córdoba, para fundar la primera comunidad cristiana y celebrar misa con fino de Montilla Moriles, para ser más locuaz en la asamblea. O la de Hércules al mercado de bestias que había en la ribera, después de robar los toros del rey Gerión, donde hizo tratos con unos gitanos, para regresar a Micenas cantando al ritmo de una caña abierta en tiras.
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