Zorrilla se quedó en el Tenorio, y ese es el recuerdo que de él tenemos. Sin embargo, su vida es una de aventuras, la de un hombre de acción. Daría para muchas novelas, de enredos y desafíos. Zorrilla, aunque vallisoletano, fue coronado como poeta en Granada, pero allí ya se han buscado otro, que es uno. De su anecdotario queda lo de que era sonámbulo y escribía sus obras cuando creía dormir. Sus exilios a Francia y Mexico, (Méjico para los españoles), amigo de Napoleón III, negrero en Cuba. Un matrimonio con una viuda rica, que le doblaba en años, y muchas, muchas amantes. Amadeo I le concedió la Gran Cruz de Carlos III y en Roma gastó con largueza el dinero de la República. Zorrilla se imaginaba un cuervo, como otro rey Arturo, o que acompañaba a Odín, y sufría epilepsia. Cosas del Romanticismo. Se lo llevó un tumor cerebral y se quedó sin saber del desastre del 98. Su teatro se queda corto, lo que interesa es la biografía.
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