Eso del progresismo es como la zanahoria en el extremo de la caña, que sirve para que la burra ande y en realidad no llegue a ninguna parte. Se ha creado una curiosa mística, una devoción ciega por alcanzar el ansiado fruto. Poco importa que el que lleva las riendas llene sus alforjas y no se apee nunca, porque nos conduce en la dirección adecuada, no hay más que mirar al frente.
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