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viernes, 14 de febrero de 2025

Ruina y decadencia del VIP, o la Puerta del Sol

No hace mucho, cenando en el VIP de la Puerta del Sol, una ensalada de esas que traen de todo lo que te gusta, rememoré por un momento la proclamación de la República, que fue ahí mismo, porque este establecimiento está en una esquina de esa media plaza, donde se comen las uvas de Fin de Año mientras se desviste Pedroche y suben o bajan las bolas, (nunca recuerdo exactamente qué hacen), del reloj del fondo. Y pienso, reflexiono, lo mucho que han cambiado las cosas. Había cola para para entrar, como cuando en Moscú abrieron el primer Mc Donald´s, y gente de todos los colores, que lo hacían más democrático. También hubo un rato que pensé estar en cualquier parte, incluso en Jaén, que también tiene ya uno, y parece más fino. A esto lo llaman globalización, que es la utopía buena. No salió cara la broma, pues es el truco de los pobres y catetos para presumir de dónde hemos comido, y pocos imaginarán que estuve tarareando el himno de Riego mientras tragaba los taquitos de salmón, porque a mí me mataron defendiendo a Riego, asunto que muchos ignoran. El caso es que treinta años antes de la fecha, justo en la acera de enfrente, me compré La historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, de Gibbon, ocho tomos publicados por Turner, una traducción antiquísima, que siempre ha sido mi devocionario, porque había librerías donde ahora venden móviles. Luego me entretuve viendo a un tipo disfrazado de gorila, más divertido que el oso del madroño. El mundo cambia tan deprisa que ya no advertimos que no es el nuestro. Un día, todo esto serán ruinas.


jueves, 13 de febrero de 2025

La galaxia está ahí delante

Es esta una de esas mañanas en las que el Sol y la Luna se miran cara a cara. El primero acude dorado, igual que una moneda de oro, y la otra parece cubierta de nieve, como si sufriese un invierno. El cielo despejado permite el encuentro, que cuenta con la presencia de Venus, que reclama un espacio brillando con fuerza. Contemplas el horizonte desde la azotea y sueñas con que estás en una historia galáctica, pisando las arenas de Tatooine o el hielo de Hoth. La atmósfera está arada de estelas blancas, la huella que dejan los cargueros que parten de Mos Eisley. Miras el reloj un momento y descubres que llegas tarde a Endor, el planeta boscoso donde habitan los pequeños ewoks. Es hora de coger la mochila. No olvides la espada-láser.


lunes, 10 de febrero de 2025

Mallo, la cabra y el oso bailón

Abres la ventana de crear publicación y el face te pregunta sobre lo que estás pensando. En ocasiones nada y otras veces en muchas cosas. Ahora mismo en ver qué se me ocurre para rellenar este campo. He visto un cuadro de Maruja Mallo que me gusta mucho, como todo lo que pintaba ella, pero no me ha convencido la interpretación que de él hacen. El cuadro es el famoso de la mujer y la cabra, que no tiene nada que ver con el asunto de los titiriteros que se acompañaban de una para montar el número en la vía pública. Yo creo que el cuadro, por los innumerables símbolos que recoge, de carácter religioso, pagano o cristiano, no es más que una anunciación de la primavera, pero en un contexto indígena. Pero este tipo de interpretaciones ya no se llevan, porque hay que darle otro giro, aunque sea con calzador y adecuarlo a los tiempos que corren. Las cabras con cuernos de oro eran las de la mitología, Amaltea o la que se vistió en vida con el vellocino que robó Jasón. Ahora es la de la legión, que se los pintan para que brille bonito en el desfile. Yo me acuerdo de los titiriteros de la cabra, que ví por primera vez en Madrid, muy de chico, y luego en otros callejeros de España, por lo que deduzco que incluso los titiriteros pobres hacen turné de tarde en tarde, o por las mañanas. Pero lo de la cabra era nada comparado con la del oso, que sólo tuve la oportunidad de ver una vez, también en Madrid. Un plantígrado muy gordo y cansado, que se movía con lentitud al ritmo de una trompeta, que tocaba un gitano muy bigotudo, mientras una de sus hijas, sin zapatos, pasaba el plato. Imagino que el animalito envidiaba a su colega del madroño. O igual sirvió de modelo al de bronce. Yo me quedé, para mi pesar, en el daño que debía hacerle el aro de la nariz, que ataban con una cuerda, para sujetarlo y hacerle bailar.

sábado, 8 de febrero de 2025

El muro inmobiliario

Lo de Donald en Gaza suena a lo de Sofico en Estepona, aquel negocio inmobiliario perpetrado en la Costa del Sol, que salpicó de mierda al franquismo tardío, pero sin haber levantado el piso piloto de primeras, como entonces, sino reclamando inversiones sobre plano. A Benjamín ya le brillan los ojillos de los billetes que puede producir eso, igual saca para la solería del templo o tapar los boquetes del muro de las lamentaciones. Lo que va a ser todo un misterio es quien va a poner los ladrillos, porque sin palestinos que levanten las paredes no sé de dónde van a sacar a los currantes. Igual han pensado en los inmigrantes latinos que afean la frontera de los Unites Estates y, en vez de en Guantanamo, los acomodan bajo la Cúpula de la Roca y los ponen a hacer cemento. En fin, el caso es que el negocio está en marcha. Pero conviene mirar el lado bueno, igual con eso de levantar resorts de lujo sobre fosas comunes se le olvida lo de hacerse con Groenlandia, cerrar el canal de Panamá o cambiar el nombre del golfo de México. Claro que, también, puesto a inventar, se le puede ocurrir llamar al Mediterráneo, mar de Israel o algo por el estilo. A ver con qué sorprende ahora a Rusos y Ucranianos, es un mago sin chistera.


viernes, 7 de febrero de 2025

Imperios, fobias y otros dramas

Es curioso el hecho de que España, (digamos Castilla por no herir susceptibilidades), inició su apogeo como potencia internacional con la expulsión de los judíos, pueblo que se dedicaba a la usura. Habrá quien se altere y rápidamente señale el descubrimiento de América o la conquista de Granada, todo en el mismo año de 1492, como razón más sólida. Pero el caso es que también es llamativo el dato de que los reinos peninsulares iniciaron su decadencia con la expulsión de los moriscos, trabajadores agrícolas, (1609). Son este tipo de dramas, las deportaciones de pueblos en masa, los que han alimentado durante siglos la leyenda negra del país, y de ahí su justa condena. Sorprende ahora, sin embargo, que tales usos sigan en práctica o vayan a materializarse, como en buena serie de ciencia-ficción, en otros puntos del planeta. La Historia se estudia para evitar los errores del pasado pero, convertida en chicle y a meced de los políticos de todo signo, para poco es útil, salvo para escocer.


martes, 4 de febrero de 2025

Romperse un brazo era sinónimo de popularidad

Era habitual cuando yo era niño andar lesionado. Raro era el chicuelo, macho u hembra, que no tenía heridas las rodillas, tintadas de mercromina o cubiertas de costra de diversas tonalidades del rojo al verde. Por entonces el pantalón o la falda cortos ambos causaban furor, incluso en invierno. También quedaban marcados los codos y, por supuesto, la cabeza; raro era el que no escondía bajo el pelo alguna brecha producida por una piedra traicionera o un columpio bailón. La vida se desenvolvía en la calle, entre juegos más o menos violentos, siempre de riesgo, pero muy divertidos. Sinónimo de popularidad era romperse un brazo y acudir con él escayolado el día siguiente al colegio. Todo el mundo te rodeaba e incluso la señorita maestra te acariciaba el pelo y se preocupaba por tu salud, y le dabas pormenores ante la atenta admiración de la clase. En pocos días el blanco inmaculado del yeso se transformaba en un sucio lienzo repleto de pintadas de todos los familiares y amigos. Había gente que aprovechaba el armazón para defenderse, a modo de escudo, si se metía en una trifulca, o partía nueces para chulear de la dureza del engrudo. Lo normal era que el que se rompía un brazo volviese a sufrirlo, era difícil andarse con cuidado en una calle tan agitada, sin móviles ni nada de eso, todo a base de carreras y saltos, y el miedo era poco. Yo nunca me partí un brazo, pero lo deseé muchas veces, por envidia. Y simulaba caídas y llantos para llamar la atención, pero siempre era destapado al rato. A veces pienso que era un poco gilipuertas haciendo aquellas cosas, aunque en nada comparables a las idioteces que se hacen de adulto, que son más gordas, y me perdono.



domingo, 2 de febrero de 2025

Oro nazi. Epílogo.

Ya a la venta Oro nazi, novela completa.

Para conocer el final de esta historia.



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Sacrifiquemos un moco a Esculapio

Mi tío Miguel no es que fuese irreverente, sino que era un tipo hercúleo que no sabía medir su fuerza y así, en cierta ocasión, por ejemplo, en su más tierna adolescencia, luchando con un pollo, que iba a desplumar para hacer caldo en una olla con él, se le fue la mano y le arrancó la cabeza. Dejó las paredes del patio salpicadas de sangre sin comprender muy bien qué es lo que había sucedido. Lo contaba mi madre en ciertas ocasiones, a cuento de algún suceso semejante, pero menos sanguinario, protagonizado por alguno de nosotros, casi siempre mi hermano. Desde que escuché la anécdota la recreé en mi mente, y no tardé en buscarle algún tinte mitológico o sacro, y me acordaba de los pollos que se sacrificaban en Atenas a Asclepios y en Roma a Esculapio. Pero también del gallo que cantó a Pedro su traición contra el Mesías. Y acariciaba la posibilidad de que el de mi tío era descendiente de aquel y así su linaje había recibido justo castigo, por delator. Pero la anécdota que pensaba contar era otra, aunque pudiera guardar relación religiosa. Fue un día en que, acompañado de mi tía Maricarmen, se plantaron en una tienda muy fina de Madrid donde vendían objetos decorativos. Se conoce que pretendían comprar un regalo para alguien de postín, con afán de demostrar su poderío. Dio la casualidad, puesta allí por el diablo, de que había una mesa con unos niños jesuses muy monos y mucho más caros; y a mi tío le entró gana de estudiar uno de cerca, con tan mala fortuna, por lo frágil que era, que lo decapitó sin propósito, haciendo palidecer a mi tía. Pero como era hombre avezado en lides semejantes, por experiencia, no paró mientes en sacarse un moco y soldar el estropicio, para escándalo de mi tía, aunque calló sabiéndose cómplice del sacrilegio. Dejaron la figura como la encontraron, en compañía de sus semejantes y salieron por piernas del establecimiento. Cuando rememoro esta última, que nos narró mi tía a los pocos días, pensé en Herodes, pero también en el moco que alguien pondría en los altares. Es una pena que ya no esté para contarnos esta y otras que se guardase.


sábado, 1 de febrero de 2025

Nadiuska era tan bella como mi abuela

Bajé a comprar el periódico, cuando se llevaba, y me encontré con Nadiuska, era lo que narraba Umbral para hacerse notar, escondido tras una bufanda roja que arrastraba, y daban ganas de pisársela, los días que hacía frío y España transitaba hacia la democracia. A mí me gustaba Nadiuska, porque era muy guapa. Imagino que a él también. Era una belleza de Ciencia Ficción, pero sin IA y nada de eso, sino natural. Le mirabas la cara y te quedabas como tonto. Mi abuela, para restarle importancia, decía que las guapas de su tiempo eran guapas de verdad, pero que las de ahora todas iban parejas con tantos aceites y potingues. Aquel "ahora" suyo quedó ya muy lejos, no se estilaban los gimnasios ni la estética de quirófano, pero imagino que su juicio sería igual de severo, si hoy saliese a dar un paseo. No hay más que decir que llamaba guarras a las que asomaban por la tele en los anuncios de compresas. Un día que le pregunté cómo había nacido el niño Jesús me respondió que por la boca de la Virgen, cosa que me sobrecogió bastante, la verdad, y todavía recreo en mi mente con mi imaginación de niño. Ya más grandecito, en otra ocasión, mi primo me dijo que no se creía lo de cómo se hacían los niños y yo le insistí en que era verdad, pero sin detalles, lo escuchó mi abuela y puso el grito en el cielo, quiso lavarnos la boca con un estropajo, por lo que destapó que yo llevaba razón. Un día, sin embargo, muchos años después, cuando estaba a punto de no reconocernos más, nos contó que ella había sido muy guapa de joven y se sostuvo el pecho con ambas manos después de arremangarse, mientras se estiraba para explicarnos lo derecha que andaba. Fue un momento delirante y entrañable. Incluso mi hermano la jaleó. Creo que mi abuela era en el fondo otra Nadiuska, pero con otro estilo.