En esa casa parecía no vivir nadie desde hacia años. Sin embargo, salía un reguero de sangre por debajo de la puerta. En el suelo había una llave y probablemente la abriría. Ese día podía ser uno de tantos, por esa calle había pasado cientos de veces. Pero aquella circunstancia lo trastocaba todo. Era uno de esos momentos en los que la vida parecía ofrecer una oportunidad a lo desconocido. No era cuestión de pararse a pensar demasiado. O lo tomas o lo dejas, se dijo.
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domingo, 14 de junio de 2015
jueves, 11 de junio de 2015
El día del oso mantecoso
Era el día del oso mantecoso, que así le conocían en el pueblo y alrededores. Nadie sabía a ciencia cierta el por qué de tal celebración pero lo cierto es que no había día a lo largo del año que alguien no hiciese planes al respecto. Por así decirlo, era cita obligada para todos los del lugar, incluso para los vecinos y vecinos de los vecinos que parecían contagiarse con la fiesta, que en eso terminó convirtiéndose.
Comentaban las comadres que la costumbre tuvo origen el día que un oso asomó por la granja de Smith el herrero. Pero otros, como el reverendo Jack Palmer, afirmaban que fue en la iglesia, durante el culto. El caso es que el oso vino atraído por la manteca que por alguna razón estaba presente, ya sea en la cocina u otro lugar de la granja o quizás en el altar de la iglesia. Y fue entonces cuando la madre de Smith o la soprano del coro, armada de una escoba una y de un cirio pascual la otra, expulsaron al oso a base de golpes.
Desde entonces, ya digo, la gente se congregaba en la plaza del pueblo y armados de cepillos, velas, palos o gruesas barras de metal se adentraban bosque a dentro en busca del oso ladrón y pendenciero.
Hacía muchos años que osos no se veían en kilómetros a la redonda pero los paisanos no cejaban en su empeño y batían el bosque sin contemplaciones. Y rara era la noche de ese día en la que no volvían cubiertos de polvo, hojas y sangre, incluso cargados con algún trofeo de huesos o carne informe.
martes, 9 de junio de 2015
Nocturno
En en pico más alto de la montaña más oscura había una casa. Por supuesto que jamás nadie hizo noche en ella. Incluso los montañeros mas intrépidos preferían acampar al raso. El caso es que durante lo que duraba la noche siempre se advertía una nítida luz en una de sus ventanas. Algunos decían haber visto a un tipo muy delgado merodear por los alrededores y otros que una máscara flotaba en la oscuridad.
Andando el tiempo levantaron un puente sobre el desfiladero y la casa desapareció bajo el ruido del tráfico. De los dos sujetos no volvió a saberse.
domingo, 7 de junio de 2015
Invasión
Siempre tan preocupados por la posible invasión extraterrestre que finalmente los humanos decidieron convertirse en invasores.
Los tres lobitos y el cerdo voraz
Eran tres hermanos lobo que vivían en una pequeña aldea. Los tres trabajaban en el campo y eran muy felices. Sus tierras daban buenos frutos. El cielo era azul y las aguas del río cristalinas.
Un día vino un cerdo muy gordo vestido con una chaqueta muy elegante, un sombrero de copa y fumando un gran puro. Pronto descubrieron que aquel tipo iba a ser su vecino. El cerdo levantó una fea fábrica con una chimenea muy muy alta por donde salía un humo muy muy oscuro. El cielo se volvió morado y el agua del río negra.
Los tres hermanos lobos comprobaron que sus cultivos ya no tenían la apariencia de antaño. Las plantas estaban marchitas, apenas daban frutos. Entonces decidieron ponerle un gran tapón a la chimenea de la fábrica. Así, aprovechando la oscuridad de la noche, mientras el gran cerdo dormía, subieron a la torre y taparon su boca sin que se enterase.
Al día siguiente, temprano, el ruido de las maquinas empezó a sonar, y el humo a subir por la chimenea. Pero como estaba tapada, terminó por explotar llevándose todo por delante.
Después de la explosión, comenzaron a llover salchichas. Caían cientos de ellas sobre el campo. Y los tres hermanos corrieron por cestas para recogerlas. Desde aquel día, los lobos dejaron de ser vegetarianos.
Con el tiempo, la maleza se fue apoderando de las ruinas de la fábrica. El cielo recuperó su color azul y el agua perdió el negro.
sábado, 30 de mayo de 2015
Gonzalo Torrente Ballester
A Gonzalo Torrente Ballester, lo conocemos en España los más viejos porque lo asociamos a aquella serie de Televisión Española que se titulaba Los gozos y las sombras, una adaptación a la novela homónima del autor.
Después de esa primera iluminación, recordamos otras de sus grandes novelas : Crónica del rey pasmado, llevado a la gran pantalla, Filomeno a mi pesar, La isla de los jacintos cortados, o La muerte del decano, entre otras.
El gallego era muy aficionado a los magnetofones, esos aparatos de nombre tan extraño que servían para grabar sonidos en cintas magnéticas y hoy sólo son un recuerdo, pero que él coleccionaba. Más de uno de sus libros se fijó en esas cintas antes de ser escrito. Novelas... y fantasmas, todo hay que decirlo.
La caricatura que adjunto iba destinada a un concurso, pero como soy de los que no tienen mucha suerte en esa clase de eventos he decidido colgarla para disfrute y escarnio de quien por aquí quiera asomarse, pues mejor galería internacional que ésta no conozco otra.
sábado, 25 de abril de 2015
La hermana de piedra de Zahara
De piedra tenía una hermana Zahara, princesa de la corte de los califas, que en todo se le parecía excepto cuando el fresco del Guadalquivir trepaba por los muros de palacio agarrándose a la yedra hasta su estancia, y a ella le entraban sofocos y temblores por todo el cuerpo. La de piedra permanecía muy quieta mientras Zahara se abrazaba con todas sus fuerzas a los cojines de la cama y se tapaba con los cobertores de seda y lana, y jadeaba del esfuerzo para entrar en calor.
Un día asomó el califa con la guardia de los mudos y persiguieron al intruso, que se refugió en la ribera junto a su padre el río. Como la caza fue vana, volvió el rey por donde se había venido y, para calmar su enfado, golpeó la cara de la estatua con el mango de su espada hasta partirle la nariz.
De las dos hermanas sólo queda la de piedra, que asomada a la muralla contempla el río aún. Y observándola a ella podemos imaginarnos el rostro de Zahara, pues incluso después de aquella noche ambas conservaron el parecido como dos gotas de agua.
sábado, 18 de abril de 2015
El ejército de Aníbal
Aníbal, el púnico, juró de niño guerra eterna a Roma. Se ve que la cosa venía de familia porque los Barca ya le tenían de antiguo saña a los romanos. El caso es que una vez invadida Iberia, los de Cartago rumiaron atacar Roma por sorpresa. Sin hacer mucho ruido, salvo un escándalo de narices en los alrededores de Sagunto, Aníbal reunió gente de entre los íberos y celtas para que viesen a unos elefantes que le acompañaban. Con la excusa de mostrarles a los indígenas la utilidad de los paquidermos como transporte, les invitó a hacer hiking por los Pirineos y después los Alpes. Una vez que se vieron en la Península Itálica, les dijo Aníbal de arrasar todo aquello, pues después de tan fría aventura había que entrar en calor y no era cuestión de haber hecho el viaje en balde. Diez años recorriendo ambas vertientes de los Apeninos matando, violando y robando, convirtieron en hispanos a aquellos íberos y celtas, y lo curioso es que al regreso a la piel de toro, muchos ya lo hicieron como romanos, sin haber pisado la capital. Cosas de la civilización.
sábado, 4 de abril de 2015
miércoles, 1 de abril de 2015
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