Envió Alá una camella a los habitantes de Tsamud como prueba de que era el dios único. A esta la hizo nacer de una piedra. La camella bebía de una sentada el agua de un pozo, y después llamaba a los hombres para que la ordeñasen. No había hambre entre las gentes de Tsamud porque de la camella sacaban cuanta leche querían. Pero como era gente orgullosa y descreída, decidieron un día matarla. No temieron la venganza de Alá, que les envió un terremoto. La camella dejó una cría, y Alá se la llevó a cielo. Testimonio dejó el sabio Samajschary, que vio la piedra de donde nació la camella con sus propios ojos.
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