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viernes, 25 de enero de 2008

Estoy con Calvo.

La de más abajo es una entrada en plan coña.
Lo digo para todos aquellos que no saben como las gasto.
No es mi intención ofender a nadie y menos a la gente que aprecio.
Perdón Alberto.
Y ésta es mi contribución al Cretino.


jueves, 24 de enero de 2008

Otra dimensión.


Viajar a otra dimensión estuvo de moda hace unas décadas. Quizás lo esté ahora también. ¿A dónde se iba uno exactamente? Parece ser que a ninguna parte en concreto sino a sitios bastante parecidos a lo que ya conocemos. Lo único novedoso es que en aquella otra dimensión había más monstruos atrapados en el espacio tiempo y alguna que otra señora de formas voluminosas de esas que no agradan a las feministas y que había que traerse de vuelta si uno quería mojar. En fin una, cosa muy triste.

martes, 22 de enero de 2008

Exposición de SUPERMAÑO en Córdoba 1991.

Calvo fue parte del paisaje de las Jornadas del Comic de Córdoba allá por los 80 y parte de los 90. Ahora que desde el Cretino le homenajean tantas figuras del comic patrio, me vienen a la memoria aquellos entrañables días. Allí estuvo, sí señor, Calvo, uno de los grandes representantes de la línea chunga meneándose y confundiéndose con celebridades del mundo mundial comiquero. A muchos de los aficionados de entonces no dejaba de chocarnos su constante presencia, año sí año también, y yo creo que fue porque le gustó la ciudad de los califas. Eso o que Miguel Lara le tomó cariño. Y le debió de tomar cariño porque amenizaba más de una mesa redonda de esas que se hacían muy largas. La verdad es que le daba un punto singular a todo aquello: primero veías a Hugo Pratt muy seriote pillao entre las callejas y luego a Calvo copichuela en mano diciendo disparates. Eran unas jornadas de contrastes.
¿Dónde fueron aquellos días? ¡Qué pena!

lunes, 21 de enero de 2008

Serranilla.

A Don Íñigo López de Mendoza me gustaría verlo ahora, cruzarse con alguna serrana por el monte. ¿Me pregunto si andaría tan locuaz como antaño? ¿O si realmente andaría? Igual fue todo inventado. No hay que fiarse de los que pierden el tiempo en escribir, los que caminan son otros.

viernes, 18 de enero de 2008

La iguana va de compras.


Se enteró de las rebajas y, ni corta ni perezosa, salió a la calle con ganas de hacerse con un bolso nuevo. De piel de lagarto, dice que le gustan. Lleva varios días sin comer y mejor no llevarle la contraria. Ha oído que en el Corte son baratos, pero eso es mentira. Si descubre el pastel es capaz de morder alguien.

Carta de Ferecides a Tales.


«Tengas buena muerte cuando te tocare el día fatal. Hallábame enfermo cuando me vino tu carta. Estaba todo cubierto de piojos y con calentura. Ordené, pues, a algunos de mis domésticos que, en habiéndome enterrado, te llevasen mis escritos. Si te parecieren bien a ti y a los demás sabios, podrás publicarlos; pero si no, no los publiques. A mí no me gustaban mucho por no haber certeza en las cosas; pero ni yo prometo en ellos esto, ni sé hallar lo verdadero. Acaso habré explicado algo acerca de los dioses; importa entender lo restante, pues yo no hago más que insinuar las cosas. Agravándose más y más mi enfermedad, ni admito médico ni amigo alguno; pero estando ellos fuera de la puerta, y preguntándome cómo me hallo, saco un dedo por la cerradura y les manifiesto el gran mal en que estoy. Los he ya amonestado concurran pasado mañana a celebrar el entierro de Ferecides


Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.


Traducción de José Ortiz y Sanz.

jueves, 17 de enero de 2008

Bobalías.


Por las sierras de Moncayo
vi venir un renegado:
Bobalías ha por nombre,
Bobalías el pagano;
siete veces fuera moro
y otras tantas mal cristiano
y al cabo de las ocho
engañólo su pecado,
que dejó la fe de Cristo,
la de Mahoma ha tomado.
Este fuera el mejor moro
que de allende había pasado.
Cartas le fueron venidas
que Sevilla está en un llano;
arma naos y galeras,
gente de a pie y de a caballo,
por Guadalquivir arriba
su pendón llevan alzado.
En el campo de Tablada
su real había asentado
con trescientas de las tiendas
de seda, oro y brocado;
en medio de todas ellas
está la del renegado:
encima, en el chapitel,
estaba un rubí preciado,
tanto relumbra de noche
como el sol en día claro.


Anónimo, Romancero Viejo.