En la feria del libro de mediados de los 70 había muchas casetas y hacía mucho calor, es el recuerdo que tengo de cuando en la infancia visitaba aquella, y tenía la oportunidad de conocer a todos los que volvían del exilio, unos señores muy mayores y muy pacíficos, que nos trataban a mi hermano y a mí como a nietos. Alguien tuvo la ocurrencia una vez de cambiar la feria de sitio y plantarla en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo, creo que en el 79. Allí tuve ocasión de ver en vivo a María Luisa Seco, que era la presentadora de los programas infantiles de la tele, como el de Luis Ricardo, el de cantidubi dubidubi, cantidubi dubidá, que era un remedo de Frankenstein pero a la española. Allí, en la feria, la Seco firmaba libros de cuentos de cosecha propia, y no había cola, porque creo que daba corte acercarse. La pobre murió unos pocos años después. En esa feria, cuando nos marchábamos, se nos metió un tipo por la ventanilla del coche, que venía vendiendo una revista alternativa, un fanzine cultural de entonces. Y estuvo intentando convencer a mi padre de que se lo comprase. Para conseguirlo recurrió a nuestra complicidad.
- ¡Qué rácano es vuestro padre! - dijo, lo que nos hizo mucha gracia, porque el tío era como Vito Quiles, o uno de esos, pero sin móvil.
El caso es que le estuvimos siguiendo la comedia hasta que perdió la espontaneidad, pero mi padre no picó y lo dejamos allí plantado, para que se emplease con otro. Y luego, una vez que se libró del sujeto, nos fue contando que el día anterior también le habían intentado vender otra revista en el aeropuerto, unos del Hare Krishna con cascabeles, pero que se defendió igual del asalto. De ese día del aeropuerto también nos dijo que había visto a Umbral, con una corbata muy larga de color rojo al cuello, que llevaba arrastrando por el suelo; y que mi padre, nos confesó, había estado tentado de pisar.
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