Dicen los escritos, de aquellos poetas que conocieron la bohemia de la Puerta del Sol, - antes del triunfo de la mujer de la capucha colorada y el pecho desnudo- , que no era extraño encontrarse a los hermanos pobres del oficio, sucios y hambrientos, mendigando monedas.
- Maestro, ¡qué buena su última obra! Cada día escribe usted mejor. Dedíqueme su último libro ¿No tendría usted unos dracmas? Es para hacer una libación a Baco... A Apolo también, por supuesto.
Y el celebrado daba sus monedas al émulo de Homero o Belisario, por ser ciego como ambos, y luchador como el segundo.
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