Recuerdo tengo de una vez que hice un examen de Historia del Arte en la Universidad de Córdoba, donde estudié, sobre el Barroco, y cayó una pintura de Frans Hals, que yo tomé por otro de Rembrandt. No me negaréis que el estilo de ambos guarda cierta semejanza. De ahí vino mi equívoco. Lo cierto es que, pese a este preámbulo, he de reconocer que cuando vi la estampa descubrí mi ignorancia en lo que se refiere a obras y autores, y, como era mi costumbre, (antes escribir que dejar un papel en blanco), opté por hacer un retrato lo más pintoresco posible del personaje, de bigotes don juanescos, que, sonriente, levantaba en alto una copa de vino claro o tinto, (la fotocopia era mala), sentado en una silleta baja y balanceándose con peligro de caer de espaldas. Vestía al modo de los mosqueteros, con sombrero de ala ancha y pluma, botas de corsario y florete al cinto. De este modo, no le di nombre, pero describí su carácter y las circunstancias que pudieran haberlo conducido hasta allí, imaginando las mil aventuras, duelos de capa y espada, a pistolones, que pudieran haber envuelto su odisea. Creo que tal epopeya podía haber pasado por una de las aventuras del Capitán Alatriste, con la ventaja de que aún no habían sido escritas. De esta guisa creo que llené unos folios, pongamos cinco, con la letra muy grande, encadenada, influido por las clases de Paleografía y Diplomática. El esfuerzo, fue considerable, pero no conseguí el aprobado. Tuve ocasión de repetir el examen, ya con otro motivo, y más conocimientos, por lo que, aunque mejor mi nota, fue menos brillante, pues me limité a decir lo que en los libros explicaban los sabios. Es una pena no conservar aquel testimonio, de tales licencias y atrevimientos, que fueron muchos y jalonaron mi carrera, y aún practico cuando decido salirme del plato. En vano he buscado años después la imagen en cuestión y he llegado a la conclusión que igual fue sueño o engaño, o tampoco de Hals sino de otro, porque la de Arte para suspender era especialista.
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jueves, 26 de febrero de 2026
miércoles, 25 de febrero de 2026
Therians y otras plagas
Ahora se lleva lo de los therians, pero cuando yo era un jovencito con granos lo que molaba era hacer el robot en la discoteca. Hay que reconocer que George Lucas y su C3PO hicieron mucho daño entre los adolescentes de los 70. Bien es cierto que también había gente que hacía el Chewbacca, pero menos. También es verdad que el presentador de Aplauso, Nacho Dogan, aportó su granito de arena, haciendo el androide, o el mimo, que igual era eso. El caso, y es a lo que vamos, que con los travoltas se mezclaban los 3peos, y no cesaba la marcha. No es por vacilar ahora, pero yo hacía muy bien el robot, y ni te cuento cuando vino el robocop. Igual también llevaba entrenado algo por lo del Mazinger Z, todo hay que decirlo, por lo del fuego de pecho y puños fuera, que se decía, antes de echar a volar. Lo cierto es que pese a tanto meneo metálico, (y recuerdo ahora al del jardín botánico y su sintonía), quizás aquello de hacer el androide galáctico era menos alarmante que hacer el perro o el gato en las redes sociales. O igual no. Laissez-faire, es lo que prima ahora. Mientras hagan el perro pachón no parecen peligrosos, igual si les da por hacer el dóberman la cosa cambia. Por si las moscas conviene llevar en el bolsillo unos premios, o unas bolsas para excrementos si adoptamos a uno en lugar de a un mendigo.
domingo, 22 de febrero de 2026
La pintura escatológica
Don Manuel, el maestro republicano que abrió escuela junto al pilar de la torre, en el barrio de la Cava de Úbeda, (eran los 50), hombre respetuoso y fiel a su credo, trataba a sus alumnos con condescendencia y comedimiento. En cierta ocasión, cansado de las tropelías que se cometían en los servicios, tal vez por lo caro que estaba el higiénico o debido a la escasez de cantos, dejó expuesto un letrero sobre el retrete como aviso a los reincidentes:
“Si la mierda es la pintura
y el dedo es el pincel.
¿Por qué no te pintas la cara
y no ensucias la pared?”
Poema instructivo que sus viejos alumnos, que saltan a horcajadas por encima de los 80, aún recuerdan y entonan con cierta melancolía y mucho humor, si la ocasión se presta a ello.
La IA eran mentiras
Tal es la cantidad de vídeos paridos por la IA que ya no me fio de ninguno que veo, sea o no de esta. Al principio descubrías sus torpezas y los descartabas. Después lo absurdo de su argumento te hacía sospechar. Ahora no puedes hacer distingo y lo obvias venga de donde venga. La conclusión es que, de aquí a unos pocos años, las imágenes dejarán de ser testimonio de la realidad y las tomaremos por divertimento o fantasía. Vienen años de escepticismo.
La Clave y los rusos
La Clave era un programa que emitían muy muy tarde en la tele, los sábados creo, y tenía una sintonía muy misteriosa. Como yo era un niño solo me tragaba la presentación y el principio de la película, tuve que esperar algunos años para poder sumergirme en su magia. En torno a aquella se hacía un debate después entre los invitados. Eran los años de La Transición y cualquier asamblea donde la gente se pudiese expresar con cierta libertad tenía mucho morbo. La mayoría de los tipos que allí se juntaban fumaban mucho o se tomaban unas copichuelas, que igual eran agua. Recuerdo que un día se dedicaron al asunto de la Guerra Fría y acudieron al debate un general norteamericano y otro ruso. La película era una de una serie de varias sobre la II Guerra Mundial rodada por los soviéticos, porque el presentador, Balbín, comentó que americanas ya habíamos visto muchas. Aquella peli contaba la historia desde el punto de vista ruso, en concreto se ocupaba de la caída de Berlín y el final de la guerra. Hubo una cosa que me llamó mucho la atención y es que Hitler no era retratado como un loco sino como cualquier ser humano. Las pocas veces que salía en pantalla lo hacía del modo más formal y comedido. Desde aquella ocasión no he dejado de darle vueltas al propósito de tal enfoque, y me da por responder como Astérix, "estos rusos están locos", o lo estaban.
jueves, 19 de febrero de 2026
La muerte de Ulises
Lo que no se cuenta de Ulises es que fue asesinado por su hijo Telégono, que también lo era de Circe, la maga de los cerdos. Telégono, cuando se hizo hombre, viajo hasta Ítaca para conocer a su padre, y no tuvo otra ocurrencia que robarle parte del ganado sin reconocerlo. Hubo una riña entre ambos y esta acabó con la muerte de Ulises. Telégono lloró amargamente por la pérdida, que descubrió de este modo tan dramático. El final de la historia es tan singular como que se terminó casando con su madrastra, Penélope. Y contando ambos con el beneplácito de su madre, Circe.
miércoles, 18 de febrero de 2026
El niqab y la semilla
Yo tuve una alumna muy estudiosa, aplicada y trabajadora. Coincidimos en aulas y pasillos 6 años. Cuando terminó el bachillerato la animé a seguir estudiando. No entraba en sus planes. No acudió a la graduación ni a despedirse. La última vez que la vi fue en el hall del ies cubierta por un niqab; y porque me dijeron que era ella. Se convirtió en una sombra. En ocasiones me cruzo con mujeres vestidas con esa prenda y me pregunto si alguna será aquella. Las religiones levantan muros muy altos, pero soy de los que creen que las semillas germinan incluso a los pies de estos, y que sus raíces tienen fuerza suficiente para tirarlos abajo.
martes, 17 de febrero de 2026
La eternidad pasada
Existe un miedo a la eternidad futura pero no al abismo del pasado, tal vez porque imaginamos que quedó atrás y no es posible sumergirse en él, salvo asomarse a su brocal, y hasta donde alcanza la luz del sol o nuestras linternas. Y quizás lo interesante sea andar este porque explique el presente y el que esté por venir. El uno produce despreocupación, el otro desasosiego. Tal vez debiera ser al contrario, porque quizás lo terrible sea el origen y no lo subjetivo del pronóstico.
domingo, 15 de febrero de 2026
Mecanópolis
Mecanópolis es un relato fantástico de 1913 escrito por don Miguel de Unamuno, que nada tiene que ver con lo que nos tenía acostumbrado en el bachillerato, la trágica existencia o la tía Tula, ni con lo de "vencer y convencer", que no era suyo sino de Víctor Hugo. Es un relato de ficción, apto para servir de argumento a un juego de aventura gráfica. No es más que una historia en la que la realidad descrita bien pudiera ser sólo un sueño, o una pesadilla, pero también una realidad material, con un mensaje claro sobre la deshumanización que provocaría el triunfo de la máquina. No deja de ser una curiosidad, pero tampoco un aspecto de la vida literaria del celebrado profesor de griego que debiera obviarse.
viernes, 13 de febrero de 2026
Predator badland
Predator Badland es ese tipo de peli que te hubiese gustado ver en el cine de tu barrio, cuando podías hacer la colección de cromos o comprarte el cómic de Bruguera, en las primeras filas, motivado por los cartelones gigantes y las fotos que se ponían en la burbuja de la taquilla. Hay filmes que te trasladan a los buenos ratos que te proporcionó la vida cuando todas tus preocupaciones pasaban por reventarte unos granos frente al espejo, vestir una cazadora negra como la de Travolta o mirarle las piernas a la de Inglés, que estaba muy buena. Para mí esa es la magia del cine, hacerme volver a sentir sensaciones que me rejuvenecen, que me invitan a salir dando saltos cuando llega el final e imaginar que voy a luchar contra alguna criatura gigantesca en un planeta muy, muy lejano, sin salir de este.
Volar muy alto
Son los días de viento los que invitan a salir volando o a que vuele todo, y muy alto. Si es lo malo, mejor que lo bueno. A Ulises le dio Eolo una crátera que guardaba todo los vientos, con el fin de que ninguno le importunase en su regreso a Ítaca, salvo el que soplaba en su beneficio. Sin embargo, su tripulación, aprovechando que dormía, destapó la vasija y los liberó a todos; y el viaje se convirtió en una montaña rusa en perjuicio de los viajeros, que perecieron, salvo el protagonista, después de muchas vicisitudes. Si en vez de Homero, la historia la hubiese escrito Luciano de Samosata, el barco habría terminado en la Luna, y la aventura terminado de otro modo. La cosa es que escuchándolo mugir, al tiempo que levanta tejados o arrastra árboles, apetece que te traslade a otros escenarios no menos fantásticos, al menos con la imaginación.
lunes, 9 de febrero de 2026
Las viejas sillas
Eran las sillas de casa de mi abuela, una a una, obras de arte. No había dos iguales sino ejecutadas por manos distintas. Tarea de artesanos no profesionales, pero de habilidosos. Feas en su ejecución, pero firmes para sostener y resultar cómodas. No había dos patas iguales, ni dos travesaños idénticos, incluso la red de cuerda que servía de asiento dibujaba de un mismo patrón diversas versiones al trenzarse. Lo normal es que cojeasen, y así permitían el balanceo. Unas más altas que otras, más o menos anchas. Siempre distintas. Acomodadas a los rincones del patio, junto a la cuadra, a un lado de la pila o bajo el pitiminí. Asientos del pasado, irrepetibles, como los ratos de sosiego que dieron a nuestras espaldas cuando nos reuníamos a vernos vivir y parecía para siempre.
domingo, 8 de febrero de 2026
Las sombras fuera de la caverna
Platón se equivocaba al afirmar que la realidad que vemos no es más que una burda copia de la original, que es bella pero alejada de la prisión que encierra nuestra alma. Y de este modo solo podemos ver vagas sombras de aquella. Me bastó ver la de un árbol seco proyectada en una pared para advertir su belleza. Mientras que el álamo mostraba sobre su corteza las heridas producidas por las inclemencias del tiempo, dibujaba sobre el muro una imagen perfecta de su silueta. Deduje entonces que es la sombra que depositamos en el mundo sensible la belleza a la que aspiramos, por su simplicidad y sugerencia.
sábado, 7 de febrero de 2026
Cuando hablan sube el pan
Es llamativo el número de boutades que los políticos sueltan durante, antes y después, de las elecciones. Ingeniosas salidas que distraen de los problemas reales que nos preocupan. Hoy la barra de pan estaba a 3 euros, porque la llaman de pueblo, y en mi desesperación he buscado esa oferta del super de tres en una bolsa, masa precocinada y congelada, con sus levaduras y almidones, azúcares y aditivos de siglas misteriosas, porque, me he consolado, sólo es pan. Después, no he querido pensar en lo que pondré entre medias, pero creo que cada rebanada bien untada de redes sociales me quita el hambre seguro, Marte puede esperar.
jueves, 5 de febrero de 2026
El negocio de la Guerra
Decía el hermano Gerardo, profesor de Lengua y Literatura, allá por la primera mitad de los años 80, cuando yo cursaba 2º de Bachillerato en La Salle de Córdoba, - que estuve allí dos cursos -, decía, digo, que de lo que más se había escrito como argumento de novelas era de la Guerra Civil. Y hacía mención a muchos autores y a muchos otros que entonces ya formaban parte del olvido, mientras contábamos los minutos para salir al patio a mover las piernas y los carrillos. Es evidente que ya era un fenómeno editorial, una excusa como otra cualquiera para vender libros. El Peo, o el Gas Noble, como le llamábamos, no tuvo ocasión de pisar el nuevo siglo, pero estoy convencido de que señalaría en sus clases, si aún viviese, el fenómeno recurrente al que asistimos. Temblando estoy a la vista de que en una década hará un siglo de aquel conflicto, y aún existe un empeño por escribir la versión definitiva de tan aciago acontecimiento. Por lo que deduzco que se nos seguirá castigando con puntualizaciones y revisiones, revanchas y victorias, memorias y desmemorias, todo esto se traduce en dinero y política, mucho de ambas cosas; el caso es seguir entretenidos, y que la guerra tape y no destape los agujeros del medio siglo de democracia que llevamos a cuestas.
miércoles, 4 de febrero de 2026
Córdoba de Baroja
Es recurrente en Baroja la mención o visita a Córdoba. La ciudad, también la provincia, se convierte en escenario del ir y venir de muchos de sus personajes. Unas veces están de paso y en otras ocasiones son vecinos. Demuestra lo bien que debía de conocerla, y pateado mucho. El escritor tiene calle, modesta, al otro lado de los jardines de la Victoria, próxima a la Delegación de Educación. Echo en falta una estatua suya, caminando, por la de la Feria, o cualquier otra que describe del casco antiguo, bien sea la Corredera, con su boina calada y gabán oscuro, serio, observando y escuchando conversaciones, poniendo atención en detalles nimios, recreando en su mente episodios de vida de una ciudad que lo ignora y reduce a la nada.
martes, 3 de febrero de 2026
El mito de las Misiones Pedagógicas
Las celebradas y mitificadas Misiones Pedagógicas fueron iniciativa de los republicanos liberales, partidarios de la redención del pueblo por la educación y la cultura, y no gozaron en su momento de la simpatía ni del reconocimiento de los partidos obreros. Para los comunistas, por ejemplo, las misiones eran “caridad burguesa”. Por eso, una vez que se inició la guerra y el comunismo cobró protagonismo, la figura del “misionero” fue sustituida por el “miliciano” cultural, dando protagonismo al trabajador, invitándole a manifestar su idiosincrasia o expresión popular. Sin embargo, era imposible desarrollar una nueva cultura desde cero y la realidad impuso la necesidad de aceptar las iniciativas anteriores, recuperando a aquellos intelectuales reformistas de la clase privilegiada o burguesa que la habían representado. Por el contrario, los anarquistas rechazaron esa política, argumentado que los “sabios”, aquellos “trabajadores de la cultura”, como los definió el comunismo, no pasaban a convertirse automáticamente en partidarios de la revolución por su erudición, y criticaban con dureza que muchos hubiesen sido evacuados de Madrid sin tener en cuenta su condición política e ideológica. (Que cada cual deduzca el ambiente de armonía que reinaba en el bando republicano). Como remate a este cuento conviene señalar que misiones pedagógicas se siguieron llevando a cabo durante el franquismo, de manos de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS. Grupos de autobuses y camiones recorrían la geografía española llevando educación a las zonas más deprimidas, (hay videos del NODO). Incluso el régimen que dinamitó la República se apropió de esa herramienta, probablemente porque muchos de los falangistas originales habían participado en aquellas.
lunes, 2 de febrero de 2026
Lubén el de inglés
Lubén Fernández era un profesor singular, por su estampa. Impartía inglés en el instituto. Vivía en el Figueroa, a pocos metros de la puerta de aquél. Era fácil distinguirlo por su aspecto, más adecuado a los 60 que a los 80, que era cuando tuve ocasión de conocerlo. Vestía pantalón corto, sandalias y camisas floreadas; no importaba la estación. Usaba unas gafas como las de Lennon. Estaba muy delgado, (tal vez practicase yoga), tenía una barba muy poblada, negra y rizada. El pelo se lo recogía en una coleta. Se le veía por el barrio tirando de un carrito de la compra. No era extraño que se detuviese a intercambiar unas palabras con el alumnado que encontraba a su paso, siempre muy sonriente, gesticulando, es posible que consciente de que las miradas se posaban en él, por su imagen. Ningún otro profesor rivalizaba con su popularidad. En sus clases se debatía mucho, siempre en ingles, como era menester, mejor o peor, pero bastaba para entenderse, siempre sobre temas que nos interesaban. Por eso era muy celebrado. El año que nos conocimos fue como consecuencia del periódico del instituto. Un grupo de alumnos nos reunimos para llevar adelante tan ardua tarea, y él se sumó a la iniciativa, no para dirigirnos sino para participar. Le hicimos una caricatura y el tío se partía de risa. Las reuniones eran muy divertidas e intensas, siempre nos animaba a la huelga por alguna causa que consideraba fundamental, y se nos hacía la boca agua, ya nos imaginábamos unos perseguidos por el sistema. Los del periódico, (unas fotocopias grapadas), éramos dados a rascar y poner el dedo en la llaga, como buena mosca cojonera. Los pocos números que salieron a la luz siempre estuvieron rodeados de alguna polémica, de esas de adolescentes, alumnos contra profesores, por normas o exámenes, dimes y diretes. Un día se presentó la directora a la reunión, que era en los recreos, y le cantó las cuarenta a Lubén, haciéndolo responsable de nuestras opiniones. El hombre se defendió como pudo, el caso es que realmente pintaba poco en nuestras decisiones, pero para la directiva no era así. Poco tiempo después nos comunicó que dejaba el periódico, porque no quería enfrentarse a sus compañeros. Aquella decisión nos dejó muy descolocados, porque siempre lo tuvimos en un pedestal. Empezamos a mirarlo de otra manera y ya no le hablábamos como a un colega. Entonces, a algunos de nosotros, los dibujantes, nos ofreció participar en otro fanzine que él sacaba, que se llamaba Friendship, artículos en inglés con ilustraciones. No tenía nada que ver con el instituto. El caso es que empezamos a colaborar en el proyecto, pero aquello no tenía la misma vidilla que el nuestro, además nos pedía demasiados dibujos para sus artículos que, todo hay que decirlo, no nos interesaban, nos sonaban a cosas muy lejanas. Al final se convirtió en un engorro. Empezamos a hacerle dibujos de cualquier manera, o a evitarlo. El aura que para nosotros había tenido, se fue disipando lentamente. Con el fin del curso se perdió la relación y al siguiente definitivamente. Por razones que desconozco, el amigo Lubén tuvo problemas personales, y es posible que sufriera alguna depresión. Pocas noticias tuve ya de su devenir. Sin embargo, es difícil olvidar su figura, los primeros días de conocerlo, que tantas cosas parecía ir a enseñarnos, incluso a cambiar el mundo.