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miércoles, 21 de enero de 2026

Vagabundo en la ventisca

Tengo tardes decimonónicas, por la adversidad del clima. Cubierto de gorra y tapado por grueso abrigo recorro solitario las calles, iluminadas por las alargadas y modernas farolas, que resultan pilares y arbotantes de una catedral imaginaria. El viento se lamenta y estrella en mi rostro alfileres de agua, y nubla mi vista. Las baldosas bailan al ritmo de mis pasos y escupen como basiliscos sobre mis pies. Los veloces vehículos se deslizan sobre el mar negro del asfalto y levantan olas de inmundicia con aliento a cadáver. Los árboles oscuros y desnudos agitan sus sarmentosas ramas como brazos de gigante, que pretende atraparme. Las estrellas juegan al escondite y la luna sonríe enigmática. Un gato pardo, como todos en el crepúsculo, irrumpe en la senda de mi camino. La muerte acecha, pero sueño que no me busca, que sólo es hora de espectros.


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