La política, en sus infinitas exposiciones, es irremediablemente conservadora. Incapaz de advertir los cambios, los reduce a la nomenclatura establecida, para intentar comprenderlos o anularlos. Pero la inteligencia es productiva. Las ideas no cesan porque las realidades cambian, y con ellas surgen nuevas perspectivas o desafíos, que aportarán nuevas soluciones a viejos problemas, y con sus respuestas propiciaran nuevos conflictos. El mundo cambia muy deprisa, el lenguaje está condenado a definirlo, porque sin este no existiría aquel. El Diablo estaba en todas partes, pero ya no es más que una pieza de arqueología.
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