Hallazgo reciente, y he de referirme a él, porque si no lo hiciese sería traición al redescubrimiento de la arquitectura antigua, por ser Vitrubio el faro que iluminó a los arquitectos del Renacimiento y dio pistas respecto al arte que estos desarrollaron después. Han sido los cimientos de la basílica de Fano, ciudad italiana, donde el afamado arquitecto romano construyó su obra definitiva, en tiempos de Augusto, que tantos soñaron e imaginaron y él describió en uno de sus tratados sobre la arquitectura. Esta edificación perdida en las arenas del tiempo y el devenir de la historia, resucita ahora tras una excavación y concienzudo estudio de sus restos. Eso sí, pese a todo, la basílica se seguirá prestando a la reedificación imaginaria, porque, aunque ya tenemos su base, no así el resto, sino por escrito, lo que permitirá aún alternativas e interpretaciones, que darán alas a los creadores y Leonardos que, con las lecciones del arquitecto romano, erijan nuevas edificaciones donde reine el orden y el equilibrio, o el lugar del ser humano en el cosmos.
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