Empiezo a sospechar que Uclés, joven de altas capacidades, en lugar de ser el Peter Pan de las letras, bien pudiera ser la Rosalía de Planeta. Acudió pasito a pasito, sin hacer mucho ruido, entrando como el agua por donde no se imaginaba una grieta, despertando la curiosidad y simpatía por su aspecto desaliñado, de bohemio pero limpio, vestido de pana y boina, con acordeón al hombro y acento del sur para hacer memoria. De su libro se sucedieron ediciones, y la lista de famosos que lo celebraban no cesaba de crecer. Luego salió de la chistera del Nadal, sin que nadie lo esperase, anunciando una novela a lo Zafón o Cortázar, donde no imperan las normas del espacio tiempo, quizás ni la hora de escribirlo. Y ahora, como buen adolescente, adopta una actitud pueril, hace un desplante público por redes y lo convierte en causa del pueblo, con miles de likes. Y es la suma lo que me hace sospechar, quiero decir despertar, que Peter Pan, o quien lo dirige, entiende de marketing, es decir de ventas, porque figurando de abanderado de los descamisados, que no conocieron ni la guerra ni la dictadura, recibe el respaldo incondicional de nuevos, futuros y posibles lectores, incluso de aquellos que no lean pero reciten el mantra. Y detrás de todo eso, temo, hay una máquina de hacer dinero, mucho dinero, por muchos años.
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