Venezuela se ha convertido en un protectorado, que es la solución decimonónica que las antiguas metrópolis usaban para construir imperios en África o Asia. Aquellas respetaban a las autoridades indígenas, con el respaldo o la amenaza del ejército, mientras extraían y se llevaban sus recursos naturales. Del mismo modo, las clases privilegiadas de aquellos territorios se refugiaban y educaban en París, Londres o Bruselas, donde disfrutaban del elevado nivel de vida con el que sus anfitriones les obsequiaban por su sumisión, y por vagas promesas de convertirse en reyes o sultanes en lugar de los oficiales. Quizás la novedad de este caso esté en que al emperador le trae sin cuidado la suerte de las élites locales, pues solo piensa en su propio beneficio.
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