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lunes, 10 de septiembre de 2018

Juicio al cadáver del papa Formoso.

El papa Formoso, (816-896), pasó a la historia porque una vez muerto fue juzgado y excomulgado públicamente. Nueve meses después de su fallecimiento, sus restos fueron exhumados para ser condenado en un concilio que se convocó expresamente para ello y fue conocido como el Concilio Cadavérico. Lo vistieron con los atributos del papado y le leyeron los cargos hallándolo culpable. A continuación anularon su elección como Papa, le despojaron de sus vestiduras y le arrancaron los dedos de la mano derecha con los que en vida impartía bendiciones. Pero lo más sorprendente es que volvió a ser juzgado al inicio del siglo X, y nuevamente condenado. Sus restos fueron arrojados al Tiber para que despareciese definitivamente, pero por alguna extraña razón, (la intervención de las redes de un pescador),terminaron en la basílica del Vaticano.




Jean-Paul Laurens, lo ilustró así.


jueves, 6 de septiembre de 2018

El perro con cara de perro.


Era un perro con cara de perro. Lo mirabas y veías a un perro. Por eso la gente no le tomaba cariño. Si se hubiese parecido a un pariente, un amigo, un vecino, la cosa hubiese sido distinta. Pero este animal no tuvo esa suerte. O igual sí, ¿quién sabe? Así no corrió el riesgo de que lo abandonasen después.


sábado, 18 de agosto de 2018

Dos rostros y un homicidio.


Una nueva incursión en la novela. Una historia sencilla que no te robará más tiempo del necesario.




domingo, 17 de junio de 2018

Quattrocento



Hasta Florencia vino el mago Pletón 
desde Constantinopla, que ya sufría el asedio del turco.
Cosme, el de los Medici, le acogió y le invitó a fundar una Academia como la que hubo en Atenas en tiempos de Platón, el discípulo de Sócrates.


domingo, 10 de junio de 2018

viernes, 25 de mayo de 2018

La defensa del altar de la Victoria y el origen de la edad de la penumbra.



El culto a diosa Diana, cazadora y virgen, contaba con numerosos seguidores en la antigüedad. Su importancia en la antigua Roma se manifiesta en múltiples obras artísticas del periodo.
La novela En defensa del altar de la Victoria arranca con un suceso: la destrucción de un santuario en un lugar de la península itálica por obra de una banda de monjes cristianos. No se trata de un hecho aislado sino algo que a mediados del siglo IV se va convirtiendo en un práctica habitual.
Mientras sucesos semejantes se producen en el resto del Imperio, un grupo de senadores encabezados por el prefecto Simmaco eleva una queja al joven emperador Valentiniano II con el propósito de recuperar los privilegios de los que gozaban los cultos paganos. Su principal objetivo es conseguir que la estatua de la diosa Victoria vuelva a presidir las reuniones del Senado como cuando en el pasado se juraba lealtad frente a su altar. Una tarea prácticamente imposible en un momento en el que los césares se han decantado por la nueva fe.