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jueves, 17 de marzo de 2011

Salvajes.



Contome el cario Eufemo que en cierta ocasión, viajando hacia Italia, los vientos llevaron al barco más allá de las Columnas de Hércules, por donde no se navega. Allí encontraron muchas islas, todas desiertas excepto una. Estaba habitada por hombres salvajes y le pusieron el nombre de Satírida por parecer sátiros. Eran de piel tostada y tenían cola como los caballos. Sin saber como, notaron la presencia en el navío de una esclava y se lanzaron al abordaje. Los marineros, presa del pánico, decidieron arrojarla por la borda. Los sátiros la llevaron a la costa y allí la ultrajaron, "no sólo por donde está fijado, sino también por el resto del cuerpo", dijo.

jueves, 3 de marzo de 2011

SCREENER.


Es una novela de mi amigo Bernardino Contreras Rodríguez, que me ha pedido la portada.

Para leerla: SCREENER.

lunes, 28 de febrero de 2011

Remedios salutíferos de los Médicis.


Amantes de las letras y las artes en general, los Médicis poseían un remedio efectivo para curar toda clase de enfermedades y al mismo recurrían cuando querían ganarse el favor de alguien.
Cuentan las crónicas que Alfonso el Magnánimo, rey de Aragón y Nápoles, soportaba unas malas fiebres. Llegole la noticia a Cósme de Médicis en Florencia, y, con afán de congraciarse con el monarca hispano, enviole el libro de Tito Livio "Desde la Fundación de la Ciudad", en una cuidada edición manuscrita de bellas ilustraciones.
Los médicos del rey desaconsejaron su lectura por si contenía algún veneno, pero Alfonso rechazó sus observaciones pues sostenía que el texto de Livio tenía un carácter divino y terapéutico, y nada malo podría haber en el mismo o provenir de él.
Sanó el rey y no abandonó jamás el libro, desde ese momento lo llevó a todas partes como talismán frente a las adversidades de Fortuna.

viernes, 25 de febrero de 2011

sábado, 19 de febrero de 2011

A la sombra de su pareja.



Mariano Pino alias Budy era el rey del swing en el garito más popular del barrio. Tenía tanta magia en los pies como aguijón las abejas. Nunca encontró un rival de su talla ni una chica a su altura. Un día descubrió que su mejor pareja era su propia sombra. Desde entonces taconea en las afueras, sobre la acera, al amparo de un buen muro, las noches de luna llena.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Apio Claudio.


Era Apio Claudio el cónsul mas odiado por la plebe de Roma. Su oposición constante a las reformas, su severidad en el ejército y su defensa a ultranza de los derechos de los patricios le granjearon numerosos enemigos.
Lo citaron los tribunos Marco Duilio y Gneo Sicio cuando cumplió su mandato para comparecer ante el pueblo. Ni los ruegos del Senado ni los gritos de la plebe amilanaron a Claudio. No se mostró suplicante ni suavizó su lenguaje. Conservó el gesto desafiante y el tono agresivo de su voz. Su entereza sorprendió a los tribunos y acalló al común, obligando a aplazar el proceso al día siguiente, y después a su prorroga indefinida.
Murió Apio Claudio antes de que llegase el día señalado para reiniciar el juicio. Un tribuno propuso que se le negase la oración fúnebre, pero la plebe, admirada por la virtud de su enemigo, se opuso a que fuese privado de tan solemne honor y acudió en masa al funeral para prestar tanta atención al elogio fúnebre como cuando los humillaba con sus discursos desde la tribuna.

domingo, 30 de enero de 2011

Sirenita.


Así no era la leyenda. Esto es una hipótesis de trabajo. Digamos que Ulises envió a sus hombres a Ítaca con el mensaje de que se iba a retrasar unos días. Y a bordo de una chalupa, se acercó a ver si las sirenas cantaban como los ángeles y tenían patas de buitre. Navega hasta los arrecifes y tropieza con una. Descubre entonces que es pariente de las pescadillas, que canta como las ballenas y que no es una devorahombres precisamente, sólo un poco gótica.
Menuda historia!

sábado, 29 de enero de 2011

Los hijos de Bruto.


Desterrado Tarquinio el soberbio, Bruto, apoyado por la plebe, instauró la República en Roma. El poder pasó a manos de dos cónsules, Bruto y Colatino, y al Senado.
Los partidarios del rey, descontentos con las reformas, prepararon una conspiración contra Bruto. En ella participaron los propios hijos del cónsul.
Se reunieron aquellos en la casa de Vitelio para tratar de los detalles de la sedición. Y un esclavo allí presente se decidió a denunciarles.
Detenidos los traidores, tocole en suerte al mismo Bruto juzgar y castigar a sus hijos. El veredicto fue culpables, la condena a muerte y la ejecución pública.
Los lictores los desnudaron y procedieron a azotarlos con varas, después a herirlos con hachas hasta su muerte. Los ojos del pueblo no contemplaban el suplicio sino el rostro del padre, donde los sentimientos luchaban contra el cargo que representaba. Bruto se mantuvo firme hasta que cesaron los lamentos y con toda dignidad recompensó, como era su obligación, al delator con dinero público, la libertad y la ciudadanía.