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jueves, 28 de marzo de 2024

Atípicos

Estaba en la calle Arquitecto Berges, justo donde hace esquina con la peatonal de Joaquina de Verd, el quiosco que captó mi atención una de las primeras veces que visité Jaén, porque estaba repleto de tebeos, pero de los interesantes. Por aquel entonces yo no sospechaba los años que me quedaban por delante para detenerme no una sino muchas veces frente a su escaparate. Lo regentaba un hombre que cojeaba de un pie, - debía tener alguna minusvalía -, pero que tenía mucha vista para los negocios. No recuerdo su nombre, tal vez Antonio. Andando el tiempo se mudaría a Granada, muy a pesar mío, es busca de nuevas perspectivas económicas que Jaén no le proporcionaba; pero eso fue años después. En la ciudad de la que hablo inició un atisbo de expansión. No sé qué tratos tuvo ni con quién, pero no tarde en verlo involucrado en un nuevo negocio de prensa y revistas que se abrió junto al hotel Condestable. La tienda en cuestión se llamaba Atípicos y como su nombre indica se salía de la norma de lo que en una ciudad de provincias podía uno encontrar en lo relativo a publicaciones. Allí, además de acceder a muchos comics y fanzines, tuve ocasión de conocer a Javier de Automatics, que era un grupo musical de Linares con mucha proyección en los años 90 y que no ha dejado de dar guerra desde entonces, aunque de forma intermitente. La verdad es que de música hablábamos poco, para mí era sólo el dependiente de la tienda, y lo hacíamos básicamente de cómics. Me enteré de que tocaba en Automatics por casualidad, porque lo reconocí en una foto de una revista musical, (ya no recuerdo en cual), que se repartía o vendía por los pubs de Jaén, vaya usted a saber. Por desgracia, la tienda terminó cerrando, como todo en esta vida, y a Javier le fui perdiendo la pista. La última vez que lo vi trabajaba en el cine Avenida, reconvertido en área recreativa, que también terminaron cerrando. Charlamos de la tienda con nostalgia y también del futuro, tenía ganas de hacer nuevas cosas y sueños.

Recuerdo que su socio, el tipo del que hablé al principio, el que se embarcó en la aventura de Atípicos con él y decidió buscarse la vida en Granada, siempre se quejó de que a Javier la música lo había apartado del negocio.

Todo este rollo viene a cuento de que sigo pasando con cierta frecuencia por donde estuvo aquel quiosco, y de él no queda más que el cimiento de hormigón, una base cuadrada de unos veinte centímetros de altura, de lo que sobre él hubo. Una especie de lapida moderna o testimonio de una era que se la llevará el olvido como las lluvias de primavera a las primeras flores, porque aquellas también lo fueron.


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