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lunes, 26 de octubre de 2026

La tricolor contra los mineros asturianos

La bandera que enarbolaba el ejército que sofocó la Revolución de Asturias en octubre del 34 fue la republicana, no la monárquica. Es decir que las tropas de Africa que derrotaron a los mineros seguían la bandera tricolor, que era la oficial entonces. Durante dos años la República fue de derechas, en parte, ojo, porque no se permitió a la CEDA formar gobierno sino en coalición con el partido Radical de Lerroux, pese a obtener mayoría en las urnas. Pero no era ese el tema, sino el que abre la entrada: frente a la bandera roja, se alzó la tricolor contra la clase obrera.


domingo, 25 de octubre de 2026

Macedonia de banderas y otros conjuros

Hay una indigestión de banderas en este país, me comentaba el otro día un viajero que visitaba el nuestro, y tuve que darle la razón, que hay cierto empacho y en unos años un posible hartazgo de aquellas. Estábamos frente a la fachada de un edificio público y ademas de la enseña nacional hondeaban la de la comunidad europea, la autonómica, la de la provincia, la de la ciudad, la LGTBIQ, y, como cerca había una protesta, la de la II República, la roja, la palestina, la de algunos sindicatos, partidos políticos, y versiones más o menos singulares de las oficiales de algunas regiones. En el lado opuesto de la calle se adivinaba la de san Andrés y la preconstitucional. En un puesto cercano, de cara al turismo, se veían además las de los equipos de futbol más populares y locales. Este abuso de insignias daba para reflexionar. No sé si en alguno que otro período histórico hubo tantas banderas como hoy. Es posible que en el medioevo, con tanto señor feudal en guerra y rebeldía hubiese otro festival de estandartes y banderines de todos los colores. Anoche me desperté con frío, y como no tenía a mano una manta tuve que improvisar una doblando la colcha. Entonces pensé en lo útil que podría ser una de esas banderas que vi en la calle para taparme del frío. Y creo que en el fondo se trata de eso, de un fetiche mágico como el de los cuentos de hadas, que te hace invisible y te protege de algún maleficio. Vivimos tiempos de magia y superstición, que llaman antifascismo, que no es más que otra palabra mágica. Abracadabra y se solucionan todos los problemas.

Esbozo de un profesor chiflado

Nunca hizo alusión a un escritor o recitó un poema en el aula. Sin embargo, cuando perdía los nervios nos aseguraba que, en realidad, él era profesor de Lengua y Literatura, y quedábamos perplejos. Nos daba clase de Matemáticas y Ciencias Naturales. A raíz de tales declaraciones algunos compañeros defendían una atrevida tesis, que el de Lengua era en realidad de Matemáticas, que habían trastocado sus horarios. Pero el de Lengua sí lo parecía, porque ordenaba leer, o mandaba redacciones, y era exigente con la ortografía. Por lo que tales opiniones fueron descartadas y tomadas por infundios, dictamen sin fundamento u ocioso comentario. También insistía en decirnos que no era maestro sino profesor, sutileza difícil para nuestras entendederas, y explicaba con detalle la confusión, que consideraba grave porque se trataba de un menosprecio, afirmaba. Se llamaba Prudencio, y en público se le añadía el don. Pero por los pasillos y en la calle, entre el alumnado, era conocido por Cencio.  A tal soflama no respondía o se hacía el sordo, y evitaba el choque. Nunca contó un chiste o invitó a que alguien lo hiciese. Sus explicaciones no fueron nunca entretenidas, sino que resultaban indiferentes. Si tenían algún atractivo era en lo que concierne a la puesta en escena, porque había algo teatral y cómico en sus exposiciones: la bata blanca de laboratorio como vestuario o el retroproyector con el que cargaba a todas partes, igual que el inventor de máquinas inútiles; pero recurría siempre a las mismas anécdotas, la del niño que entorpecía el tráfico porque no cruzaba la calle en línea recta, o la sorpresa que se llevarían aquellos que no creían en la vida eterna cuando llegase el postrero instante de rendir cuentas al Altísimo. Y cuando hacía referencia a este punto lo hacía con una extraña sonrisa de superioridad, con gesto de diablillo o duende, igual que si conociese al dedillo los castigos reservados a los imprudentes. Siempre presumía de aquellos alumnos suyos que en bachillerato sacaban brillantes notas, y lo achacaba a las enseñanzas que él hizo y sirvieron de sólido cimiento a sus progresos. En muchas ocasiones nos preguntábamos quienes habrían sido tales agraciados, porque no dábamos con uno. A Cencio se le veía por el patio caminando solo, con la vista gacha, puesta en el firme que pisaba, en animada conversación consigo mismo, gestualizando y verbalizando singulares polémicas que sólo a él concernían. Sus zapatos fueron definidos en el colegio como anteriores a la guerra con lanzas, y debían ser de cuero de calidad, o los cuidaba mucho, porque no lo vimos calzar otros. A veces nos acercábamos y le robábamos tiempo con preguntas absurdas, poniendo a prueba su paciencia, con salidas de tono e incoherencias. Él se las tomaba muy en serio e intentaba racionalizarlas. Pero el lenguaje que usaba para responder era anticuado y chocante, de robot, nos resultaba muy difícil averiguar por donde se le podía sacar de sus casillas. No sabía interpretar su rol de adulto, pese a que cumplía los cincuenta, y parecía más bien un niño grande con dificultades para hacerse entender entre sus semejantes, perdido en un laberinto confuso e infiito. En cierta ocasión, el claustro se declaró en huelga y él fue el único que no la respaldó; reclutó a algunos alumnos en la calle que no supieron negarse, para impartirles música, sin instrumentos, sólo leyendo el pentagrama. Y de este modo durante lo que duró la protesta los mantuvo distraídos por las tardes en el aula de Matemáticas. Y si bien es cierto que nadie le tenía mucho respeto, cuando despertaba su cólera convenía cerrar la boca porque era de una violencia extrema, irracional. Y muy vengativo, rencoroso, de una memoria privilegiada para con aquellos que señalaba como burladores. Aunque luego, se arrepentía y nos explicaba, que él no quería ser así, que no pretendía dar bocinazos en clase, ni tener que pegar a ningún alumno, sino dialogar y solucionar de forma pacífica los conflictos. Afirmaba entonces que no quería ser como el severo profesor de Lengua, en cuyas clases no se movía una mota de polvo.

Un día, desde la ventana del aula, los que estábamos pegados a ella, vimos a Cencio salir precipitadamente del colegio. Enderezó la calle abajo. Iba dando grandes zancadas, muy tieso, sin desviarse ni un ápice de su itinerario. Cortando el aire. Vestía una bufanda azul, chaqueta a cuadros color jade y un pantalón marrón ajustado. Llevaba las manos en los bolsillos y murmuraba algo, o quizás tarareaba una canción. Fue la última vez que tuvimos ocasión de verlo. Fueron muchas las preguntas sin respuesta que nos hicimos entonces y los días sucesivos. No hubo explicaciones por parte de la directiva, pronto fue sustituido por otra persona. Pronto se convirtió en un lejano recuerdo. Aprendimos poco con él, pero su impronta se hizo indeleble.

 

lunes, 19 de octubre de 2026

Estatuas muertas

Muchas esculturas de la antigüedad clásica, especialmente aquellas que representan rostros de dioses o diosas, tienen la nariz rota. En las postrimerías del paganismo la mayoría sufrieron esta mutilación. Parece ser que no es por casualidad, sino que obedeció a un propósito, una curiosa superstición. Se imaginaba que los genios o diablos que en ellas pudiesen habitar, al no poder respirar, morían definitivamente en su interior.


sábado, 17 de octubre de 2026

Lecciones de supervivencia

Cosas de Úbeda. Terminó la guerra y entraron los nacionales. El hijo del alcalde se casó con la sobrina del cura. Favor por favor. Así se acallaron las malas lenguas y aquel salvó el pellejo.


viernes, 16 de octubre de 2026

La muerte no es para tanto

Anoche soñé con una muerte muy chiquitita. Era una niña de unos 12 años, de largo pelo rubio, que vestía un traje blanco hasta los tobillos. Esta muy sonriente. Yo la miraba de lejos, con cautela. Alguien me sopló que era la muerte y a mí me hizo mucha gracia. Luego se metió en casa una señora con intención de engañarme, un asunto de un turbio negocio. Creo que el sueño venía a decirme que la muerte no es tan absoluta y la vida una pantomima.


jueves, 15 de octubre de 2026

La ratio y otros actores

Tras una vida en la enseñanza no dejo de darle vuelta a lo de la ratio, el número de alumnos/as en las aulas. No he tenido nunca grupos muy numerosos, pero incluso con muy pocos, en ocasiones, las clases han sido un infierno. En mi etapa de estudiante, la de la EGB, (que ya queda lejos), ya fuese en colegio público o privado, (que pasé por ambos), las aulas llegaban a contener 45 o 43 alumnos; y digo alumnos porque no eran grupos mixtos. Siempre me he preguntado como mis precursores daban clase y mantenían el orden. La segunda preguntan es sencilla, a base de palos y porque no había mucho sitio para moverse. Las bancadas tenían un pasillo central o ninguno, todos en piña; era muy difícil removerse. En lo que se refiere a atender, atendíamos, porque maestros y profesores, tenían la ventaja de que, como no existían pantallas, las pizarras tenían su magia y además, que la mayoría de ellos eran grandes personajes, muy teatrales en sus formas e indumentarias. También muy humanos en sus arrebatos de cólera y episodios distendidos. Creo que ahí estaba el éxito de su programa, y sus representaciones fueron las mejores. Fueron mis grandes maestros y yo el peor de sus discípulos.



martes, 13 de octubre de 2026

Los mejores sabores están en el recuerdo

Mi abuelo se levantaba y encendía la catalítica, que era una estufa de butano que circulaba por toda la casa. Ponía dos rebanadas de pan sobre la rejilla protectora. Y cuando estaban tostadas, restregaba un ajo sobre cada una y las regaba de aceite. Eran de sabor amargo, pero para paladear todo el día. Esos desayunos ya sólo se comen en el recuerdo.


domingo, 11 de octubre de 2026

El sol de la infancia

Sentado en el escalón que daba al patio, miraba a los caracoles que mi tía Pepa ponía a mi lado, para entretenerme. Los tomaba prestados del arriate próximo, escondidos bajo los hierbajos y la tierra húmeda. Los acomodaba entre mis pies. Al sol se calentaba su concha y poco a poco se aventuraban a salir, desperezando sus cuernos. Eran como un moco con antenas, que iniciaban la mudanza de su casa lejos de la solana. Así me tiraba los minutos, cuando parecían horas, viéndolos descender por las contrahuellas, dejando un sendero de gelatina brillante hasta donde alcanzaba la sombra. De fondo chistaba la olla, haciendo bailar el pito, que era la válvula. En el momento apropiado, mi tía también la acomodaba sobre el escalón, ya libre de caracoles, y la olla respiraba como ballena. Yo confundía el sonido con el de la sirena de la fábrica. Y ya sabía que mi tío no tardaría en aparecer, para fabricar quimeras en el aire con el humo del cigarrillo.


viernes, 9 de octubre de 2026

Maricarmen, mártir y santa

Maricarmen se ha ganado el derecho a ser la patrona de los desahuciados, y por extensión, también de inquilinos e hipotecados. Hemos asistido en directo y al detalle a su pasión y muerte. Luego el vía crucis. Multitudes a la luz de pantallas LCD u OLED peregrinan en silencio hasta su casa; (más pronto que tarde hasta el hospital donde falleció o su tumba). Se evocan sus palabras y hechos, lo muy buena que era. Proliferan imágenes de la mártir, se improvisan altares, se depositan velas y jaculatorias, agradecimientos, cánticos. Lo que tenemos delante es una expresión y materialización de la religiosidad popular, que ya parecía algo imposible en los tiempos que corren de IA y robots que juegan al pingpong. Su poder e influjo es el mismo de los mártires cristianos, que movilizaban masas en el crepúsculo del Imperio Romano. Circunstancia que nos parecía leyenda digna de mofa a juicio de Voltarie. Pues ahí está de nuevo. Maricarmen va a hacer el gran milagro de la vivienda. Pronto veremos llaveros con la efigie de Maricarmen, o calendarios con su retrato colgados en la cocina, o tazas. Habrá quien incluso juegue el número de Maricarmen esta Navidad o a los ciegos. He visto una foto de Maricarmen con una cruz al cuello, si el Papa no corre le roban la santa. Los nuevos evangelistas, esos de la TV y el tiktok, ya se frotan las manos con el negocio que se avecina. De entrada, una biografía, con fotos y entrevistas, anécdotas, testimonios, su mensaje. Después camisetas, gorras, muñequeras. Romerías. Maricarmen nunca abandonará su piso del Retiro, porque estará maldito, y será adecuado para casa-museo. Veremos su estatua en la calle, por suscripción popular, rodeada de cirios y claveles. Decía Epicuro: “nada en exceso”, pero a Epicuro ya lo denostaron los cristianos hace muchos siglos y este país no ha dejado de ser, en el fondo, muy católico, pese a los disfraces. Hay trabajo para los antropólogos.


jueves, 8 de octubre de 2026

Berta Singerman recitó poemas de Lorca en el Madrid del 51

En diciembre de 1951, la celebrada actriz argentina de origen ruso, Berta Singerman,  ofreció en el teatro Calderón de Madrid una serie de recitales poéticos. En el repertorio, poemas de los hermanos Machado y Federico García Lorca, entre otros.



Anuncio recogido del diario ABC, día 18/12/1951.

El don Juan de Torrente

Don Juan es esa de Torrente Ballester, gallego y falangista en su juventud, por supervivencia, cuentan sus biógrafos más incondicionales y lavanderos, que lo condenan a la novela social y llevaron a la tele, para obtener su perdón. Torrente fascina por su misterio y colaboración del Demonio, siempre presente, como Cojuelo u otro, que sale de una botella o lámpara, en sus escritos. Torrente es un Fausto que hace tratos con el Maligno mediante el uso del magnetofón, que graba ruidos misteriosos y él gustaba de escuchar después. Don Juan es el Demonio, viene a decirnos. La novela engancha, porque resulta chocante y provocadora. Hay mucho sexo, pero sugerido, de pornografía teológica o pajas mentales, no apto para teólogos e inquisidores. Don Juan fue un experimento fallido, que no gustó ni al público ni a los censores. El Diablo que gustó fue el de El rey pasmado, y más la película que el libro, por los los grandes actores que allí gesticulaban, que no por la enjundia del relato original. Hoy, de la mano de mi tocayo visito estos días los infiernos más profundos, de horizontes yermos y sombríos, como hiciera Dante con Virgilio, pero sin adoctrinamiento. Quizás el paraíso sea en realidad un desierto a la luz del crepúsculo que nunca se acaba, pero apetece recorrer. Es posible que conocer los senderos más estériles no nos haga más humanos, sino más libres, apartados de la plaza del mercado, donde reinan los cambistas y vendedores de promesas de latón.


miércoles, 7 de octubre de 2026

No hubo circuncisión del Profeta, que se sepa

No existe prueba alguna de que Mahoma estuviese circuncidado. Ni tampoco que recurrir a esta práctica sea preceptivo, pues no se menciona en sura alguna del Corán. Sino, por tanto, costumbre más antigua y ajena al mensaje del Profeta.


El PSOE es dinástico

Casi 30 años ha gobernado España el PSOE, sin sumar aquellos en autonomías, diputaciones y ayuntamientos. En decir, 30 años dentro de la legalidad constitucional de esa denostada monarquía parlamentaria que lo acoge y de la que participa. Debería ser definido como partido dinástico más que progresista, pese a su discurso. Si el sistema cae, con él lo harán los partidos que lo sustentaron durante 50 años de reparto de poder. Un cambio de sistema no podría estar protagonizado por los mismos agentes del anterior, estos, si aspiran a perpetuarse en las nuevas instituciones, tendrían que reinventarse. Cosa que, como ya sabemos, no es impropio de los políticos, sino lo habitual. Pero el proceso estaría inmerso en importantes ajustes y cesiones de privilegios, en beneficio de los nuevos protagonistas. Por eso es más que imposible que se mate a la gallina de los huevos de oro, diga lo que diga Aznar, a menos que ya se cuente con suficiente capital en el extranjero para hacerlo con holgura o que surja una alternativa realmente revolucionaria que desmantele todo el tinglado.


martes, 6 de octubre de 2026

Sin sombrero y otras leyendas

- ¿Qué sabes de Margarita? Me dijo Maruja que estaría en clase y no la veo.

- No te molestes en buscarla. Está posando para don Julio, ese putrefacto andaluz amante de las gitanas, las naranjas y los galgos.

Federico se mordió la lengua. Al amigo se lo perdonaba todo. Con disimulo guardó un sobre rodeado de una cinta violeta en el bolsillo de la chaqueta. Era una carta con unos versos.

Inesperadamente, Salvador dio un brochazo bermellón al enorme lienzo tras el que se escondía, emborronando el bosquejo de una Venus de Milo qué había mutilado de orejas. Después se recreó en repartir la pintura como si machacase algo con un almirez. El pincel quedó desmochado. Lo miró con atención y se lo arrojó al modelo, un viejo desvencijado que se apoyaba en la diosa de yeso adoptando una pose clásica, de dios Marte sumido en pensamiento de la infinitud. Recibió la lanzada sin esperarla y le quedó señalada una fea herida de pintura en el rostro

- Señor Salvador, haga el favor de abandonar el aula – rugió el profesor, surgido de la nada ante el inexplicable asalto.

El anciano Ares, sin inmutarse, hizo un gesto obsceno irguiendo el dedo corazón.

El joven lo ignoró. Se desembarazó del guardapolvo mugriento con el que se cubría y lo colgó en el caballete.

- Vámonos – murmuró a Federico -. Con suerte no tengo que volver hasta septiembre.

Salieron. Sus pisadas resonaron por la galería que daba al patio y bajo las bóvedas de la escalinata de acceso. Al fondo se oían voces de protesta. Abandonaron la academia y asomaron a la animada calle de Alcalá al tiempo que se ajustaban los sombreros.

En la misma puerta tropezaron con Ruano, y este y Salvador se contemplaron como en un espejo. Pero Federico ya tiraba de su amigo.

- Adiós, César. Salude a sus Mata-Haris que meriendan bocadillos de chorizo – escupió.

- Usted, Federico, solo conoce marineros que meriendan nardos – respondió el aludido.

En poco más quedaron las imprecaciones y los unos se separaron del otro.

- Madrid me asfixia, Federico. Es una ciudad llena de moscas – dijo y señalaba a los vagabundos y pedigüeños, bohemios y sablistas, de la Puerta del Sol -. Es necesario acomodar en esta plaza el cadáver de san Narciso, para que purifique el aire.

No muy lejos acudía Maruja, bajo un sombrero adornado de algas secas. No se evitaron, sino que fueron a encontrase.

- ¿Dónde vas Marujita, mujer, mitad ángel, mitad marisco?

- Vengo. De una de las verbenas de las que abundan en Madrid, en esos barrios cochambrosos que huelen a tenerías y churros. Me he subido a una avioneta de cartón y no he parado de hacer dibujos de todo lo que he visto, cabezudos, marineros, guardias y algún bigote como el de Quevedo. ¿Y vosotros?

- Expulsado. Expulsado al fin de esa caverna platónica que es la de San Fernando. Y he raptado a Federico como Zeus Olímpico a Ganímedes, del canto maldito de las sirenas.

- Yo solo buscaba a Margarita – balbuceó Federico, parco frente a lo expansivo de su melenudo compañero.

- Pues ahí la tienes, libre al fin del cruel Pigmalión que la retrata – señaló la Mallo.

La joven aludida se aproximaba a ellos, con una expresión de alivio y pisada firme. Vestía un pantalón de cazador y un sobrerito con pluma de faisán.

Federico llevó su mano al bolsillo, para tentar la carta destinada a la amada, comprobando que no la había perdido. Y mientras jugaba con el lazo violeta que la rodeaba, contemplaba a Margarita con cara de bobo, sumido en la zozobra de todo enamorado ante su objeto de deseo.

- ¿Qué escándalo has organizado esta vez? No sé si regañarte o darte las gracias. Don Julio ha interrumpido la sesión, alertado por el bedel. ¡Qué voces! Resonaban por todo el pasillo. Me ha despedido con urgencia. Me temo que no terminarás la carrera – denunció la joven al pintor.

- Mi carrera empieza ahora – exclamó Salvador, gesticulando como muñeco articulado de madera y cuerda.

Caminaron como una piña hasta la boca de metro de Sol. Algunos fulanos señalaban a Margarita, por su indumentaria y gritaban “ajo”, con aire despectivo.

- Cuanto cateto y cernícalo hay en esta villa – protestó Salvador, fulminando con la mirada a los agresores.

- ¡Ajo! ¡Ajo! – multiplicaban las bocas que acusaban a la travestida y compañía.

Federico señaló la boca del metropolitano para evitar el linchamiento.

- Jamás huir – reclamó el pintor, y en un acto de rebeldía se quitó el sombrero e invitó a sus amigos a seguirle en la iniciativa. Ellas no se lo pensaron, desafiando a los viandantes.

Entonces comenzaron a lloverles piedras, por lo que decidieron seguir el consejo de Federico y refugiarse en las profundidades. Una vez a salvo en la oscuridad, en breve conciliábulo, discutieron si regresar a tomar la plaza o un metro. Salvador proponía volver al ruedo como el torero contestatario. Federico le disuadió porque no eran cojines lo que llovían, sino adoquines. Por una vez se impuso la razón y el joven contestatario claudicó.

Al reiniciar su periplo, esta vez por las estrechas galerías abovedadas, recorridas por negras y vidriadas líneas sobre blancos e higiénicos azulejos, Federico vio la oportunidad de entregar la carta a Margarita. Pero por más que buceó en el bolsillo, no halló el sobre. Un dolor se acumuló en su pecho. En el tumulto, con las carreras, debió haberse perdido.

En la plaza del Sol, un literato de los que ejercían la bohemia lo recogió del suelo, con la esperanza de encontrar billetes. Al descubrir que eran sólo unos versos, y después de leerlos con atención, corrió a venderlos como suyos, para una publicación donde aún le fiaban, para hacerse con unas ricas tostadas, su dieta de todos los días.


 

 

 

 

viernes, 2 de octubre de 2026

La úlcera de Zunzunegui

Tiene Juan Antonio de Zunzunegui un libro con mucho tino que se ocupa con humor de la figura del indiano. En este caso de uno que regresa a su pueblo en Cantabria después de hacer fortuna en México, y se convierte en benefactor de sus vecinos. El acontecimiento provoca una sucesión de pintorescas situaciones. Le sale un competidor. La novela se titula La úlcera. Es un Premio Nacional de Literatura, del 48. Zunzunegui era vizcaíno y falangista redomado, aunque su blanqueada biografía lo ignore. Para Umbral era un referente. Un libro que pescas en las librerías de ocasión por dos euros, y en tapa dura.


jueves, 1 de octubre de 2026

Acampadas de ricos y para pobres

En este mundo contradictorio en el que vivimos, hay gente que acampa en una playa y monta con cuatro plásticos un mercadillo, personas emprendedoras con la esperanza puesta en saltar a un mundo repleto de oportunidades. Por otro lado, hay individuos e individuas que acampan en una plaza pública, bajo la etiqueta del Decatlón u otro, contra el ruin capitalismo que nos asfixia. Unos quieren salvarse y otros salvarnos a todos. El cartón piedra está bien para las pelis, la realidad es otra cosa.


Me siento oso mañoso, ¿o era madroño?

Siempre fui un seguidor del oso Yogui, por su corbata y sombrero, y su hambre de Carpanta. Y durante mi larga infancia, que aún se prolonga, lo he tenido como referente cuando he querido estar elegante en algún evento social de cierta importancia, para soplar unos canapés. De mis andanzas por la Puerta del Sol, en aquella etapa que vestía pantalón por las rodillas, buscaba con la mirada al oso mañoso que parecía querer subirse a un árbol. Este oso me ha parecido desde entonces más grato que el de la antigua casa de las fieras del Retiro, que vivía en una jaula, bajo el chorro de agua que le caía en la cabeza desde una herrumbrosa alcachofa. Hay dramas que uno no puede olvidar. Como el hecho de que ahora al del madroño lo conviertan en espantajo. ¿Por qué ese empeño en no respetar las obras de arte? Las religiones tienen a sus iconoclastas, las ideologías también, aunque se disfracen de Razón. Por cierto, que en el IES Las Fuentezuelas de Jaén, crecen varios madroños. Cuando tienen su fruto, cojo alguno, lo masco y me identifico aún más con Yogui.

sábado, 26 de septiembre de 2026

La mili era la FP más igualitaria

La mili era una FP forzosa y todos los hombres teníamos que graduarnos en tales materias un año, más o menos, después. Afortunadamente no se repetía. Aquel programa comprendía limpieza de letrinas, cocina, vehículos, tiro, carreras, imaginarias y refuerzos, maniobras, peluquería, fotocopias, sanidad y un largo etcétera. En teoría salías de allí más que listo para enfrentarte al mundo cruel que te esperaba. Luego podías comprobar que no, que más allá de los muros y las garitas no tenías asegurada ni cama, ni ropa, ni fajina. Pero la libertad no tiene precio.


Un alquiler de tiempos de Paco Franco

Me pregunto yo, porque me pasa como a Sócrates, que tengo un diablillo que me susurra al oído, y me tienta a decir cosas que sé que molestan, pero que no puedo remediar decir. Me pegunto, digo, que, en esto de la Maricarmen, que no es la de los muñecos, sino otra, digo, que si en lugar de ser Maricarmen fuese Paquita, (como dijo Bardem), por decir un nombre, y en lugar de tener un alquiler en el Madrid del Retiro, fuese, por poner el ejemplo, en la calle Calvache de Jaén, me pregunto: ¿hubiese venido la Ana Belén a cantarle? O, por ponerlo más difícil, si en vez de Paquita fuese Ramón, Ramón García, por ejemplo, un anciano despistado de esos que se olvida las zapatillas de paño en casa al salir y les roban la tele mientras, digo, ¿hubiese asomado siquiera la Carina recitarle unos de Lorca? Entiendo que son cuestiones difíciles. Es un no dormir. Y, otra cosa, ¿los alquileres se heredan? Tendría huevos que las deudas sí y los alquileres de tiempos de Franco no. Es por fastidiar un rato.