Muchas esculturas de la antigüedad clásica, especialmente aquellas que representan rostros de dioses o diosas, tienen la nariz rota. En las postrimerías del paganismo la mayoría sufrieron esta mutilación. Parece ser que no es por casualidad, sino que obedeció a un propósito, una curiosa superstición. Se imaginaba que los genios o diablos que en ellas pudiesen habitar, al no poder respirar, morían definitivamente en su interior.
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