De los domingos se echa en falta la visita a los quioscos de prensa, que hacíamos con mi padre. Estos eran lugares atiborrados de publicaciones variopintas, en una época en que todo estaba cambiando y muy deprisa. Esos establecimientos eran muy numerosos y se ubicaban en lugares estratégicos, no muy separados unos de otros. También encontrabas publicaciones en el interior de algunos bares, o camionetas aparcadas en una avenida. Se pasaba un rato muy bueno mirando los expositores con lo más reciente, y en la parte menos concurrida abundaban las portadas desvaídas por el sol, de cuando cantaba Marisol o del TBO. En los quioscos también se vendían golosinas y tabaco, creo recordar que podías echar la quiniela. En algunos incluso bollería. El punto final venía cuando se marchabas con un Mortadelo en las manos. Algunos listos se llevaban un Interviú con un ABC de gabardina.
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