Se viene confundiendo insulto con humor. Y son cosas distintas. La sátira ha quedado en escarnio. Se han perdido la ironía y el doble sentido, el juego de palabras y la paradoja, la reflexión y la interpretación. Necesitamos a la madre de Sócrates, que era partera, para entender el sinsentido. Nadie entiende de mayéutica. El insulto no precisa de sutilezas. Algunos se creen don Francisco de Quevedo, poco más o menos, pero en vez de escribir sobre el ojo del culo, se manchan los dedos de mierda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario