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viernes, 12 de junio de 2026

Las aventuras de los cinco

Las tardes de verano, cuando nace el crepúsculo, y la noche surge pausada, me acuerdo de los libros que a esas horas leía en mi primera juventud, que no eran otros que las aventuras de los cinco, los de Enid Blyton, en versión de la Editorial Juventud, antes de que los censurasen por lecturas más light, para niños progres. Me sentaba en el suelo a la luz de un farol y apoyado en unos ladrillos que señalaban la espalda, seguía con atención las peripecias de los primos y su perro, defendiéndome del ataque inesperado, pero constante, de los pequeños vampiros que llamamos mosquitos. La oscuridad, más allá del halo de luz, invitaba a perderse en las sombras e imaginar que por allí merodeaban los cinco, para unirse a ellos. En ocasiones, ruidos misteriosos que se escuchaban en la lejanía, más allá de la espesa alameda, me permitían hacer conjeturas sobre aventuras fascinantes, e invitaba a mi hermano y los amigos a indagar el origen del misterio, hasta que la madrugada nos invitaba a volver a casa, cansados, pero felices por lo soñado.

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