Empujones como el de la profe de Valencia sólo los había visto en los pasillos, escaleras o aulas, unas veces por accidente y otras por venganza, o hacer la gracia, que también los hay. De piedra me ha dejado el gorila de la porra. ¿Practica el rugby o es que salen así de cafres de la academia? En fin. Confío en que mis discípulos, aquellos que se decidieron por la seguridad de todos, no pierdan los papeles con tanta facilidad y recuerden mi paciencia cuando sostenía la pizarra con una tiza.
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