Asoma Lorca, de una tumba inexistente y vacía. Su cuerpo reposa en paz no se sabe dónde. Quizás la familia pueda contarlo y no quiera. Acertaron en ese sentido porque de lo contrario igual estaba danzando de nicho en nicho, como el cadáver de otros protagonistas de su época, que no terminan de ser enterrados definitivamente. Aprovecho para reivindicar el Federico moderno y no el casposo. Mejor la relación del jugador de rugby y la mecanógrafa que cualquier dramón de una Andalucía imaginaria y oscurantista, que tanto gusta y gustaba a los falangistas.
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