De Jesús Tíscar Jandra me encontré la otra noche un libro, buceando en el mar de la literatura olvidada. En uno de esos puestos que ponen en el mercadillo de la playa del Rincón de la Victoria, en Málaga, donde venden baratijas, camisetas, vestidos, cosméticos, imágenes de Buda y una negra te hace trenzas si tienes pelo y te armas de paciencia. Dentro de una caja y en compañía de otros aguardaba su ocasión para darse a conocer. Esta jaima era de una ONG que recoge libros marginados por sus propietarios y los pone a la venta para ayudar a no recuerdo quién, me explicaron. A este de la Poetisa, que fue un premio que ganó, (el del pornógrafo Felipe Trigo), lo rodeaban otros no menos dañinos de la familia real y famosos, algunos best seller, novela histórica, crímenes sin resolver, recetarios, autoayuda, cuadernillos de crucigramas y tebeos variados . Un tomo impoluto, como salido de imprenta, tapa dura y gabardina, y sin dedicatoria. En la solapa, un Jesús jovencillo con carita de tunante, que en las presentaciones del Setenta Veces Puta invitaba a tortilla de patatas del Carrefour. Esta era novela oscura, como de descansillo en escalera sin bombilla,(Jaén), pero con giros graciosos, situaciones pintorescas y personajes entrañables: un perro, una chica muy mona, unos poetas, un periódico local. No era como la de la Japonesa Calva o la de la Carcunda, pero pisa el mismo firme, el de la mala leche solidificada. Estuve por rescatarlo de las profundidades de la ignominia, movido por un arrebato de nostalgia, y arrojarlo sin pensar al estanque de las tortugas, galápagos, que allí mismo hay, como a otro Escirón, culpable de algún delito inconfesable. Pero por cinco euros no merecía la pena jugar a Teseo. Creo que volveré a leerlo, por darme el gustazo de quitarme veinte años de encima.
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