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viernes, 21 de agosto de 2026

Con Justo y Pastor

He tenido ocasión de visitar la cripta que en la magistral de Alcalá de Henares tienen dedicada a los niños mártires Justo y Pastor. Dos hermanos que en tiempos de la persecución de Diocleciano, s. III, decidieron presentarse ante el gobernador Daciano para dar testimonio de su fe, y sufrieron tortura y decapitación por no retractarse. Estos personajes estuvieron muy presentes en mi infancia, porque en libros y enciclopedias del colegio se recogía su leyenda, con dibujos de una gran intensidad por la violencia de los romanos malcarados y la sencillez y beatitud de los protagonistas. Figuras que se prestaban a ser copiadas en cuadernos y márgenes. No pude evitar la tentación de, al quedarme solo y pese a la reja que la cubre, plantar mi mano sobre la piedra donde cortaron la cabeza a ambos, con el vago deseo de experimentar una descarga de energía telúrica o algo por el estilo, sin éxito. No salí decepcionado, porque era lo esperado. Sin embargo, al alzar la vista, sobre uno de los pilares que sostienen el crucero, las imágenes de ambos parecían reírse de mi atrevimiento. Y entonces comprendí que para entrar en el cielo uno ha de volver a ser niño.

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