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viernes, 22 de mayo de 2026

Le llamaban Bambi

A Zapatero, si haces memoria histórica, lo llamaban Bambi. Es posible que gozase de algún parecido con el ciervito huérfano, pero, personalmente, siempre le vi guardar más semejanza con mister Bean, (confiesa que tú también). La cara de Zapatero era, y es, una sonrisa eterna, una incansable mueca, un ejercicio de prestidigitador, que, como el mago de la chistera, te lo conseguía todo por arte de magia, sin pestañear, incluso una crisis galopante. Zapatero empezó con aquello de "fuerza y valor", que había sacado de la película Gladiator, y te lo soltaba en un mitin, o presumía de leer a Borges, ese ultraconservador argentino; y con esos guiños y otros aleteos de cejas, encandiló a muchos jóvenes, y jóvenas, que lo veían prometedor y casamentero.
Estallaron bombas y se le iluminaron los ojillos. ¡Guerra no, si ya tenemos una en casa! Y aprovechando lo que la luz deslumbra se puso a la tarea de ganarla de una puta vez, pero por muchos años, sin prisas; y empezó a borrar la firma de Paco para dejar la suya, como si fuese la del Zorro: zas, zas, con apariencia de travesura de los mellizos Zipi y Zape. Aunque después lo llamaron ZP, que sonaba a detergente de bicarbonato y no a superhéroe como se pretendía. Pero lo realmente bueno vino al final del recodo, cuando las caprichosas urnas, ese mal de las democracias, lo enviaron fuera, con sus idas y venidas, viajes a citas importantes y reuniones con élites políticas. Mediaciones, liberaciones y otros ejercicios espirituales ahora llamados de diplomacia y antaño mascaradas. De este modo su cara se convirtió en una tan indispensable como la del monigote del Burger King en cualquier cumpleaños. Hay que reconocer que su carrera ha sido muy Borgiana, En este país nunca hemos andado faltos de figuras, esta monarquía parlamentaria está dando una lista interminable.


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