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miércoles, 22 de abril de 2026

No hay quien te libre del día del libro

Ningún libro se ha enterado de que mañana es su día. Pregunto a los que tengo por casa y ninguno contesta o se manifiesta al respecto. Ni si quiera la Biblia, la abra por donde la abra al azar. He pensado, en venganza por su silencio, organizarles una merendola en casa, con tarta y todo, para, con tal excusa, comérmela yo solito. A la larga todo libro se convierte en un ladrillo, algunos desde la primera página. Ahí se quedan a atrapar polvo, subidos a un estante y en compañía de las fotos de la comunión o la graduación. En la antigüedad, los libros tenían la gracia de la forma de un canuto, y te ahorraban el trabajo si querías hacerte un peta con alguna de sus páginas. Esto del día del libro es un invento para no librarte de comprar uno o regalar otros. Empieza a haber demasiados libros; sabemos por las cifras que muchos de los que se publican no se venden. Pero hay una tendencia, una insistencia, en dejar sin bosques el planeta. Algún poeta habrá que celebre los árboles de letra impresa, para sacarnos unos cuartos; yo empiezo a apostar por los que pierden las hojas en otoño y nos dan la alegría de nuevas en primavera, sin más ruido que el de los pájaros al cantar.


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