En la polémica, o comedia, entre Sabina y Almodóvar, me pronuncio a favor del ubetense, por varias razones. Una sentimental, por ser el cantante del pueblo de mis padres y conocer sus andanzas de jabato. Otra, porque le gustan los libros, y los atesora, que, aunque me parece una vanidad, reconozco su encanto. Luego están sus canciones, que siempre gusto de escuchar y tarareo incluso en la ducha. Y por último, la más poderosa: que el manchego ha terminado cayéndome gordo, porque hace tiempo que perdió la gracia y su cine se ha vuelto un muermo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario