Predator Badland es ese tipo de peli que te hubiese gustado ver en el cine de tu barrio, cuando podías hacer la colección de cromos o comprarte el cómic de Bruguera, en las primeras filas, motivado por los cartelones gigantes y las fotos que se ponían en la burbuja de la taquilla. Hay filmes que te trasladan a los buenos ratos que te proporcionó la vida cuando todas tus preocupaciones pasaban por reventarte unos granos frente al espejo, vestir una cazadora negra como la de Travolta o mirarle las piernas a la de Inglés, que estaba muy buena. Para mí esa es la magia del cine, hacerme volver a sentir sensaciones que me rejuvenecen, que me invitan a salir dando saltos cuando llega el final e imaginar que voy a luchar contra alguna criatura gigantesca en un planeta muy, muy lejano, sin salir de este.
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