Decía el hermano Gerardo, profesor de Lengua y Literatura, allá por la primera mitad de los años 80, cuando yo cursaba 2º de Bachillerato en La Salle de Córdoba, - que estuve allí dos cursos -, decía, digo, que de lo que más se había escrito como argumento de novelas era de la Guerra Civil. Y hacía mención a muchos autores y a muchos otros que entonces ya formaban parte del olvido, mientras contábamos los minutos para salir al patio a mover las piernas y los carrillos. Es evidente que ya era un fenómeno editorial, una excusa como otra cualquiera para vender libros. El Peo, o el Gas Noble, como le llamábamos, no tuvo ocasión de pisar el nuevo siglo, pero estoy convencido de que señalaría en sus clases, si aún viviese, el fenómeno recurrente al que asistimos. Temblando estoy a la vista de que en una década hará un siglo de aquel conflicto, y aún existe un empeño por escribir la versión definitiva de tan aciago acontecimiento. Por lo que deduzco que se nos seguirá castigando con puntualizaciones y revisiones, revanchas y victorias, memorias y desmemorias, todo esto se traduce en dinero y política, mucho de ambas cosas; el caso es seguir entretenidos, y que la guerra tape y no destape los agujeros del medio siglo de democracia que llevamos a cuestas.
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