En el mes de agosto del 36, Durruti determinó que era el momento de sanear las columnas anarcosindicalistas del frente de Teruel, porque entre la tropa proliferaban las enfermedades venéreas, y apartó a homosexuales y prostitutas del resto. Algunos sostienen que ordenó ametrallarlos antes de que subieran a los vagones de tren que los conducían a Barcelona. Otros, sin embargo, se limitan a decir que fueron recluidos en la capital catalana. El caso es que tras la muerte del líder anarquista en noviembre del mismo año, volvió a relajarse la disciplina en las proximidades de Zaragoza.
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