De la burra de Balaam, esa que habló al susodicho, hemos oído la leyenda en alguna ocasión o buscado en la Biblia, el 22 del Libro de los Números. Pero del camello que habló al Profeta no suele mentarse anécdota, al menos en occidente, y conviene contarla, por gusto, aunque no venga al caso, sino por la caló y el golpe de éste. Viajaba Mahoma por el desierto, capitaneando una caravana de su esposa Jádicha, en tiempos que se dedicaba a los negocios y usaba perfumes caros, y tras bordear unas dunas tropezaron con un camello salvaje. Contaron los testigos que el animal se avino hasta el protagonista, se arrodilló ante él y le lamió los pies. Y después, para asombro de los presentes, habló para proclamarlo Profeta. Este quedó confuso, y entonces bajaron dos ángeles del cielo a darle sombra con las alas, y el camello no dijo más, ni más se supo de él.
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