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viernes, 20 de marzo de 2026

La rosa de Manara

No puedo dejar de mencionar que la adaptación de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco, que ha hecho Milo Manara es, en mi opinión, extraordinaria. He conseguido con su lectura, - que he llevado a cabo en dos etapas, por hacerla el autor en dos entregas -, retrotraerme a la edad de 20 años, que es cuando debí leerla. Es decir, siendo muy joven.
Tuve ocasión, y creo que ya lo he contado más de una vez, de ver una adaptación del mismo libro por otro gran monstruo de la historieta, me refiero al maestro Alberto Breccia, en una exposición que se hizo en Córdoba de su obra, a finales de los 80. Sospecho que aquella versión no llegó a publicarse, o se utilizó para ilustrar alguna edición quien sabe si argentina o francesa. Como la muestra se llevó a cabo en los sótanos del alcázar de los reyes cristianos, sobre las paredes de los laberintos que allí conducen a unos baños u otras estancias, la impresión fue imperecedera, porque el escenario acompañaba perfectamente al ambiente misterioso y estremecedor que rodeaba a los asesinatos que se producían en orden apocalíptico en el interior del herético monasterio.
Pero ahora me he de referir a la perspectiva de Manara, que es correcta y fiel al original, con contadas licencias, y evocadora. No me canso de repasar sus imágenes, porque el texto es ya muy sabido, y disfrutar de un cómic como mucho tiempo no hacía.

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