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domingo, 15 de marzo de 2026

Moravia era una montaña rusa

Hay libros de segunda mano, en esas librerías de ocasión, impolutos, a dos euros, con todas las señales de que o no fueron leídos o sólo una vez, o estuvieron tratados con cariño y respeto por sus anteriores propietarios/lectores. Muchas veces me inclino, a la hora de juzgarlos, por la primera clase, porque son muchos los comprados y menos los leídos. De esta suerte, de un tiempo a esta parte disfruto de autores olvidados, pero de gran calidad literaria, apartados ya del circuito editorial, lejos del ruido mediático, la publicidad gratuita y el deseo de hacer del autor una vedette de las letras, que proporcione mucho dinero unos señores muy ricos que no leen. Así entre las última adquisiciones en el rastro de Remar, que no sólo ofrece muebles viejos y adornos ordinarios, sino también libros, me hice con uno de Moravia, Alberto, el italiano. De Moravia había leído dos inolvidables, el de Agostino y el de La romana; ahora he de referirme al de El conformista, que es una que pudiera calificarse de negra, por la novela que dicen de este color, que es tan entretenido como perturbador y escabroso, temas favoritos del autor que nos ocupa.
Misterioso, de espías, relaciones sexuales atípicas y otras inmundicias que remueven la conciencia y mueven a la reflexión, confusa. Y es que en muchas ocasiones lo bueno de la literatura es que te agite como en coctelera, y no sea excusa para señalar y tirar abajo imágenes de piedra, como monje del desierto a los pies de la de Serapis, sino hacer examen de conciencia para apartarte de la hipocresía y reírte de las nuevas generaciones de puritanos progres.

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