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jueves, 24 de abril de 2014

El teatro.



Padecía un mal, decían las gentes, el joven Demetrio. Se sentaba en el teatro, cuando éste estaba vacío, y lloraba, reía, aplaudía y gozaba como si estuviese viendo alguna representación.
Un día los magistrados decidieron curarle, llamaron a unos médicos y con palabras persuasivas éstos consiguieron convencerle de que cuanto veía eran solo imaginaciones suyas.
Desde entonces Demetrio se paseaba triste por la escena y echaba de menos sus funciones, aseguraba que como aquellas nunca había visto otras.


2 comentarios:

Belén Be dijo...

le cortaron las alas..

Eva dijo...

Esto me recuerda a cuando lees un libro y te lo imaginas todo, y luego ves la película y no encaja con tu proyección mental, qué chunguiii :P