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sábado, 27 de abril de 2013

Breves apuntes sobre la temática del mosaico de las cuatro estaciones de Cástulo.

No es nuevo en la Historia del Arte y la Arqueología que una pieza sea conocida desde el momento de su descubrimiento y para siempre por un asunto anecdótico o marginal.

El célebre mosaico de Cástulo parece apuntarse a esa costumbre.

El nombre por el que empieza a ser conocido responde a la presencia de unos rostros en cada una de las esquinas del rectángulo que forma el conjunto.




Son imágenes de jóvenes, idealizados, de expresión seria pero con ojos muy expresivos. No se podría asegurar a ciencia cierta si se trata de chicos o chicas. Poseen esa ambigüedad propia de la edad. Uno de estos rostros aparece vestido hasta el cuello, también encapuchado, el resto sólo se cubren un hombro.

Estos retratos se asemejan bastante a los del mosaico de los atletas y las máscaras, de Vienne, en Francia, que también aparecen en los vértices del rentángulo. Pero el tema de esta obra es o parece ser el de los atletas, los juegos, el teatro, quizás también los trabajos de Hércules por la figura que aparece en el octógono central.





Volviendo al mosaico que nos ocupa.

Acompañando a los vértices, aparecen unos semicírculos en los márgenes, dos en los lados más largos del rectángulo y uno en los más cortos. En esta ocasión aparecen representados amorcillos que dejando a un lado arco y carcaj, bien capturan a una liebre por las patas de atrás u ofrecen uvas a un pavo real o a una perdiz.

Hay otros motivos iconográficos en los espacios que hay entre los dos grandes círculos centrales y los semicírculos descritos. En ellos aparecen felinos como el tigre, el león, una pantera o leona y varios herbívoros como un ciervo, un jabalí y un caballo. Todos ellos a la carrera.

Existe en Túnez un mosaico llamado de Neptuno, por ser este el protagonista del círculo central, en cuyas esquinas aparecen unas figuras femeninas de cuerpo entero. En un vértice una desnuda y en el opuesto otra vestida. En las otras dos esquinas aparecen dos mujeres casi desnudas o casi vestidas. A los lados de cada una de estas figuras parecen animales salvajes como el león, la pantera y un jabalí, incluso un perro doméstico. Y también imágenes de campesinos realizando tareas agrícolas. También aparecen formas vegetales en torno a las firguras descritas. En este caso parece que sí hay una clara alusión al tema de las cuatro estaciones, pero lo que está claro es que no es principal. El protagonismo es del dios del mar.




(Otro mosaico también tunecino es el de Gaminedes. También aquí aparecen esas cuatro mujeres de cuerpo entero rodeando el círculo donde aparece el joven.)

Es posible que tanto el mosaico de Vienne como el de Cástulo hagan una alusión al asunto de las estaciones, de una manera esquematizada. Pero evidentemente es un asunto marginal. Como sucede también en los casos del de Neptuno o Gaminedes.

¿Cuál es en realidad el tema del mosaico de Cástulo?
Es complicado porque en principio no tenemos uno sino dos episodios mitológicos en el interior de dos círculos que se disputan el centro del suelo.
Por un lado tenemos el episodio de la manzana de la discordia. Paris, antes de ser reconocido como príncipe de Troya, no es más que un humilde pastor al que le toca elegir a la más bella de tres diosas, Hera, Atenea y Afrodita. En la viñeta recibe de manos de Hermes el premio que debe otorgar. Su decisión sellará el destino de la ciudad de Priamo, e incluso repercutirá en la fundación de Roma.
El otro círculo nos proporciona la historia del pastor Endimión siendo visitado mientras duerme por Selene, la Luna, que se ha enamorado de él. La diosa le hace el amor sin que se despierte. El de Endimión es un sueño eterno, petición de Selene a Zeus para que su amante nunca muera. De la relación nacieron 50 hijas.
También, en lugar de Selene, podría tratarse de la diosa Artemisa o Diana, hermana de Apolo, relacionada también con la Luna. Es posible que ambos mitos se confundan en uno en este caso. La presencia de animales salvajes y de arcos quizás se refieran a la diosa cazadora. Por otra parte, Diana está relacionada con los primitivos cultos sanguinarios del bosque de Nemi próximo a Roma, ¿quizás otra alusión al origen de la ciudad?

Tenemos por tanto dos episodios de la mitología donde el tema principal parece estar relacionado con la belleza y el amor, y todo lo que ello acarrea para bien o para mal.

Pero interpretemos también algunos de los episodios menores descritos con anterioridad.

Los amorcillos o cupidos que se ocupan con aves y liebres también podrían ayudarnos en esa interpretación. El amor y la caza, siempre tan anudados en los relatos de la antigüedad y las costumbres de algunos pueblos primitivos. Pensemos en el rapto como costumbre o ritual.

Sobre las aves que acompañan a Eros. La perdiz vista en la antigüedad como una criatura de naturaleza mudable, engañosa, como el amor. El pavo real, sin embargo, símbolo de la inmortalidad, lo eterno. El ofrecimiento de unas uvas a ambos debe de guardar alguna alusión a Dionisos, quizás al desenfreno y la pasión.

La liebre es un animal que tradicionalmente acompañaba a Hécate, diosa lunar afín a Artemis, y se relaciona con la procreación.

Por tanto. Interpreto que existe una clara alusión en esta pieza al Amor, al Amor sacro y al Amor profano. Al que viene de la razón y al que surge del instinto, al mundano y al divino.

Tal vez resulte esta una interpretación más propia del siglo XV, de un erudito del Renacimiento, pero estoy convencido de que el mosaico de Cástulo, por lo descrito, se refiere al Amor, y por tanto como tal debería denominarse.