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jueves, 9 de septiembre de 2010

Terry Jones, solo ante el peligro.

Terry Jones es uno de esos personajes de la América profunda que tanto nos gusta ver en las películas, armado de sus pistolas y la Biblia, pero de carne y hueso.
Este predicador protestante amenaza con quemar varios ejemplares del Corán públicamente el próximo 11 de septiembre, lo cual está armando bastante jaleo. Rápidamente han surgido voces de todo el espectro religioso y político condenando tal acto.
La verdad es que no sé a qué viene tanto escándalo. Los libros de carácter religioso se vienen quemando desde la antigüedad más remota. Era una práctica común entre los gobernantes del pasado cuando sometían a otra nación. Los romanos lo hacían, y más tarde cristianos y musulmanes también le tomaron gusto a eso del papel en llamas.
Quemar el Corán no es nada nuevo. En occidente fue práctica habitual durante los largos años del medievo e incluso en los albores de la Edad Moderna.
De todas formas lo que se quema es siempre una copia, copia de otra más antigua, de un original que se supone existió en un momento dado. Lo cierto es que el escrito original de Mahoma, si es que lo hubo, no se conserva. Hay mucha superstición en esto de defender un libro hasta la muerte que, por otra parte, era algo que ya hacían los judíos y sorprendía a los romanos. Al final la hipotética palabra de Dios se convierte en un fetiche.
Terry Jones es un fanático. También los hay cristianos. Lo raro es que hasta ahora no hubiesen asomado la cabeza con una formula tan medieval. Al final entre unos y otros nos van a demostrar que su Dios del amor disfruta con los combates de gladiadores. Y lo jodido es que el resto vamos a estar en la arena.